Rompiendo las vendas

Erigiendo memoria a un año del descontento histórico social

¿Son las fuerzas militares y la policía nacional mercenarios con licencia para proteger a políticos, empresarios corruptos y atacar a la población civil? ¿Existe la posibilidad de que el desorbitante presupuesto que se le invierte a armas y medios de transporte guerreristas se destine a educación, cultura, deporte y ciencia?

 

Escribe / Adriam Bastidas – Ilustra / Stella Maris

De nada sirven los triunfos si la paz no los corona.

Antonio Nariño

El raudo y omnipresente tiempo nos embadurna los rostros con 365 días ya cumplidos de un estallido social sin precedente alguno en la historia escabrosa de nuestro país. El solo ejercicio de recordarlo genera impotencia, angustia y desolación, por la muerte de más de 40 jóvenes asesinados, más de 30 personas víctimas de violencia sexual, numerosos desaparecidos y muchas personas que perdieron un ojo, todas ellas víctimas de la fuerza pública; reflejo todo ello de una patria enferma.

¿Acaso la impotencia, angustia y desolación no son algunos de los sentimientos que nos han invadido desde aquel supuesto y desquiciado grito de independencia? Si escudriñamos en el pasado de como se fue formando una república llamada Colombia desde el siglo XIX hasta la actualidad, solo encontraremos violencia, corrupción, traición, mezquindad, pobreza.

Un país bastante adolescente próximo a cumplir 212 años de libertad camuflada que se niega a ser autónomo, que se escuda en los miedos para enfrentar los cambios, siempre buscando la protección del instinto paternal, del caudillo, el salvador, el patriarca, que casualmente lo ha alimentado con un fuerte hedor a sangre.

En ese proceso de lenta mutación, el 28 de abril del 2021 pudimos evidenciar como una gran parte de la población se convertía en el cuerpo y alma de aquel estado social de derecho, enfrentando a un yugo gamonalista reflejado en los ojos del peor gobierno jamás visto, posesionado en el 2018, que llegó al poder con las mismas artimañas empolvadas, estrategias políticas vomitivas, pero efectivas; con una reforma tributaria para los de siempre, los de abajo, como el detonante de la explosión de dignidad, de empoderamiento, de valores que entre marañas se abren caminos para un presente y futuro de reconciliación.

En un acto de reflexión, que nos invite a seguir soñando en una paz con corona, con su respectivo trono de equidad, viendo sonreír y prosperar a su pueblo, se hace un balance desde la modestia misma, en especial, de aquellos actos sublimes que arrojó el paro nacional, esos mismos que ameritan seguir abonando para que en un mañana con soleado tricolor se dé una trasformación real dentro de una sociedad que continúa con su potencial encadenado.

El primero que resaltamos es que se perdió el miedo. En las distintas manifestaciones hechas en las calles, esta fue una de tantas arengas, entendimos que es el pueblo el que manda en una verdadera democracia, entendimos que el político -por más elegancia, títulos, lujos y egocentrismo que exhiba- es un servidor público, que su función primordial es servir a los ciudadanos que lo eligieron con su voto, y somos nosotros quienes decidimos si nos representan o no. Entendimos que los derechos no se visten de ideologías políticas obsoletas; comprendimos que desde la dignidad, la resistencia, las artes, la cultura, solidaridad, empatía, resiliencia, coraje, ollas comunitarias, pedagogía, bibliotecas populares, marchas, sacrificio, comités barriales, caravanas, llantos, abrazos y carnavales, incendiando hasta nuestros propios corazones de lucha, es que se construye un auténtico patriotismo triunfador.

La segunda reflexión va ligada a la manipulación mediática, al terrorismo informativo que ejercieron los medios de comunicación hegemónicos. Durante toda la protesta nacional se encargaron de distorsionar la información, de señalar, estigmatizar a todo aquel que estaba en las calles, persiguieron a los movimientos sociales, abrieron micrófonos y cámaras a civiles paramilitares, y en contraofensiva, nos encontramos con la creación de medios de comunicación alternativos, acompañados de las redes sociales, influencers, youtubers, representados por jóvenes, en su gran mayoría, que arriesgaron sus vidas en los cubrimientos con el único fin de mostrar la realidad del estallido social que ya dejó una marca. Ejerciendo con transparencia la labor periodística, muchos desde lo empírico, pero con humildad y trabajando cooperativamente en una genuina comunicación social. Este bello ejercicio comunicativo debe continuar, se necesitan más medios alternativos en todo el territorio, para seguir haciendo control político, para que el sin voz manifieste sus preocupaciones, para que lo popular se consolide.

El tercer acto dejó ver sus frutos el pasado 13 de marzo del 2022 en las elecciones legislativa. La gente salió a votar masivamente, muchos depositaron su voto en homenaje a las victimas del estallido, castigando ferozmente a esa clase política rancia y nauseabunda que desde hace muchas décadas ejerce un poder político tiránico, y por allí derecho, castigando a esos magnates dueños del país, que tras bambalinas continúan robando el erario desde la avaricia pura; falta ver que nos depara el 29 de mayo.

El cuarto y último consiste en analizar minuciosamente el accionar de la policía nacional y de las fuerzas militares desde hace un par de décadas para acá. Nacen algunos interrogantes al respecto: ¿por qué no se ha hecho una investigación rigurosa sobre el poder económico y, más sorprendente aun, el poder político casi subrepticio -para no levantar sospechas- que han adquirido estas dos instituciones? ¿Son las fuerzas militares y la policía nacional mercenarios con licencia para proteger a políticos, empresarios corruptos y atacar a la población civil? ¿Acaso estos organismos no necesitan con urgencia una restructuración interna, que brinde garantías a los derechos humanos, protección a la población, construcción en valores y oportunidades educativas para sus integrantes de rangos bajos? ¿Existe la posibilidad de que el desorbitante presupuesto que se le invierte a armas y medios de transporte guerreristas se destine a educación, cultura, deporte y ciencia? En los más de dos meses de protestas social se evidenció una utilización ilegítima, indiscriminada, de la fuerza pública, atacando con sevicia a la juventud; los mal llamados héroes adoctrinados, idiotizados con palabra patria bajo el discurso de defender la democracia, de defender la rama ejecutiva desteñida, a la sombra de un bufón glotón que se atrincheraba en la Casa de Nariño, el mismo que salía en la televisión con ínfulas de gladiador.