José Antonio Gil Tijacá dice que los componentes físicos y químicos del carbón, un mineral que se extrae de adentro de la tierra –de donde además emanan gases– incidió en la descomposición de su brazo.

 

Por Orlando Salazar Zapata*

“El carbón es una roca negruzca formada por plantas que llevan muertas entre 1 y 400 millones de años, y que se extrae de las profundidades de la Tierra, aunque a veces puede aflorar en la misma superfície. Se trata de un producto fosilizado de la descomposición de los bosques tropicales que crecieron en condiciones pantanosas”, se lee en Ambientum, página especializada en medio ambiente.

A Gil Tijacá lo conocimos en Pereira en una de las válidas nacionales de la Copa de Ciclomontañismo, disputada en el hotel Santo Bambú, que según los mismos deportistas es quizá la mejor pista de ciclomontañismo del país.

Nació el 11 de junio de 1988 en Ubaté, Cundinamarca; es licenciado en educación física de la Universidad de Cundinamarca, en Fusagasugá, y se hizo ciclista hace 9 años.

Fotografía / Suministrada

El padre de Kevin Mateo, de un año de vida, y esposo de Mónica Andrea Pérez, es un ciclista de campo traviesa que pedalea sin su brazo derecho. José Antonio despierta miradas y comentarios positivos, y es muy común que quien lo vea pedalear lo vitoree espontáneamente.

Es imposible que su figura pase inadvertida en la competencia. La relación ciclista–bicicleta es una sincronía en la que interviene todo el cuerpo y todos los sentidos; la falta de un elemento hace su práctica más difícil, y si es la ausencia de un brazo –como es el caso de José Antonio–, se altera el equilibrio, se debilita la estabilidad, se dificulta la maniobrabilidad, se reduce la reacción y aumenta el grado de dificultad para frenar. La mente debe estar plenamente concentrada para lograr, al menos, el principio básico: el equilibrio.

Fotografía / Suministrada

La sociedad cada vez se adecúa a los requerimientos de las personas con discapacidad, incluyendo a quienes en esta condición se dedican a algún deporte. Los Juegos Olímpicos y los Juegos Deportivos Nacionales, entre otros, tienen su versión exclusiva para personas en condición de discapacidad: los llamados Juegos Paralímpicos.

En el ciclismo, Colombia fue protagonista en marzo pasado del Campeonato Mundial de pista paralímpico, en Apeldoorn, Holanda, con pedalistas –hombres y mujeres– a quienes les faltaba una pierna o estaban supeditados a una silla de ruedas.

En Pereira está “Mochise”, Róbinson Martínez, un mecánico y vendedor de bicicletas del barrio Cuba, a quien el remoquete no le pudo haber cuadrado mejor, porque combina la falta de su extremidad inferior con el apelativo de uno de los mejores ciclistas del país: Cochise.

A él le falta la pierna izquierda, producto de una gangrena originada en la mordedura de una serpiente, a los 5 años de edad; este turbeño es un rutero y pistero de 46 años, quien mueve a toda velocidad su bicicleta por efecto de la fuerza de su pierna derecha.

Fotografía / Orlando Salazar Zapata

También entrena niños

Desde el punto de vista de la física, no es lo mismo dominar una bicicleta cuando falta una extremidad inferior que una superior, sin dejar de aplaudir y admirar –ni más faltaba– a quienes en condiciones no convencionales se le miden, no solo a montarse, sino a competir en una bicicleta.

Y ese es el caso de José Antonio Gil Tijacá, que dejó perplejos y despertó total admiración entre los aficionados pereiranos y los mismos ciclomontañistas, al verlo superar los obstáculos propios de una pista de campo traviesa.

Sin su brazo, José Antonio ha tenido una vida ordinaria: colaboró y aún lo hace esporádicamente en los cultivos de papa y en la extracción del carbón; asistió a la escuela, al colegio y a la universidad, y ahora se dedica a orientar una escuela de ciclomontañismo en su natal Ubaté, con niños desde los 5 hasta los 13 años de edad.

“Todo nace en la Universidad”, dice, al explicar el momento en el que se dedica al ciclismo. “Uno de joven sale a disfrutar la vida, las fiestas, el licor… entonces un profesor me acercó al ciclismo”. Esa historia nació en Fusagasugá, la tierra del “Jardinerito Lucho Herrera”. “Lo vi de lejos, pero nunca nos cruzamos; lo que sí me siento orgulloso es entrenar por sitios como la Nariz del Diablo o Boquerón, en donde se formó este gran campeón del ciclismo”.

Fotografía / Suministrada

Un amigo del colegio le puso de apodo “Monchis”. Y es que “mocho” ya sonaba muy duro, dice José Antonio, con apuntes que relatan en blanco y negro su desemejanza con los demás.

También juega fútbol y microfútbol, me dice. ¿Pero no de arquero? –le pregunto, para seguir en el tono burlesco que él mismo asume frente a la ausencia de su brazo.

– A veces sí, pero lo hago por recocha, para apostar la gaseosita (risas).

Describir su imagen sobre la bicicleta es relativamente sencillo, pero verlo pedalear es un ejercicio mental, en el que el observador se va preguntando ¿y cómo lo hace?

¿Cómo hace José para afrontar rutas estrechas, pistas embarradas y lisas, terrenos quebrados, curvas pronunciadas, ascensos y descensos, sosteniendo solamente la bicicleta con una mano?

“Yo corro inteligentemente; no arriesgo físicamente; si me toca bajarme y llevar unos metros la bicicleta, lo hago. Hay cosas que no puedo hacer, como los vuelos (saltos prolongados en algunos sectores de la pista), entonces en ese caso tomo el atajo (alternativa que brinda el trazado de la pista)”

Técnicamente la bicicleta tiene una adaptación del freno, mientras que la palanca de cambios está al lado  izquierdo; de resto, es la misma máquina que montan los demás corredores.

Lógicamente ha tenido caídas; algunas muy normales y otras de riesgo, como cuando se fisuró la clavícula derecha, ya que solo vio las piedras que advertían de un carro varado sobre la vía justo cuando llegó a ellas, tras un veloz descenso. “Lo único que hice al caer fue poner la mano, y caí sobre ella”.

José Antonio participa en las válidas nacionales de ciclomontañismo, que ahora son organizadas en todo el país por el campeón máster pereirano Santiago Robledo Villegas, en su calidad de presidente de la Comisión Colombiana de Ciclomontañismo.

Así mismo, lidera la fundación “Funcycling”, que busca los recursos para que los jovencitos de su pueblo también puedan viajar a competir.

Fotografía / Suministrada

¡Usted es un verraco!

En Colombia el mejor ciclomontañista se llama Johnathan Botero, quien corrió y ganó con suficiencia en Pereira, en la categoría élite.

“Cuando él me sobrepasó en la pista de Pereira, siempre me decía palabras de ánimo: ¡muy bien campeón! ¡Usted es un verraco!”

No son para menos esas palabras. Sosteniendo, dominando y guardando el equilibrio de bicicleta con una sola mano, José Antonio pedaleó por senderos estrechos y resbaladizos; bajaba con precaución pero con la suficiente velocidad para que esta le permitiera coronar el ascenso, al que los ciclistas llegaban apenas con lo justo; pero ahí no terminaba todo. De inmediato había un giro casi de 90 grados que requería de habilidad y fuerza para superarlo y continuar con el trazado de la pista, que como es su esencia, está diseñada para “sacarle la leche” a quienes se le miden.

Hace unos años estuvo en Brasil como conferencista, en un congreso internacional sobre deporte adaptado, y allá explicó que “yo voy a las carreras por hacer sentir mal a los demás; les voy pidiendo pista, les demuestro que yo también soy capaz, y eso hace reflexionar a muchos corredores que ante el primer obstáculo se quejan”.

Un día que no tuvo clases, sus dos tías se lo llevaron a hacer mercado; salieron de la vereda Pueblo Viejo de Cucunubá hacia Ubaté, en un camión que cargaba carbón.

El vehículo se quedó sin frenos y el conductor atinó a recostarlo contra un barranco para que no tomara mucho impulso; el carro se volteó.

El roce con el pavimento y las latas de camión le cortaron el brazo a la altura del húmero, y aunque el pedazo quedó colgando y era susceptible de una operación, la gangrena, por efectos de los componentes físicos y químicos del carbón –según le dijeron los médicos–, provocó la descomposición de la extemidad y la consecuente amputación del brazo derecho, desde el manguito rotador. Tenía 7 años de edad.

*Comunicador social periodista. Especialista en gerencia de la comunicación corporativa