LA CICLA ES PARTE DEL PAISAJE EN LA CEJA

Las hay rojas, verdes, amarillas, naranjas; con parrilla, canasta y rueditas. Las usa el vendedor de buñuelos y el de mazamorra.

Por / Norvey Echeverry Orozco – Fotografías / Camilo León

La Ceja, municipio ubicado en el Oriente antioqueño, cuenta, según la Secretaría de Movilidad, con dos bicicletas por hogar. Desde comerciantes a campeones se movilizan por sus bien trazadas calles.

No parece ser casual que Juliana Gaviria o su hermano Fernando –uno de los mejores Sprinters del mundo–, sean destacados deportistas, cada uno en su categoría. Así, Juliana lo es en ciclismo de pista y velocidad por equipos, mientras que Fernando lo es en ciclismo de ruta. En La Ceja, donde ambos dieron sus primeros pedalazos –se cayeron, se rasparon y lloraron–, desde tempranas horas de la madrugada se ve a muchos de sus habitantes transportarse a su lugar de trabajo –comúnmente floristerías– o a su sitio de estudio en una bicicleta.

Las hay rojas, verdes, amarillas, naranjas; con parrilla, canasta y rueditas. Las usa el vendedor de buñuelos y el de mazamorra. Se transportan en ella desde el más anciano con su paletera, o el pequeño de seis años, que aprende a ser fuerte ante las raspaduras que le producen, en las rodillas o manos, sus primeras caídas. La cicla es parte del paisaje en La Ceja.

Fernando Gaviria. Fotografía / Federación Colombiana de Ciclismo.

Campeón

“El niño”, como lo apoda María del Carmen Rendón, su madre, o “El care mico”, como lo llama Hernando Gaviria, su padre, creció soñando con ganar un Tour de Francia.

Sea “El niño” o “El care mico”, es el mismo que empezó compitiendo en patinaje en la Unidad Deportiva y hoy es promesa cumplida del deporte internacional. Fernando Gaviria Rendón, apodado “El Misil”, quien sonrió ante las cámaras al ganar cuatro etapas del Giro de Italia en 2017, ese que tiene como costumbre besar en ambos cachetes –además de la gloria– a las bellas modelos que le entregan los ramos de flores y la champaña, se formó por estas calles rectas de clima frío. Es “El misil” que sale cada tanto en titulares de prensa, que ha batido récords de velocidad y que tuvo la suerte de nacer en una región del planeta donde se forman excelentes escaladores (los mejores del mundo, aseguran los expertos en ciclismo), pero muy pocos sprinters, así como él.

Se terminaría el espacio de esta crónica si se mencionaran cada una de sus victorias, así como quedó corto el espacio de su casa en donde guarda las huellas de su gloria permanente: fotos, cintas, trofeos, camisetas de etapa y medallas.

En su palmarés –como dicen los comentaristas– reposan triunfos tan grandes como varias etapas en el Tour de San Luis, Argentina, cuando se enfrentó a uno de los mejores velocistas del mundo, Mark Cavendish. O cuando fue el hombre que todas las cámaras de televisión querían grabar en el Mundial de Ciclismo de Pista, en Londres, donde quedó campeón en la categoría ómnium.

“Hoy he llorado de tristeza por lo de mi cuñado (Fabián Puerta se había accidentado en su bicicleta en Francia) y he llorado de alegría cuando estaba terminando en la pista. Se me venían las lágrimas porque siempre soñé con esto, ganándome un mundial élite, y hoy lo completé. Ya solo queda una medalla por conquistar, que es la del Sub veintitrés (la que consiguió pocos meses después). Quiero tener las tres camisetas en mi casa”, dijo en ese momento de dolor y gloria. Los bomberos de La Ceja, ante tanto triunfo, se cansaron de sacarlo en el carro apaga-incendios y enfrentarlo a la euforia de las multitudes que aplaudían, agitaban banderas de Colombia, Antioquia y La Ceja, lanzaban pólvora y elogiaban el apellido de su padre gritado: “¡Gaviria! ¡Gaviria! ¡Gaviria!”.

La bicicleta es un medio de transporte muy utilizado por las personas que trabajan en las floristerías de La Ceja.

Medio de transporte

Es común ver rodando por las calles de La Ceja, que tiene el elogio de ser el municipio mejor trazado de Colombia, más bicicletas que motos. Ana María Henao, encargada de apoyar la gestión de la Secretaría de Movilidad, asegura que en este municipio no se han realizado, hasta el momento, los estudios pertinentes para saber con certeza cuántas bicicletas hay, pero, según los cálculos de las autoridades encargadas, se estima que, en promedio, La Ceja cuenta con diecinueve mil usuarios y que, en cada hogar, hay dos bicicletas. “Estaríamos hablando, aproximadamente, de 38 mil bicicletas en el municipio”, comenta.

Ante tanta cicla, se hace pertinente preguntar con cuántos kilómetros de ciclorruta cuenta este pueblo. Henao explica: “La ciclorruta en La Ceja como tal tiene dos kilómetros construidos. Es decir, la ciclorruta es segregada de las vías para otros actores viales. Sin embargo, en el municipio, en la zona urbana, la recomendación, más que ciclorrutas, es a que se use lo que se llama ‘calle compartida’. Es decir, en la calle caben todos los actores viales: vehículos, motorizados y bicicletas”.

El uso de las bicicletas, según Ana María Henao, tomó fuerza unos cincuenta años atrás. Después de la década de los ochenta, con la llegada de las empresas comercializadoras de flores, se fortaleció mucho más. Las condiciones que hacen propicio su uso son el clima, la topografía y el trazado. Además, asegura que se debe reconocer a los usuarios de las bicicletas, pues estos ayudan significativamente a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en la zona. Aunque no se tienen registros de cuántas partículas de CO2 se ahorra la región por el uso de las ciclas, en Bogotá, en el año 2017, la Secretaría de Movilidad estimó que gracias a este modo de transporte se evita la emisión de mil doscientas toneladas de dióxido de carbono al año, pues en la capital de Colombia, cada día, se realizan 635.000 viajes en bicicletas.

Steven Tabares, de 19 años, empleado de Elkin, todos los días ofrece buñuelos y almojábanas en las calles en una bicicleta adaptada con techo y bafle.

Panadería ambulante

Elkin Villada se dedicaba a las flores, pero, desde el año 2007 cuando quebró Exportaciones Bochica, la empresa en la que trabajaba, decidió abrir una panadería que lleva su nombre. Es reconocido en La Ceja porque, además de ser un aficionado por el Atlético Nacional –tanto, que en la final de la Copa Libertadores del 2016 decidió echarle anilina verde a la masa, arrepintiéndose porque muchos de sus clientes rechazaron su ingeniosa patente asegurando que sus productos estaban malos– ofrece pandequesos, almojábanas y buñuelos. Todos los días su flota de cuatro trabajadores recorre las calles de La Ceja desde las 6:30 de la mañana hasta las 7:30 de la noche, descansando cuatro horas después del mediodía.

Sus bicicletas, adecuadas con carpas y altoparlantes, llevan grabada la voz más conocida y, quizá, una de las más molestas de todo el pueblo: la de su primo Esteban. Cuando Esteban comenzó a gritar sus productos hace algunos años, portaba una nevera de icopor en sus hombros y un par de tenis con buenas suelas. En esa ocasión, solo fueron necesarias unas horas y centenares de metros de la calle para que su voz se fundiera y la idea de vender miles de buñuelos ese día se desinflara. Así que Elkin, entendiendo la compleja situación, planteó la idea de tener un parlante con la voz pregrabada y una bicicleta.

“Eso fue… cómo le digo yo, a lo último se va cansando uno de andar a pie. Que muy incómodo con las cajas en la mano. Entonces ya va entrando la idea de poner una bicicleta con parrilla. Pero no era del todo buena la idea. ¡Ah!, es que llueve y nos toca parar; cae una brisita y toca parar. Ya dice uno: vamos a ponerle techo… Y todo se va dando”, comenta Elkin, feliz por su ingeniosa solución.

“Pandequeeeeesos, almojábanas… calienticos los buñueeeeeelos…”, suena el altoparlante con su sonsonete característico por las calles. La voz de Esteban es muy reconocida, al punto de que los niños que la escuchan la imitan con su lentitud, como si estuvieran cantando la pista de un karaoke, pero también es odiada, ya que a Elkin lo han citado a la inspección de policía debido a que es el despertador de muchos cejeños que no tienen las costumbre de madrugar a las siete de la mañana.

“Le dicen a uno que si sigue así… Lo de siempre, que tengo que bregar a no salir tan temprano. Lo que pasa es que hay gente muy mentirosa, que va y dice que uno no los deja dormir. Son mentiras, porque uno sale a las seis y media o siete de la mañana, que a esa hora ya está despierto todo mundo”.

Ciclistas profesionales y aficionados recorren las principales vías del Oriente antioqueño en sus bicicletas de ruta. Una de las vías más apetecidas por los amantes a este deporte es La Ceja – La Unión, por ofrecer catorce kilómetros de ascenso.

La evolución de los ‘caballitos de acero’

La primera bicicleta funcionaba como un triciclo, pero sin pedales: ambos pies iban al suelo, así como quedaría un jinete adulto en un pony pequeño. Su cuadro era de madera. Además de grande, lenta y fea, tenía traquidos de bisagra mal lubricada. Fue creada en Alemania en el año 1817 por Korl Von Drais; trece años después, en 1830, Thomas McCall decidió implementar poleas a la rueda delantera y ponerle una ruda trasera más grande.

En 1860, Pierre Michaux, un inventor de París, creó la primera bicicleta con pedales delanteros. Solo diez años después, con la mente brillante de James Starley, se presentó al mundo la bicicleta de llanta delantera gigante. En 1885, John Starley, sobrino de James, cambió el modelo e incorporó la cadena y los pedales centrales, creando, así, el modelo tradicional que se conoce hasta la actualidad.

A Colombia los ‘caballitos de acero’ llegaron en barcos. Pesaban alrededor de veinte kilos. Sus marcos eran de acero y traían lujos incorporados como parrillas plateadas, enormes espejos y hasta lámparas de gas. Era un medio de transporte, según varios documentos históricos analizados, exclusivo de personas adineradas.

Aunque el auge de las bicicletas venía en aumento, el porcentaje comenzó a disminuir notablemente a comienzos del presente siglo, pues, mientras en la primera década se producían cien millones de bicicletas por año, los automóviles se acercaban a los 42. En la actualidad, los países que tienen el mayor número de bicicletas son China, India, la Unión Europea, Taiwán y Japón.

Camilo Giraldo trabajaba en una empresa textil, pero por culpa de la pandemia perdió su trabajo. La bicicleta en la que ofrece mazamorra se la regaló la empresa Coca Cola.

La floristería

Jimmy Alexander Román Arcila tiene 42 años, y desde los últimos dieciséis trabaja en floristerías. Aprendió a montar bicicleta con la ayuda de su padre, cuando tenía diez. Todos los días, antes de las seis de la mañana, sale de su casa acompañado por un casco, un bolso y una bicicleta roja de marca Shimano que se ganó en una rifa con la empresa Comfama. Si por algún motivo deja el casco en su casa, la bicicleta no se la dejan ingresar al cultivo. El trayecto dura treinta minutos. Su destino, saliendo desde el barrio Bosques, es Flores La Virginia, donde se siembra pompón, lirio y rusco. Con él, según sus cuentas, trabajan alrededor de quinientas personas, de las cuales cuatrocientas utilizan todos los días una bicicleta como medio de transporte.

Gildardo Cardona, de 54 años, es un apasionado por las bicicletas desde joven. Él, con su esposa Dora Bedoya, de cincuenta, y su hijo Yampier Cardona, de 21, tiene un taller familiar de bicicletas llamado Ciclo Alpes, ubicado a una cuadra del parque principal.

El mecánico

Julio César Valencia Ríos es mecánico de bicicletas desde hace veinticinco años. Su taller tiene, como muchos en este pueblo, el prefijo “Ciclo” en su nombre (en La Ceja, además de Ciclo Pelusa, nombre del taller de Julio, están Ciclo Alpes, Ciclo Nasa y Ciclo Ruter). Él, por el equipo Orgullo Paisa y Luis Fernando, su hermano, por Postobón, corrieron como peones el Clásico RCN en 1982. Diariamente Julio, desde las primeras horas de la mañana, como en otros veinticuatro talleres que hay en el pueblo, realiza mantenimiento (el cual consiste en desbaratar por completo una bicicleta, cambiarle sus partes rotas, limpiarla y engrasarla). Además, durante el día, pinta cuadros, parcha neumáticos, cobala rines, vende pellones, ofrece llantas, anuncia maniguetas y otros repuestos que necesitan los ‘caballitos de acero’ cuando están varados.

“Antes no se veía tanta cantidad (de bicicletas) como hay hoy. Yo creo que La Ceja está en este momento por ahí… como el segundo municipio que más bicicletas tiene del país. Creo que el primero es Palmira”.

Las calles de La Ceja han sido transitadas cada día por Juliana, Fernando, Elkin, Julio y miles de cejeños más que, con cada pedalazo, han resistido ante esa modernidad ruidosa de motos y carros.

@norveyorozco