JUVENTUDES HEROICAS Y ESTOICAS

La protesta social iniciada a finales de abril rompió todos los paradigmas y la ignorancia colombiana, y dotó de significado, de simbología, a ese panteón insípido…

 

Escribe / Adriam Bastidas – Ilustra / Stella Maris

Un sepulcro gigante hace parte de la fría y desbarajustada decoración entre el cruce de la Avenida Caracas  y la calle 80 de la capital colombiana, llamado Monumento a los Héroes, una gran mole de piedra rectangular de casi 20 metros, color marfil desteñido, que en sus costados destaca los nombre de los  distintos batallones y barcos  que participaron en las batallas más significativas para lograr los gritos de independencia de los países hermanos bolivarianos (Carabobo, Bomboná, Junín, Boyacá, Ayacucho, entre otros) .

Aparece allí un fragmento, en latín distinguido, del testamento político de Simón Bolívar “¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.  Toda una gran paradoja, ya que los partidos políticos tradicionales no se suspendieron, por el contrario, se consolidaron como una maquinaria poderosa y corrupta, y solo hasta la segunda década del siglo XXI estamos dejando de ser un embrión, y nos estamos convirtiendo en una sociedad solidaria.

Para completar los acabados republicanos del mausoleo gigante, una estatua del libertador venezolano montado en su gran caballo Palomo, que mira hacia el occidente de la ciudad, bastante cauteloso, mientras su amo empuña con la mano derecha una espada ensangrentada que ya no está divisando toda la sabana. Este monumento fue planeado por el siempre peligroso y recordado expresidente Laureano Gómez; el peligro que infunden los expresidentes en Colombia es de por sí todo un aspecto cultural. La idea en un principio era rendir un sentido homenaje al batallón Colombia, y a todos los soldados que participaron en la guerra de Corea, por su fuerte compromiso y lucha contra el comunismo; el diseño inicial fue de Angiolo Mazzoni, arquitecto fascista muy allegado a Mussolini. El general Rojas Pinilla derroca a Laureano y se establece otro diseño, que es el actual, y termina siendo inaugurado por el expresidente Guillermo León Valencia en 1963, justo cuando se comenzaban a dar los primeros surgimientos de las guerrillas marxistas lenninistas en el territorio nacional, otra gran causalidad de la paria historia patria.

58 años después el monumento póstumo a la guerra, junto con sus zonas verdes, es desde hace un tiempo un sitio representativo de la topofilia bogotana, apropiado por los ciclistas urbanos, toda una tribu que cada vez crece más, lugar de encuentro con los amigos, de los distintos equipos ciclísticos fixie, donde organizan las competencias y eventos a celebrar, punto de encuentro para enamorados, lugar de descanso y para almorzar de trabajadores; pero en la actualidad es un espacio más de reivindicación del estallido social del 2021. La protesta social iniciada a finales de abril rompió todos los paradigmas y la ignorancia colombiana, y dotó de significado, de simbología, a ese panteón insípido, todo un bienestar psicológico de identificación, donde prevalece un proceso metamórfico, donde las prácticas espaciales emergen de la insatisfacción, buscando alternativas para la libertad y el progreso, al igual que otros espacios en varias ciudades del país: Puerto Resistencia, Loma de la Dignidad (Cali), viaducto Lucas Villa (Pereira), Parque de la Resistencia (Medellín), que también despertaron arraigo, y patriotismo, trincheras, barricadas, espacio público artístico donde se dinamiza la rabia, la impotencia, la paz y el querer transformar desde el simple detalle llamado lucha.

Desde las horas de la mañana van llegando los nuevos héroes a su transformado monumento, en su mayoría jóvenes con el corazón revolucionado porque saben que están haciendo Historia, algunos llegan solos, caminando, en sus bicicletas, en motocicletas, transporte público, patinetas; otros llegan en grupos, aparecen desde todas las latitudes, muchos envueltos en la bandera tricolor, se van apropiando de su espacio social, atraviesan los cordones de seguridad de la policía, mientras les cantan en sus caras todas las verdades que tienen reprimidas y del por qué hace casi un mes están en las calles, pero sus voces son las contundentes punzadas que hacen retorcer a quien dice gobernar, aquel comodín obeso que le tocó recibir toda la furia de la ciudadanía, acumulada por décadas de abusos y atropellos que fragmentaron y empobrecieron la sociedad.

Entre la lluvia capitalina, rayos de sol picante o penumbras citadinas, ya los nombres de los batallones casi no se ven, las frases en latín han perdido su validez, ahora sobresale la frase “Enemigo público”, con un cráneo putrefacto del narco paramilitar como decorado por un lado de la piedra enorme tallada, y por el otro costado, la cifra de 6402, conmemorando a los inocentes que murieron en las ejecuciones extrajudiciales a manos de las fuerzas militares, esplendorosos murales que enaltecen la protesta y el nuevo rol cultural del pueblo, grafitis contra el gobierno genocida, otros que reivindican el poder y valentía de las mujeres,  carteles que acusan a la fuerza policial de asesina y violadora.

Los héroes juveniles bloquean las avenidas de los alrededores a su monumento, arengas a todo pulmón y corazón, las personas que pasan en sus vehículos acompañan la manifestación con sus bocinas, un sonido más que se une al gran carnaval que en varias ocasiones se ha llevado a cabo en el entorno de los protagonistas de la nueva historia, muestras artísticas, agrupaciones musicales, mascaras,  performances alusivos a la violencia y a los desaparecidos, comparsas, disfraces, mesas de trabajo, asambleas populares, intercambio de ideas, propuestas de políticas públicas, todas ellas se entrecruzan con los abrazos.

Desciende la noche y con ella los murmullos del pánico, porque se establecen la represión, los asesinatos, las desapariciones, la tortura; la juventud heroica lo sabe, pero continúa resistiendo, la dignidad está primero. Los gases lacrimógenos nublan el nuevo centro de operaciones pedagógico para la transformación política, las granadas aturdidoras con el pasar de los días no les asustan, la valentía y la honestidad construyen un nuevo sentir.

El mañana está cerca, el monumento posmoderno es testigo de los nuevos liderazgos, esa masa de bronce fundido vanagloriando al libertador no los representa, ni mucho menos fechas de siglos pasados, las nuevas representaciones sociales de esta juventud radican en un potencial de fraternidad que incita a la transformación de mentes y almas de pocas oportunidades, con zapatos desgastados y miradas agotadas que perdieron la fe.

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