Novelista y poeta, el escritor pereirano Alan González Salazar (1987) ha sido merecedor de premios como el Aniversario Ciudad de Pereira, con su novela Anónimos (2012). Ha publicado en diferentes antologías  y en diversos portales digitales sus poemas. Su más reciente libro es Noche en tu silencio (2017) que recoge buena parte de su producción poética publicada en diferentes medios.

 

 

Diego Firmiano: Parece una frase de cajón, pero no lo es. ¿El poeta nace o se hace? y ¿cuáles son tus referentes poéticos en la ciudad?

Alan González: Las dos cosas. El arte se va cultivando. En las referencias poéticas de la ciudad está Luis Fernando Mejía, como uno de los grandes poetas sobre todo con el poema que le dedica a Pereira, “Cuando la ciudad me sobreviva”

 

Cuando la ciudad me sobreviva

para olvidarse de mi nombre;

la llamaré desde el fondo de la tierra

con mi voz de raíces.

Serán de tierra mis palabras.

 

Un poema de esos es un gran inicio. Cuando dio una entrevista hace poco dijo que siendo un adolescente escribió el poema en un ascenso por la Circunvalar en medio de un gran aguacero.

A través de esta referencia podemos ver que la poesía, como la ciudad, es joven e iniciática. Yo te decía en otro tiempo que un autor tan importante como Luis Fernando se vincula con ese asunto tan oscuro de la política y el narcotráfico, que le ha valido la desgracia póstuma. Porque Resurrección de los juguetes sigue siendo un libro capital en poesía, cuando hablamos de versos creados en la ciudad. Y mucho antes no descartaría también algunas líneas de Bernardo Arias Trujillo.

Después podríamos hablar de Eduardo López Jaramillo. Eduardo tiene una poética un poco difícil, que se conoce poco, aunque su obra está editada casi en totalidad. La editorial Arca Perdida publicó hace pocos años los ensayos Cuando escuches de grandes amores y Geovanny Gómez publicó la suma poética en un estudio que hizo. También se conoce por otras traducciones que hizo de Ezra Pound y de Constantin Cavafy.

Entonces Eduardo López sigue siendo un referente poético de gran importancia por su amor por García Lorca y la forma como divulgó su obra en la ciudad y los homenajes que le hizo, y los trabajos sobre el Marqués de Sade. También Yorlady Ruiz, con Diarios íntimos. Y se lamenta que se venga premiando cada año unas obras y que estas no hayan tenido trascendencia.

En las excepciones de la poesía en la ciudad están la obra de Giovanny Gómez, de un fuerte impacto comercial y editorial que intenta suplir el vacío estético. También hay unos poemas muy bien logrados de Carolina Hidalgo Echeverry. Ella es una de las poetas contemporáneas más significativas y que han de irradiar por muchos años.

D.F: Alan, entonces estás afirmando que la poesía es muy joven y los referentes son pocos. ¿Cómo entender entonces que haya un jurado calificado para premiar obras poéticas?

A.G: Me parece delicado que haya una poesía subsidiaria. Preocupa que el Estado haya logrado penetrar en las instancias poéticas y que la gente intente hacer una obra para un premio. Las obras no son para los premios. Los premios son estímulos a obras que merecen la imprenta y que deben ser publicadas, porque tienen un grado de sofisticación, un alto nivel estético.

D.F: ¿Entonces crees que con los premios no se están honrando los poetas, en el sentido que el dinero lo merecen los poetas con trayectoria y los concursos lo único que hacen es crear nuevos poetas?

A.G: Bueno, antes no lo hacían cada año. Antes variaba entre ensayo, poesía y cuento. Esta vez han dejado las categorías intactas, y han decidido no alternar las categorías de la convocatoria. Eso me parece sano, aunque debería ser más altos los montos económicos y cuidar mejor la edición. Este último premio del 2016, en todas las categorías, no tuvieron asesorías editoriales y eso se lamenta y se ve en la producción de los libros. La edición física denotó la mediocridad, quizá por desconocimiento. Lo que hizo el Instituto y ahora actual Secretaría de Cultura fue enviar esa obra a una imprenta, a una litografía y no una editorial especializada.

 

Promoción de una literatura

D.F: ¿Conocía la obra del poeta pereirano Aníbal Arcila? El poeta que resucitó de alguna manera el historiador Jaime Ochoa Ochoa.

A.G: Desconozco su obra. Sobre eso creo que se ha hecho una buena investigación y Jaime ha logrado una buena muestra de uno de los poetas que no sabíamos que existía. En esencia, necesitamos una crítica especializada, menos indiferencia de la academia ante la producción local, mejores ediciones de mayor proyección a nivel nacional. Nosotros tenemos el más alto índice de no lectores a nivel nacional. Punteamos como la ciudad que menos lee. Ahí un gravamen. El plan municipal de lectura y escritura no ha sido eficaz.

Me parece delicado que ni el Festival Internacional de Poesía le pague a los poetas locales que son la mitad de los invitados y que lleve 10 años y no alcance a costear una atención primaria a sus invitados. Porque otro festival de literatura de Pereira, como Felipe, que va en su tercera versión, sobresale en ese cuidado y en esa honra en los autores y a todos les pagan honorarios, publican el premio y dan dinero en efectivo para el ganador de cuento. El año pasado editaron más de 1.500 ejemplares de esa antología de cuentos donde están todos nuestros jóvenes. Eso demuestra que tienen un enfoque social diferente y la verdad hacen reflexionar sobre el quehacer literario.

El Festival Internacional de Poesía lo que hace es un turismo literario. Poetas de vitrina, de exhibición, sin que se generen talleres de formación para los jóvenes y niños. Es más del momento de espectáculo, y aunque vincule colegios y municipios no tiene aún la capacidad de costear económicamente el patrimonio de los autores, la organización.

D.F: Hablemos del espacio cultural denominado La Cuadra. ¿Cree que esta ha sido ecuánime con el arte poético en Pereira. O solo han dado luces a otras muestras de arte diferentes?

A.G: La Cuadra sí ha dado espacio para lanzamientos de libros y recitales. No es su énfasis. Es un proyecto piloto importante y debería haber más. La poesía necesita más recogimiento, otros espacios más idóneos para el quehacer poético y debería replicarse en otros espacios urbanos de la ciudad.

D.F: A propósito de la escritora Albalucía Ángel, que dio recientemente una entrevista al periódico El País de Cali. ¿Como poeta qué piensa de ella?

A.G: Pues en cierta medida tiene razón. Porque hay una suerte de ingratitud de la ciudad frente a su obra. Cada artista tiene la libertad de reñir con ciertos valores, ciertas injusticias y lo de ella es una lucha simbólica importante que nos hace recapacitar y pensar…

D.F: ¿Los críticos la trataron duro?

A.G: La familia. Es un asunto familiar.

D.F: ¿Tendrá algo que ver con el hecho que haya sido una de las pocas mujeres que ha escrito sobre la violencia en Colombia? Porque recuerdo que su obra fue muy valorada, por ejemplo, por Julio Cortázar y otros, y no por un contemporáneo de ella como Gabriel García Márquez.

A.G: Sin duda su obra merece más estudio. Cabe reflexionar si el mundo literario no se reduce a apellidos y a cierta elite que está muy vinculada al poder económico de la ciudad. En Pereira la mayoría de los empresarios han sido escritores. Ellos han podido editar su obra en otros lugares, como la novela Rosas de Francia, en Europa.

Pero también hay una literatura al margen, social, preocupada por la vida cotidiana de esta pequeña ciudad. Hay un grupo de autores jóvenes, Jaiber Ladino Guapacha, Diego Vélez Quiroz, Carolina Hidalgo, José Hoyos…

D.F: La literatura de las regiones de Risaralda es inexistente o al menos están al margen de los catálogos de referencia bibliográficos. Poetas y escritores tienen buenas propuestas, pero siempre opacados por los escritores capitalinos o no tuvieron las herramientas de publicación, como imprentas o editoriales. Pero hay gente muy buena de Santuario, Apía, La Virginia, Dosquebradas y otros municipios.

A.G:  Usted habla de Dosquebradas. José Licelder Cardona, Elvin y los soles, es un libro muy bello y ha sido poco valorado. Es estimulante como Octavio Escobar de Caldas gana el premio nacional de Literatura o como Alejandro Velázquez, de Santa Rosa, del sector rural, gana el segundo puesto del premio nacional de poesía La Tertulia de Gloria Luz Gutiérrez, Obra Inédita. Uno de los premios más importantes del país. Premios que se han quedado en la región, si se quiere ver así.

Eso demuestra que aquí se está produciendo mucho. Agreguemos el caso del escritor Rigoberto Gil, que su obra se está destacando en el panorama nacional. Así que el reflejo de estos autores y estos nombres es consecuencia de una progresión en la creatividad literaria.

D.F:  La novela El zar. El gran capo de Antonio Gallego Uribe. Hablemos de ella.

A.G:  Es una obra que debe ser estudiada. Es una novela que retrata el narcotráfico a nivel del Eje Cafetero. Una obra inconclusa, por la muerte prematura del autor. La editó el Fondo Mixto para la Cultura, dirigido en ese tiempo por Germán Ossa. Es una obra que está incrustada en un año importante, como lo es el año de 1995 y quizá es la obra iniciática en la literatura de los grandes capos. Me parece de muy alto nivel y merece atención de la academia y de los estudiosos, aunque se hizo una tesis de maestría en literatura titulada Pereira: imágenes de ciudad, y que, a propósito, ya está publicada en libro.

Difusión literaria

D.F: Tengo la impresión de que Germán López Velázquez se desencantó de la literatura y poesía de Pereira. No tanto por dejar de publicar la revista Mefisto, sino porque sus comentarios son muy mordaces sobre la carencia de calidad en la poesía y literatura en la región. ¿No lo siente usted así?

A.G: Depende qué se entiende por prestigio literario o influencia literaria. ¿Qué es la influencia literaria? ¿Son los grandes tirajes? ¿Son las reseñas críticas? Qué hace que una obra se destaque a nivel nacional o internacional. Ahora la pregunta se la formulan los críticos y lectores y especialistas en literatura, son oportunas y valiosas y solo ahora se pueden generar, como ¿qué estamos aportando nosotros al panorama literario nacional? y más que preguntas son reclamos y más que reclamos son iniciativas para emprender búsquedas estéticas, identidades con autores. Y esas mismas preguntas se van a ir respondiendo a medida que se vayan leyendas estas obras. Ese papel le corresponderá siempre al lector.

D.F:  En algunas universidades de Pereira se enseñan humanidades, pero hay otras que no admiten la parte humanística como el Sena y otras. Sin embargo, por lo general, no existe dentro del plan curricular de estas instituciones, una parte que permita mostrar el quehacer poético y que enseñe sobre el patrimonio literario de la región que nadie conoce.

A.G: En ese aspecto una empresa independiente como la Librería Roma ha sido pionera en brindar un escenario de diálogo de la literatura regional. Allí van varios historiadores destacados como Jaime Ochoa, poetas como Mauricio Peñaranda y otros. Es una tertulia que tiene resonancia nacional y ha sido escenario para muchos creativos de la ciudad.

Más que la universidad hay proyectos independientes que dignifican esta labor y que sirven de trampolín cultural. Los cafés como María Antonia Café, un lugar cultural por excelencia que ha servido como espacio para músicos, teatreros, poetas. El bar Armada 62, dirigido por el artista visual Juan Amarillo. El mismo Cine Club Borges ha generado espacios de promoción cultural y Comfamiliar Risaralda ha hecho lo suyo.

Han sido los jóvenes los encargados de reanimar estos escenarios de diálogos, lo cual me parece impresionante y afortunado. Ellos abanderan estos cambios estéticos.

D.F: En su tiempo, el médico Santiago Londoño patrocinaba artistas, escritores y poetas independientes con ayuda económica y otros asuntos. Un hombre polifacético en el ámbito cultura de la ciudad. ¿Esos mecenas ya no existen?

A.G:  Existen las convocatorias públicas que ejercen una suerte de mecenazgo para autores y artistas. Muchos han ganado esas convocatorias. Yo soy un ejemplo.  Los proyectos públicos de lectura y escritura merecen más vigilancia. No solo es poner paradores de libros en mal estado y con personas no idóneas para atender un público lector, además de muy poca bibliografía. Eso es un gasto que hay que ponerle lupa porque parece que no cumple su objetivo.

Hay muchos programas literarios improvisados de parte de la biblioteca pública Ramon Correa Mejía. Eventos de un día para otro. Se necesita más cuidado, porque si son programas institucionales, hay que hacerlos bien porque esta falencia agrava el malestar cultural.

 

Sobre su creación

D.F: Alan, hablemos de su última obra, el poemario Noche en tu silencio. ¿Por qué lanzó el libro sin tanta publicidad?

A.G: Como decía, no se escriben obras para premios, sino que se escriben porque se hacen necesarias. Porque hay un hábito, porque ellas mismas cumplen ciclos. Yo había editado una serie de poemas en revistas y periódicos y decidí compilarlo en un libro. 27 poemas que realicé de forma independiente, editados en 1.000 ejemplares para acercarme más a los jóvenes de las instituciones educativas de la ciudad. Para que el libro tenga más lectores en los espacios donde se me invita. En la Universidad Libre el año pasado di un taller de escritura y he liderado diferentes proyectos culturales para empresas dedicadas al arte en la ciudad. Paradigma, librería Roma y la biblioteca Ramón Correa Mejía, las he asesorado en proyectos culturales.

Entonces era necesario editar ese libro y capitalizarlo en una muestra popular, un libro de bolsillo que pudiera moverse con facilidad y que no estuviera supeditado al juicio de un jurado de la ciudad. 

Estas producciones son ejercicios simbólicos del espíritu, porque en última instancia son producidos para el otro. Porque concibo el poema como un principio erótico que parte del darse del uno al otro con sensualidad, con misticismo, con el poder de la seducción. La poesía para mí es un principio seductor, romántico.

D.F: ¿Qué tipo de poeta se considera?

A.G: A los poetas los clasifican sus lectores. Ellos pueden definir qué tipo de poeta es uno.

D.F: ¿Pero no será eso muy subjetivo? Porque la poesía de Jorge Luis Borges era filosófica; la de Charles Bukowski, poesía underground; por ejemplo.

A.G: Aunque parece muy apresurado una definición porque hay que dejar que el tiempo decante y los lectores definan, la autodefinición está cegada por cierto narcisismo. Eso es una grosería. Podría decir que sí tengo una exploración y una exigencia en el lenguaje. Si existiera una definición esta sería la de una poesía fenomenológica. Que trata de fugarse del yo hacia el otro y hacia los otros. Eso son los temas propios de la filosofía e igual que Borges, es la vuelta de la poesía a los elementos eternos. Aunque también se revela el fondo de angustia, de eso que no queremos hablar abiertamente. La poesía es la materia propia del sueño.

D.F: ¿Has tenido críticos de tu obra?

A.G: La novela Anónimos y mi poesía han sabido defender muy bien porque esperan que el lector también cumpla su papel de artista. Que el público sea hermeneuta, que goce e interprete. Porque tengo la fortuna de tener muy buenos lectores.  Mi poemario Noche en tu silencio ha dejado 200 ejemplares en la ciudad. Falta ver cómo se puede mover más porque es un libro independiente. Pero Anónimos ha merecido ensayos de Susana Henao Montoya, Gustavo Colorado Grisales, Juan Guillermo Álvarez, Cecilia Caicedo de Jurado.

Y el último ensayo sobre la obra es un estudio de Samuel Baena, muy juicioso, para el Boletín bibliográfico y cultural del Banco de la República. Donde él resalta que la obra está bien escrita. En ese ensayo, Habitando la incertidumbre, celebra que formas contemporáneas de narración se estén ejecutando en lugares como Pereira. Y que la ciudad sirva de excusa para narrar hechos humanos enraizados en la experiencia.

D.F: ¿Cómo visualiza la movida poética en Pereira para algunos años?

A.G: Debe haber más crítica en los presupuestos e inversiones públicas a la cultura. El actual alcalde Juan Pablo Gallo contradice directamente a Hegel, quien creía en el progreso de la historia. La cultura aquí pudo caer en desgracia, degradarse. Se ha demostrado que ha errado al cambiar el Instituto en Secretaría dependiente de la alcaldía. Hay más burocracia y lo que va corrido de este año 2017 no se han usado los escenarios públicos como el Lucy Tejada o el Santiago Londoño, y los auditorios están inutilizados. En comparación con años anteriores jamás se había visto una parálisis de este tipo. Se excusan en asuntos administrativos, pero no es una excusa válida.

 

Cambios que causan daño

D.F: ¿Y no cree que ese cambio de Instituto a Secretaría de Cultura y los dineros de inversión, depende de la gente misma, es decir, del conglomerado artístico interesado?

A.G:  Entró en crisis la emisora Remigio Antonio Cañarte. No se ha hecho la biblioteca departamental que por decreto ya se había aprobado. Eso es una deuda de años. No hay archivos ni bibliográficos ni históricos.

D.F: ¿Y lo que tiene el historiador Jaime Ochoa?

A.G:  Sí, ya se hizo una buena relación con Comfamiliar y la gobernación y va a surgir la sala “Risaralda” que realmente es una deuda con el departamento. Diego, una cosa es el discurso del político y otro, es la realidad inmediata. Lo que sabemos es que la administración de la biblioteca no ha sido la mejor.  En comparación al orden y el manejo del archivo bibliográfico que tiene la biblioteca del Banco de la Republica. No hay comparación siquiera. Los libros de la biblioteca pública están mal clasificados. Sin mantenimiento. Los computadores son inservibles. Ni siquiera reciben donaciones porque se encartan con el trámite. Es muy contradictorio. Aunque Carolina Toro (la actual directora) hace su trabajo, pero hay que buscar más apoyo presupuestal.

D.F:  Qué implicaría tener una biblioteca departamental, ¿más plata o más colaboración de escritores, poetas, bibliógrafos y artistas?

A.G: Eso es un dolor de cabeza para los políticos porque implica más dinero para contratar funcionarios, adecuarla en una sala que garantice que cada libro que se deposite allí va a tener una duración mínima de 500 años en su cuidado. Aparte de una buena catalogación bibliográfica, tipográfica, de reseñas. Porque no son solo libros, sino revistas, videos, reservas, formato audiovisual.

D.F: Yo no veo que la ciudad esté decayendo de un auge literario que nunca tuvo, sino que está levantándose con los nuevos aportes culturales de mitad de siglo pasada para acá. El asunto es zanjar las viejas rencillas o el concepto que tiene Caldas de que Pereira es una ciudad comercial.

A.G: Pereira no tiene otra forma de vida sino la de las remesas. Esta ciudad no produce trabajo. El desempleo puntea en las estadísticas al igual que el suicidio y la migración. Aun así, Pereira sigue siendo una ciudad virgen culturalmente, que entusiasma explorarla. Aún nos queda por escribir el capítulo “Pereira”.