ENTREVISTA / DIGRESIONES SOBRE LOS TORNEOS SIMBÓLICOS (2)

Segunda parte de la entrevista al escritor y artista plástico quindiano, Omar García Ramírez, alrededor de los concursos y convocatorias regionales en el campo de la cultura. Vea la primera parte aquí.

 

Escribe / Merardo Aristizábal – Ilustra / Stella Maris

 

Merardo Aristizábal / Volvamos a los premios, Omar. Si como tú lo dices, estos presupuestos están dirigidos a premiar a unos jugadores, y es un campo de lucha ya normatizado por estas estructuras: ¿Qué se puede hacer allí? No es mucho, a mi entender. Estos actores hegemónicos son los que desde hace décadas están manejando los hilos. ¿Entonces, para qué participar? ¿Un acto estéril acaso?

Omar García Ramírez / Que estos premios entren en el campo de los manejos opacos de la pandemia bajo el control de las burocracias naranjas, requiere de una aproximación crítica y también de veeduría ciudadana. Son dos factores a tener en cuenta en el debate en el campo de poder simbólico, y también exigencias en el campo del derecho ciudadano, para el control y veeduría al aparato burocrático.

En el campo simbólico se entra a los torneos y a la lucha no para ganar, sino para golpear. Hay que saber encajar los golpes merecidos. Pero ellos: Estructura, actores hegemónicos a sueldo, gente del tinglado, el funcionarato del sistema, también se exponen. De eso se trata esto, estimado Merardo. Te dan como a bacalao en Semana Santa, pero ellos también reciben su paliza. De lo contrario, esto no tendría razón de ser. Ellos se quieren erigir en sacerdotes. Tú, por ejemplo, te has declarado brujo yhechicero cimarrón.

Siguiendo la estela de Bourdieu, son dos poderes: el de ellos va y viene con los movimientos de la politiquería, con el tiempo se debilita; aunque sé de algunos que llevan tiempo medrando a la sombra del cacique de turno, en la forma de asistencias y a veces como consejeros y contratistas de carrera. Son como ladillas en los cojones del burro, como rémoras en el buque oxidado de los presupuestos.

Volviendo a los poderes enfrentados, hay contrapoderes simbólicos que se afirman entre la manigua de la resistencia. El de algunos outsiders es un poder que debe ser resiliente y de alta graduación vegetal. Crece y se hace fuerte en esa contienda, ya que se afirma en su libertad. Sin censura, sin amo y sin bandera, puede expresar lo que tiene que decir, a tiempo y sonriendo, como lo diría el cantautor cubano. También de eso se trata: de la magia y del sincretismo, de energías que fluyen y de energías que chocan. Y de la regla palomonte mayombe.

Si se participa en esos torneos simbólicos, lo mínimo que puede expresarse y definirse son reglas claras:

      1. Que los participantes puedan saber que sus obras llegaron a los jurados.
      2. Que los jurados puedan escribir un par de líneas sobre las obras que leyeron y dar una opinión positiva o negativa sobre ellas.
      3. Y… ¿por qué no? Arriesgar alguna sugerencia.

Esto no es entrar en el campo de las declaraciones reivindicativas, al contrario, se trata de hacer claridad sobre las opciones que se tienen al poner a disposición de ciertos funcionarios, horas, días, meses y años de trabajo dispendioso. Una novela, un poemario, una ópera dramática, no se hacen en un rato de inspiración. Y digo esto, también, de cara a la estructura, para aclarar las cosas con algunos de los que, seguramente, se sentirán aludidos. No lo digo sottovoce*. Lo digo alto y claro, para aquellos que también participan de algunos eventos, que ven las anomalías endémicas a estos y que, por ahora, callan.

El que los autores jóvenes, no tan jóvenes y viejos, deseen participar, ya sea por unos cobres, una medalla de reconocimiento, el acercamiento a una opinión crítica sobre su obra, jugar a la ruleta con un número que puede, en determinado momento, ser más fuerte que el de otros que a lo mejor no pudieron participar o, sencillamente, para medirse en justas con otros autores, no creo que deba ser censurable. Todos, en algún momento, sabremos que esos resultados ya no importarán y que solo fueron torneos que hacían parte de la escena. Se gana y se pierde. Pero cuando se participa en un torneo, debes exigir que las reglas sean claras. De lo contrario, estás actuando inocentemente. Bailando como cordero entre depredadores.

Imagen / Daria Głodowska en Pixabay

M. A. / Hablemos ahora de los actores en este escenario de los torneos simbólicos. ¿Quiénes son? ¿Cómo actúan? ¿A qué se enfrentan y qué buscan ganar o perpetuar?

O. G. R. / Hay de todo: La mayoría de estos torneos se alimentan de todas las vertientes, desde aquellos que habitan la franja que Gregory Sholette llamó The Dark Matter (materia oscura del arte), pasando por pintores domingueros, escritores aficionados de fin de semana, escritores en contienda con vocación de resistencia, hasta académicos que, en su año sabático, se arriesgan en la balanza de la fortuna. Unos y otros conforman el amplio espectro que mantiene la corriente del río fluyendo. También podemos analizar estas justas a la luz del campo simbólico de un Pierre Bourdieu.

Están quienes se someten a las ordalías, y están quienes dentro de la estructura operan con sutileza los mecanismos para los favoritismos, dispensando beneficios en torno a los presupuestos. Las burocracias naranjas que operan bajo la inspiración del gran vergajo, es decir, el gran porcino.

Sabemos que, en Colombia, el desplazamiento de las estructuras políticas hacia el campo de la cultura se ha orientado desde hace décadas a la captura de los puestos claves y los presupuestos, pero no se quedan allí.

Diseñan los lineamientos hacia una cultura que sea amoldada a sus proyectos. De tal manera que hacen carrera personajes que se creen herederos de alguna tradición académica (no los más brillantes, ni los más creativos, por supuesto). Encuentran su vocación y nicho, multiplican estructuras cerradas y opacas que procuran ganar peso dentro del aparataje, (ellos mismos ganan peso. Su grasa corporal los delata). No ya dentro de los campos de poder simbólico, sino dentro de los campos de poder burocrático.

Una novela, un poemario, una ópera dramática, no se hacen en un rato de inspiración. Omar García Ramírez, escritor y artista quindiano.

Hacen méritos para convertirse en sensores. Su habitus no es el de los modales inherentes a la cultura de la academia, sino a aquellos que son más caros y apreciados por las estructuras politiqueras. Heredan de otros funcionarios la brillante capacidad cleptocrática y el afán de sobresalir en los directorios que se encargan de montar los tinglados para tales fines.

Estos sujetos no quieren hacer carrera de meritocracia, quieren hacer una labor de estructura de poder para la exacción. Además de conformar estas estructuras de favoritismos, terminan protegiendo su accionar premiando a los obsecuentes y a los recomendados. Son, en última instancia, las oficinas de diseño y censura.  Crean las reglas y los lineamientos estéticos de lo que vale y lo que no se puede publicar o mostrar. De cierta manera, son los que definen el buen gusto del que hablara Bourdieu; en este caso, el pésimo gusto del mainstream. Lo defienden como cancerberos de élite y lo imponen como pequeños feudales, abatiendo presas de diverso pelaje en el coto de caza de los talentos.

En ese campo, se da el fenómeno de los artistas que juegan dentro de la normatividad, existen los sujetos que están dispuestos a aceptar esas directrices y a inclinarse para recibir el espaldarazo oficial que los convierte en escritores de la corte. Antes, heredaban los favores tutoriales de la academia y, ahora, reciben los favores de la estructura.

Por tal motivo, vemos a talentosos poetas censurar sus plumas y guardar distancias saludables frente a los favoritismos de las burocracias naranjas, al igual que vemos escritores de columna y opinión hacer campaña para elegir a determinados comisarios.

 

M. A. / El artista dispone de herramientas críticas y de herramientas de derecho ciudadano para enfrentar a los cooptados, a los entronizados en estos puestos burocráticos en donde se impone una forma de ver las cosas, que, a mi parecer, es la forma estética del plan de los políticos.

Sin ir a los fundamentalismos, hace poco pasé una propuesta para un monólogo con base en algunas obras de Shakespeare. Un funcionario regional me dijo que en navidad no se podía presentar una obra de este tipo, que no iba con el espíritu de la temporada. De cierta manera, ¿Cree que el artista en Colombia debería empezar a manejar herramientas de resistencia, de crítica y de veeduría ante la perspectiva de decisiones que rayan con el absurdo?

O. G. R. / Para defenderse del aparato burocrático, que en Colombia y en buena parte del mundo adquiere de nuevo unas dimensiones distópicas, es necesario utilizar las reglas del derecho civil que han sido diseñadas por el sistema y para el sistema. Estas, por años y décadas de lucha popular y ciudadana, han logrado ser intervenidas y transformarse para dar mayores garantías. Sí, por el momento es lo único de lo que se dispone. Se impone el manejo del Código Civil para el funcionario atrabiliario*.

Desde lo cultural, lo literario y lo estético, la crítica a este tipo de estructuras es ya una necesidad. Es allí en donde se delinea, de alguna manera, el gusto de las nuevas generaciones de lectores. Es allí, (puesta en escena de un ritual de legitimación) en donde se proyecta sombra sobre los que no están con el mainstream institucional. Es desde allí, donde en tiempos de asistencialismo impuesto por la plandemia, se comienza a diseñar el nuevo estatuto literario y artístico para tiempos de becerros encerrados, al diseñar la nueva normatividad, definir los escenarios, los públicos, (número de personas por espectáculo o recital) mascarillas para todo el mundo (parece ser la única utilería del nuevo teatro) las directrices para un neolenguaje aséptico. Esto está muy claro y tú lo has dicho, Merardo.

Por ello volveremos al funcionarato…

Existen en Colombia reglas de trasparencia, de acceso a la información, de peticiones puntuales de información que todos los funcionarios están en la obligación de cumplir. Esto es bueno decirlo, ya que los atropellos no terminarán.  Por el contrario, se prolongarán y se acentuarán aprovechando las circunstancias.

“Una novela, un poemario, una ópera dramática, no se hacen en un rato de inspiración”. Imagen / stempow en Pixabay

Si un artista, cualquiera que sea su pedigrí, pide toda la información requerida, el funcionario, que en términos de administración civil se denomina “el obligado”, debe darla sin dilaciones de ningún tipo y sin poner mala cara. Que un solo funcionario, uno solo, lo diré una vez más: uno solo, decida en determinados torneos regionales, qué pasa y qué no, qué se filtra y qué pasa el cedazo, qué se queda y que va a concurso, qué se recomienda y qué lleva de entrada el anatema incluido, crea las dudas sobre la idoneidad de quien, en determinado momento y aprovechando la plandemia, se erige como supremos juez, casi como un ídolo tolteca con cara de dios de la muerte y el olvido.

Pásame un lápiz… Hagamos la caricatura.

Un funcionario mutante navegando sobre los archivos recibidos en su computadora decide a quién expedir un acuse de recibo, mínima formalidad cumplida para unos, para otros no. Allí su figura de consumidor de grasas de rumiantes muertos, pesado y lerdo, a altas horas de la noche, bajo las luces azules de los monitores, tirando una moneda, un carisellazo, decide qué pasa a escrutinio y qué no pasa, qué se recomienda y que no se recomienda a los jurados. Heredero de una acendrada costumbre practicada por otros ilustres funcionarios y funcionarias de carrera, que ejercieron su dominio ocasional sobre convocatorias y presupuestos; los que respondían con diligencia a los caciques de turno cuando se trataba de cuadrar los contratistas, los empleados supernumerarios y los de planta.

La cultura puede salvar una vida. Muchas veces, el apoyo a una vocación artística temprana ha salvado a un joven de la senda del crimen y la violencia. Omar García Ramírez.

Nada nuevo. El campo de la cultura no es un campo en donde las cosas se deban dar por sentadas. Si un artista ve irregularidades en una convocatoria, debe exponerlas y pedir claridad. Si las respuestas son satisfactorias, mejor para todo el mundo, pero si esas respuestas oportunas no llegan, la ley crea los mecanismos de apelación ciudadanos para que los correctivos se impongan. Al fin y al cabo, son los recursos de todos los que pagamos impuestos. Son los recursos de ciudadanos que consideramos que la cultura es lo que puede salvar una vida. Muchas veces, el apoyo a una vocación artística temprana ha salvado a un joven de la senda del crimen y la violencia. Por esta razón, los recursos de la cultura no pueden ser la faltriquera* que algunos enganchados manejan con total libertad.

Diría una frase más: si no ves garantías, no participes. Pero si crees que las garantías mínimas son un concepto que está por encima del pudor, y tiene que ver con los derechos de la gente… ¡Pide las reglas claras!

 

M. A. / Para ir concluyendo: ¿Qué se premia y qué se instituye por esta especie de “curaduría comisarial” improvisada en las oficinas de las burocracias estatales?

O. G. R. / Bueno, eso es materia de otro estudio… Extenso estudio que pronto abordaremos. Pero ya tú lo expresas claramente, y es así. De cierta manera, los actores que controlan los presupuestos buscan jurados que se amolden a sus ideas y sus postulados en tiempos en donde algunos proponen la muerte simbólica del autor en la línea teórica de Focault y el nacimiento del comisario-curador. Comisario sheriff que trata de poner en cintura a los forajidos del condado. El que selecciona a los niños bien que van con la comparsa oficial, el que diseña y recomienda a los modositos atenuados que vienen amaestrados desde la academia. Los que, aprovechando la plandemia, tratan de prolongar un canon estético que hace parte de su habitus; algo que mantenga los lineamientos estéticos en sintonía con lo que propone el ministerio. No son pocos, comienzan a florecer como setas en el campo micológico de los prados del establecimiento, donde pastan las vacas sagradas de la cosa pública, con miradas bovinas bajo el efecto de poderosos lisérgicos; miran hacia la pared de sus oficinas en donde la cara porcina del hermano mayor parece bendecirles.

Para terminar de contestar a esa pregunta, citaré textualmente con el hipervínculo a un artículo de Fernando Duque Meza, dramaturgo antioqueño, aparecido en la revista Calle 14. Allí dice, claramente, que la dramática desde los tiempos de Shakespeare y de Cervantes, también diría yo la novela moderna y el arte en general, está abierto a todo, desde la cita, al pastiche, y no puede estar cerrado a los criterios decimonónicos que quieren imponer la dupla: funcionarios y actores culturales paniaguados al servicio de la estructura.

“Dentro del ejercicio y la práctica de la intertextualidad, existe una diversidad de estrategias esgrimidas por los más diversos creadores a través del tiempo. Entre ellas  encontramos  las  más  usadas  o  frecuentes  como: la parábola, la metáfora,  la elipsis, la hipérbole, la metonimia, la alegoría, la elipsis, la alusión, la historia, lo documental,   lo  semidirecto,    lo  directo,  etc.,  y  donde pueden converger en ese lugar: el símil, la sinécdoque, la  alusión,  la  parodia,  la  parodia  mixta,  el pastiche,  el auto pastiche, el collage, la cita, el plagio, el fragmento, la semejanza, la nota, el apunte, la imitación, el juicio, la crítica, el canto, la gesta, la saga, la memoria , la biografía, el retrato, la semblanza, el enigma, el debate o ,la polémica, el chiste, el proverbio. El caso, el juicio, la crítica, el apunte, el comentario o el aparte, la sugerencia, el cuestionamiento o la pregunta, la aseveración o afirmación, el énfasis, la sentencia, la estadística.  Así como otros géneros mayores como: el mito, la leyenda, la epopeya, la rapsodia, la tragedia, la comedia, el misterio sacro, el misterio bufo, el auto sacramental, la pantomima, el mimo texto, el cuadro o el sketch, el guion, la pieza, la pieza didáctica, el melodrama, la narración, el cuento, el monólogo, el monólogo interior, la novela, la crónica, la sátira menipea, el entremés, la mojiganga, bojiganga o el sainete y pequeños o chicos géneros españoles como: el paso, el retablo, el bululú, la farándula, la gangarilla, el ñaque, la compañía, la garnacha etc. Empleando recursos como: la transposición, la reducción, la inversión, el sueño, la pesadilla, la transferencia, la fragmentación, la refundición, cuando es urgente iniciar, continuar desarrollando o culminar una operación para complementar una idea dramatúrgica, poética, pictórica, escultórica, novelística, cuentística, lingüística, Semiótica, cinematográfica, coreográfica, cronística, ensayística, periodística, crítica y hasta teológica…”.

 


*Glosario

Sotto voce / Significa bajar intencionadamente la voz porque se está por pronunciar una verdad que puede sorprender u ofender.​​ Es equivalente a la expresión hablar entre dientes

Atrabilario / Irritable. Persona con mal carácter.

Faltriquera / Bolsita, generalmente de tela, que se llevaba atada a la cintura o colgando bajo la falda o el delantal. Era una especie de monedero que se empleaba en contextos rurales durante la Europa medieval.