Durante los dos años de ausencia de Trueques del Delirio, la Corporación Mímesis, que es el corazón que aviva la llama del encuentro, buscaba, además, con ahínco, la forma de patrocinarlo con empresas privadas, públicas, de un lado a otro, con un proyecto que recogía la experiencia y la proyección.

trueques público

 

“Lo que viene del pueblo

tiene que ser devuelto al pueblo

Por: Andrés Felipe Yaya

A partir de 1818 Beethoven, el autor de la Novena sinfonía, se enfrentaba a una sordera, donde los aparatos acústicos de nada servían para escuchar sus composiciones. Fue necesario, entonces, llevar siempre en los bolsillos una libreta, donde sus amigos le escribían lo que tenían para decirle. Esto, de modo indirecto, retrata, como una conversación a solas, la escritura del mundo en nosotros. Las acciones, pertenecen al pasado o tienen, en sus manifestaciones, un rítmico valor que, como el pianista que añade un tempo propio, responden a una búsqueda que pretende acercarse al pueblo. Trueques del Delirio, desde luego, escribió a partir del 2012 en La Virginia una posibilidad de sueños compartidos, donde la palabra, con cierto impulso, retrató el retorno a un imaginario perdido, lejano, ahora recobrado. Dotado, pues, Trueques del Delirio de figuras quijotescas, poco a poco comenzó a llenar Los Fundadores, aquel parque volcado al olvido, de sombras que palpitan, algo fervorosas, por el caudal de letras livianas que salían de nosotros, de aquella soledad echada al viento los sábados de encuentros. Nació, pues, Trueques con la necesidad de un grupo de jóvenes, de crear lugares donde convergen, evidentemente, la palabra poética; el gesto oscuro de la obra teatral, la partitura escrita con suavidad de una canción, cuyo ritmo erguía la noche como una cañabrava, viva en sus extrañas, que está al vaivén de los ventarrones. Aquí, donde las calles se llenan de ceniza, de pronto, como una llovizna; donde el aire carga un olor a margaritas podridas; donde la vida tiene otros ritmos y otras realidades, nació Trueques del Deliro, alentando que el esplendor del arte nos pertenece.

trueques baileDurante un año, el último sábado de cada mes, Trueques del Delirio se tomó Los Fundadores con múltiples encuentros, creando formas de llegar al pueblo a través de homenajes al viento por el mes de agosto, cuando los guayacanes, desnudos y palpitantes, llenan las plazas con una alfombra amarilla; un homenaje a poetas malditos, donde los versos de Baudelaire, de Rimbaud, marcados de un realismo, reafirmaban el mundo. Se celebraba por esos días, con máscaras y músicas de repique apretado, el mes de la niñez, involucrando la infancia, aquellas otras voces, a encontrar en el arte un diálogo con la realidad.

Recuerdo, entonces, un homenaje a Jaime Garzón, que adornó el parque con una inmensa luz de conciencia, con faroles que reproducían frases de sus discursos y, sobre todo, el recuerdo de nuestra memoria histórica que, como el río Cauca, pasa invisible de tanta costumbre de verlo. En esos encuentros, Moncho, un carnicero del municipio, leía sus poemas a ratos; traía los rasgos de esa nostalgia para quien el mundo es rudimentario, pero que conserva, ante los días, el asombro limpio. Retrataba, pues, la necesidad de espacios con cierta atmósfera, cierto impulso, para el encuentro entre el arte y el pueblo. Trueques estableció, en muchos casos, la escritura del mundo, su expresión, su belleza, en una noche entre valses y palabras, cuyo propósito era revelarnos una ilimitada sensación de apego con lo nuestro, artísticamente concebida.

logo corporaciónDurante los dos años de ausencia de Trueques del Delirio, la Corporación Mímesis, que es el corazón que aviva la llama del encuentro, buscaba, además, con ahínco, la forma de patrocinarlo con empresas privadas, públicas, de un lado a otro, con un proyecto que recogía la experiencia y la proyección.

Quería, para el pueblo, recobrar a Trueques con todo su esplendor, porque aún hay una memoria que perdura y falta por construir, ahora, la sensibilidad por la cultura. Pues bien: después de dos años de silencio Trueques del Delirio retorna los sábados de agosto al parque Los Fundadores. Semejante, pues, aquella imagen de los primeros Trueques, donde un caminante, un loco, retorna de caminos amarillos, llevando en el alma el vals de un realidad inventada, cuyos vientos cargan un delirio tan cercano, tan distante pero que, como la música, está en nosotros.