Este nombre nos da una pista inicial para pensarnos el machismo a fondo porque nos habla de una naturalización: los hombres han nacido para matar. Suscita una pregunta que por muy banal y obvia que parezca es importante realizarla: ¿Por qué las guerrillas, los paramilitares, las bandas criminales y el ejército reclutan hombres?

Imagen tomada de Nomad Cinema

Por: Antonio Gómez 

No pretendo banalizar el gran problema social que implican los feminicidios, el acoso y abuso sexual hacia las mujeres o el pensamiento machista que cala tan hondo en nuestra sociedad, pero precisamente por esto motivo, creo que la narrativa de buenas (mujeres) y malos (hombres) es limitada. Puede ser útil y hasta necesaria si se trata de casos en contextos judiciales, pero no sirve de mucho para entender el machismo como problema social, y solo si lo entendemos como esto, nos daremos cuenta que es mucho más complejo y abarca otros fenómenos de la sociedad hasta ahora ignorados por el feminismo. Es por este motivo que me tomo el atrevimiento de decir que el machismo también asesina a los hombres. 

En 1987 el gran director de cine Stanley Kubrick estrena Full Metal Jacket. La película narra la historia de un grupo de jóvenes reclutados por el ejército estadounidense  que se preparan para luchar en la Guerra de Vietnam. La cinta se divide en dos partes: la primera muestra el proceso de entrenamiento y la segunda retrata el campo de batalla. Esta película, que se caracteriza por su humor negro y por el uso de prejuicios raciales y sexuales, se llamó en Latinoamérica Nacido para matar. Este nombre nos da una pista inicial para pensarnos el machismo a fondo porque nos habla de una naturalización: los hombres han nacido para matar. Suscita una pregunta que por muy banal y obvia que parezca es importante realizarla: ¿Por qué las guerrillas, los grupos paramilitares, las bandas criminales y el ejército reclutan hombres? La primera parte de la respuesta es porque los hombres son por naturaleza propicios para matar, pero la segunda parte de la respuesta nos remite a otra naturalización: porque las mujeres no han nacido para matar sino para otras actividades especialmente relacionadas con el sexo y con las labores del hogar. Así es como la guerra nos remite al machismo.

Por este motivo que a primera vista en Full Metal Jacket el papel de la mujer brilla por su ausencia. Durante toda la cinta sólo aparecen tres mujeres y dos de ellas son prostitutas vietnamitas. Pero la apreciación de esa ausencia es en cierta medida equivocada, pues las mujeres aparecen virtualmente en casi todas las escenas bélicas, acompañando a cada uno de los marines. Cuando Hartman, el militar encargado de entrenar a los reclutas, les entrega a ellos por primera vez los fusiles, les dice: “Esta noche van a dormir con sus fusiles y a cada fusil le darán un nombre de chica, porque este es el único coño que van a tener aquí”. Esa suplantación de la mujer por el fusil no se debe entender como un recurso poético o metafórico del director, sino que en efecto, la mujer reducida a mero objeto sexual se vuelve intercambiable por un fusil. Pero con esa reducción de la mujer a objeto, ellos también terminan reduciéndose a sí mismos como objetos de guerra. Esto se refleja en otra escena de la película, en la que se retratan los típicos cánticos de entrenamiento. Los militares cantan (con un fusil en una mano y con los genitales en la otra): “Aquí mi fusil, aquí mi pistola. Uno da tiros, la otra consuela”.  

Antes de que se acabe la cinta hay una escena en la que el mismo grupo de jóvenes militares, perdidos en el devastado país vietnamita, tratan de defenderse de un francotirador escondido en la ruinas de un edificio. Después de que este francotirador logra dar de baja a tres de ellos, al final logran matarlo y es en ese momento en el que se dan cuenta de que el francotirador era una niña. Es la tercera mujer que aparece en la película. Deciden darle un tiro de gracia y así es como muere la única mujer que no se planteaba en términos occidentales ni patriarcales, que resistía a vender su cuerpo por diez dólares como las prostitutas vietnamitas, pero también la que se resistía a ser una “no-nacida para matar”. La indecisión por quien daba el tiro de gracia no se daba por su minoría de edad (probablemente no sentirían el mismo pudor por una prostituta menor de edad) sino porque era la primera mujer que no era simplemente reemplazable por un fusil.

El tipo de naturalizaciones que hacen que los hombres sean reclutados para la guerra es el mismo tipo de naturalizaciones que hacen que existan feminicidios. No hablo sólo de interpretar una película. En el libro Medellín: memorias de una guerra urbanadel Centro Nacional de Memoria Histórica, se muestra cómo el Censo Nacional de Población y Vivienda de 1993 logró cuantificar una anomalía demográfica, y es que la guerra en Medellín se ensañó tanto con los jóvenes varones que hizo “que el 54% (876.789) fueran mujeres y sólo el 46% (753.220) hombres, mientras que los números de Colombia eran respectivamente de 51% (16.813.301) y 49% (16.296.539)”. La solución no está, por supuesto, en integrar a las mujeres como victimarias a las dinámicas del conflicto, sino en acabar con las naturalizaciones: ni “nacidos para matar” ni “nacidas para ser asesinadas”.