Informe experiencial visita parcelación indígena Embera Chami

Flor del Monte Belén de Umbría Risaralda

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“Los hijos de los zapatistas, dueños de nada como no sea su dignidad, pasan su día jugando a que son soldados que recuperan las tierras que les quitó el gobierno, juegan a que siembran la milpa, a que van por leña, a que se enferman y nadie los cura, a que tienen hambre y, en lugar de comida, se llenan la boca de canciones”.

Carta del subcomante Marcos EZLN, a Eduardo Galeano.

 Por: Miguel Angel Rubio Ospina*

A la vera de la casa de ladrillo y teja de Barro,  un niño trata de volar una cometa con un pájaro amarillo pintado en todo el centro de la tela, sobresalían de este, especialmente, unos inmensos ojos negros. El niño, contra toda la imposibilidad de una ausencia de viento leve que siquiera consolara la impotencia de la cometa y la ansiedad del niño de elevarla, corría en círculos halando de su hilo mientras miraba al mismo tiempo, como esta,  levemente, agónica, intentaba conjurar el poco aire, y el siempre exacerbado calor de este sitio. Esa es la primera imagen que a los ojos me ofrece mi segunda visita a la parcelación indígena  Flor del Monte, en Belén de Umbría Risaralda.

Al aguzar mi oído, escucho un idioma ajeno al mío, tan inmerso en lenguas occidentales, inglés, francés, alemán, parecía una discusión tribal, encabezada por una mujer mayor de la comunidad que en su lengua discutía un asunto al parecer doméstico. El resto de la asamblea escuchaba atentamente la perorata de aquella indígena de unos 50 años, con silencio y respeto casi sacramental.

El gobernador toma la palabra para interrumpir la asamblea, y denota especialmente nuestra llegada. La comunidad entonces, en un acto ejemplarizante asume el silencio que ante un extraño se debe asumir, un silencio mediado por el respeto primero, por  la incertidumbre después.

Sigo en mi oficio, tomar fotos, retratar momentos, gentes, rostros, expresiones, lugares, casas, incluso ideas de vida, en uno de los actos más relajantes y de mayor aprendizaje en mis rutinas, la fotografía. No soy un ojo experto aún, pero en algunos momentos las mismas situaciones inspiran el ánimo de un obturador.IMG_6662

Oigo a lo lejos, al gobernador, presentando la comunidad, habla de asuntos muy precisos. Su tiempo como parcelación indígena, sus expectativas, sus necesidades, sus potencialidades. Con el respeto del caso, presenta a su equipo de gobierno, todo un gabinete muy bien escogido, consistente en tres ejes fundamentales. Un gobernador, quien orienta la asamblea pero antes escucha; un vice gobernador, quien respetuosamente sabe su función y si no le es pedida la palabra no interviene, una secretaria, una mujer con poder, manejo de información y capacidad de expresión sorprendente, me quedó en la cabeza la imagen de ella abrazando un computador portátil de última tecnología. Y me pregunté, (lo hago todavía) ¿aculturizacion o apertura cultural a sobrevivir desde nuestros presupuestos sociales?  Y el Jaibaná, hombre de profundos conocimientos medicinales y espirituales, hace parte del gobierno de la comunidad, y es el jefe de algo que para ellos es muy importante la guardia indígena.

La decisión fue callar y escuchar, observar, caminar, preguntar muy puntualmente a gente que no estaba del todo en la asamblea. En algún momento, mis ojos se detienen en una balaca tejida con chaquiras, arte tradicional embera, que cubría la cabeza de Jairo Marcelo. Primero le pedí autorización de dejarme tomar la foto a la balaca, después le pregunté por su uso y significado: “esto lo llevamos todos los miembros de la guardia” me dijo con un orgullo que no he conocido en ninguno de nuestros guardianes sí  es que los segundos realmente existen.

Un jolgorio de niños me dirigió a la escuela. Allí en un salón precario una guerrera de la docencia enseñaba los números a un grupo de niños. Observé el salón con cierto interés, un pequeño tablero mostraba los números escritos, no numéricamente, sino alfabéticamente hasta el noventayocho. Letra a letra plasmados los números. Tomé unas fotos, y me dirigí a la puerta del salón de clases, saludé y los niños al unísono respondieron al “buenos días”.

La joven profesora es una mujer enamorada de su oficio. Sin formación docente, solo bachiller, ha tomado la decisión de vida de enseñar en un lugar apartado de su hogar y su familia. Mestiza con orígenes emberas, su piel blanca, sus ojos verdes, tristes, su silente y risueña figura. Entro al salón, encuentro libros, manuales educativos sobre la escuela nueva, y descubro que nueva escuela de hoy, no es la teoría, sino la vocación de esa mujer que contra todos los pronósticos educa desde el amor y el creer ¿Montessori?

Allí hay mucho por hacer, quizá, pero más por aprender. Me llama la atención especialmente el hecho de la fragmentación cultural desde lo lingüístico, sobre todo en los niños, quienes poco o precariamente conocen algo de su lengua natal, son silentes y juguetones, silentes porque hace parte de su educación, juguetones porque el área geográfica lo permite.IMG_6663

Salgo de la escuela, camino un rato con la brigada de trabajo y descubro un juego cuasi suicida, tres niños montados en lo que puede llamarse una mesa de cemento, juegan a sumergir su cabeza en un estanque plástico de agua potable (quizá la única de toda la parcelación)  compitiendo a probar quien aguanta más la respiración con la cabeza sumergida. Desee sumergir la mía, el calor golpeaba fuerte.  Y al salir reían inocentemente con el agua en sus rostros y su cabello.

La cometa representa la necesidad de cambio y quizá de esperanza de una comunidad golpeada por la difícil historia de nuestro país. El estanque, no es más que la certidumbre en la risa la inocencia, la inteligencia y el juego en serio de nuestros niños.

 

*Miguel Angel Rubio Ospina

Profesional Facilitador

Atención Integral a la Niñez 

Comfamiliar Risaralda.