El quibdoseño estuvo en Pereira, una ciudad que no ha sido ajena a su andar por el mundo, pues aquí vivió fragmentos importantes de su vida antes de hacerse popular por su voz, y por producir películas.

Cinco años han pasado desde su lanzamiento y Hendrix no ha dejado su discurso antimonopolio, en cada palabra parece querer gritar que estamos en un país de mierda. No se mide cuando afirma que estamos domesticados.

Por: Carlos A. Marín

Conversar con Jhonny Hendrix Hinestroza se convierte en una experiencia enriquecedora, es del tipo de artistas que no generan barreras hacia su público, o hacia quienes indagan en su trayectoria.

En el lanzamiento de Cine con Sabor a Café, espacio organizado por Portafolio Cultural, el productor y director de Cine presentó su película Chocó, un largometraje inspirado en la mujer; pero que además pretende dejar a la luz otras dificultades que padece la cultura colombiana.

Disfrutar la película y después tener a su director y guionista, es una experiencia que pueden vivir pocos, fue así como el chocoano propició ese ameno espacio en el auditorio César Gaviria Trujillo de la Universidad Libre de Pereira.

La película relata la historia de una mujer (Chocó) que en medio de la cruda realidad de este departamento, hace todo lo posible por sacar adelante a sus dos hijos…

¿Qué decir de la película?

Chocó es una cinta de 80 minutos pensada para no gustar a la audiencia, de hecho, ha sido así desde su lanzamiento en el 2012. Una producción, como lo reconoce Hendrix, para distanciarse del público colombiano, esa audiencia domesticada, programada desde la infancia para consumir cine norteamericano o quedarse enchufado con los canales privados de televisión, canales que producen, según el cineasta, piezas audiovisuales sin mucho contenido.  

La película relata la historia de una mujer (Chocó) que en medio de la cruda realidad de este departamento, hace todo lo posible por sacar adelante a sus dos hijos; sin embargo, en su vida hay un personaje más, Everlides, padre de sus pequeños, un hombre alcohólico, desprendido de la familia y con ciertas habilidades para tocar la marimba.

La mujer tiene que sostener un conflicto personal donde sus hijos Candelaria y Yeffrey son su prioridad. Mientras trabaja como minera en el río San Juan, donde tiene que vivir desprecios y dificultades, Everlides está con sus amigos jugando dominó y bebiendo.

A lo largo de la producción Chocó se atraviesan bellos paisajes con un fascinante sonido de agua de fondo, asimismo se muestran las problemáticas ambientales como la minería ilegal, artesanal, el cómo los paisas colonizan pequeñas porciones de tierra y lo más importante cómo la cultura afrocolombiana de esta zona del país acepta los comportamientos de someter a las mujeres a estilos de vida denigrantes.

La grabación de la película en el casco urbano de Tadó y corregimientos aledaños lleva al espectador a pensar no solo en este departamento, sino en una realidad que padece el pueblo colombiano. Donde la mujer siempre detiene el impulso para exigir sus derechos.  

 Chocó es el fiel reflejo de miles de mujeres en Colombia que son maltratadas, abusadas psicológica y sexualmente por sus compañeros sentimentales. 

El final define a una mujer sedienta de amor. ¿Estamos lejos de ese drama de ficción?

 

Frente a la pregunta sobre si ha vivido algún tipo de censura por sus producciones, no lo piensa y con un rotundo sí despierta el interés del auditorio.

¿Qué dice Hendrix?

Cinco años han pasado desde su lanzamiento y Hendrix no ha dejado su discurso antimonopolio, en cada palabra parece querer gritar que estamos en un país de mierda. No se mide cuando afirma que estamos domesticados. “Hay cuatro familias en el país que dicen hacia dónde vamos”, expone.

Frente a la pregunta sobre si ha vivido algún tipo de censura por sus producciones, no lo piensa y con un rotundo sí despierta el interés del auditorio. Como artista, pero también como hombre de negocios prefiere no entrar en detalles, tal vez en una producción suya esté el complemento de la respuesta.  

Jhonny Hendrix Hinestroza, ilustre del cine, chocoano, colombiano, pareciera ser el tipo de artistas que quieren publicarlo todo a través del arte. No se esconde nada. Cuando apunta a que sus películas son más vistas en Francia, en Italia, en Estados Unidos, lo hace con la aguda sensación que deja el imaginar que en Colombia no nos tapan los ojos, nosotros cumplimos esa labor sin refutar. Es como si cada connacional tomara una venda y la ubicara en su rostro para obviar la luz.

 “No nos gusta ver nuestra propia realidad, nos enojamos cuando vemos una película de violencia, porque queremos siempre consumir lo que se produce en Estados Unidos, porque nos entretiene”…

En su charla consultó al público si conocían el himno de los Estados Unidos, varios respondieron no, lo puso desde su celular para comprobar el nivel de identificación, y luego preguntó si habían visto Spider-Man (Hombre Araña), agregando: seguro ustedes lo han escuchado en esta película, o en Batman, o en otra película de Hollywood, el himno de USA está en muchas películas; gesto con el que intentó argumentar que el cine norteamericano nos tiene habituados a desechar lo propio, pues podemos llegar a identificar más fácil elementos de la vida norteamericana que a percibir los problemas del Chocó, uno de los departamentos más pobres del país.

Así pues Hinestroza y su película Chocó calaron en mí, fue como ver el complemento entre uno y otro. La cinta me decía una realidad y su director me la mostraba con otros ejemplos. Digería en palabras no técnicas lo que vive Colombia: una realidad de película.