En tiempos de Eurocopa y pasión futbolística, es imposible evitar la envidia que producen los seguidores de las selecciones participantes que, unidos por el color de sus equipos, cantan al unísono el himno de su país y apoyan a los jugadores que en el terreno de juego los representan. Qué bueno sería una unión similar en Colombia, pero algo lo impide: “las barras bravas”.

Las barras suelen, en algunas ocasiones, conllevar problemas a la organización de los eventos futbolísticos. A veces, entre sus mismos integrantes se agreden. Foto / patiobonitoaldia.files.wordpress.com

 

Por: Felipe Patiño

En Sudamérica, las barras bravas han adquirido una popularidad negativa y suelen ser asociadas con las drogas, el alcohol y la violencia; puesto que en sus mismos cánticos profesan frases como: “Somos los borrachos, los sicarios, los que robamos por todos lados”además de otros en los que amenazan a sus contrincantes incluso con la muerte.

Las barras bravas, conocidas en la mayor parte de Europa como ultras -y torcidas en Brasil- son un grupo organizado de aficionados  que tienen como objetivo seguir y gritar cánticos de apoyo a un equipo generalmente de fútbol. Este fenómeno tuvo sus inicios en los años 60 en Italia y con el paso de los años se extendió al resto del continente y posteriormente el mundo.

A Colombia, el barrismo llegó en la década de los 90, cuando seguidores de los equipos más reconocidos a nivel nacional formaron las primeras barras, comenzando así lo que a la larga sería el fin de la tradición del fútbol en familia.

En cerca de 20 años de barrismo en Colombia se han producido decenas de muertes (en mayor porcentaje menores de edad), producto de una guerra sosa y carente de argumentos, donde el mayor afectado siempre es el espectáculo, puesto que  en la actualidad no son de extrañar los partidos faltos de público producto de las sanciones por vandalismo; además, la prohibición de camisetas y banderas alusivas a equipos visitantes en algunas plazas del país.

El barrismo es un estilo de vida”, “Es una pasión que pocos entienden”, son algunas de las frases que exponen los miembros de dichos grupos, cuya filosofía se basa en el vino, la marihuana, tatuajes y la ‘cumbia villera’, comportamientos copiados en su mayor parte de Argentina, sumado el orgullo con el que argumentan ser quienes más aman el equipo, pues son ellos los únicos dispuestos a viajar de polizón en un tractocamión mientras arriesgan su vida y soportan supuestos tratos inhumanos de la autoridad.

Pero son los mismos barristas quienes contradicen dicho testimonio de amor a lo propio cuando al caminar por la calle se encuentran grafitis con el nombre de su cuadrilla o “parche” como ellos lo llaman; o cuando las noticias muestran imágenes de sus integrantes destruyendo el amoblamiento público o incluso ocasionando daños al mismo escenario deportivo donde su equipo entra en escena.

Organización y anarquía

Aunque no se deben pasar por alto algunas barras que son bastante organizadas, pues cuentan con identificación de sus integrantes así como acuerdos de paz y cooperación con la fuerza pública y los entes oficiales de la ciudad; o las denominadas barras amigas, que cuando sus equipos se enfrentan aprovechan para compartir tiempo juntos en actividades que incluyen refrigerio, dinámicas y anécdotas; sin embargo son comportamientos limitados y en algunas ocasiones  motivo de burla y reproche por algunos ‘barristas’ más radicales.

El barrismo en Colombia no es más que una versión tergiversada de la esencia pura de una hinchada, pues a diferencia de las comitivas europeas, las colombianas no tienen como objetivo primordial apoyar el equipo, sino mostrar a su “rival de patio” quién es superior o quién hace sonar mejor los instrumentos. Es tanta la disputa por demostrar superioridad, que en una barra conformada por seguidores de un mismo equipo, hay discusiones sobre qué grupo de hinchas tiene mejores elementos.

Después de indagar con ex integrantes de barras bravas sobre cuál es la razón que lleva al declive de las mismas, la respuesta repetitiva fue “muchos se vuelven más hinchas de la barra que del equipo mismo”, dando a entender así que el comportamiento de estos grupos en Colombia puede ser una doctrina tan exagerada, que su objetivo primordial, el fútbol,  pasa a un segundo plano.

Y es que ni siquiera la misma Selección Colombia logra detener esa disputa que existe entre ellos; ya se mencionaba al principio lo admirable de los seguidores europeos, que apoyan su equipo nacional hasta el cansancio, sin importar el club local de preferencia.

En otros países

En algunos países de Suramérica el asunto no es diferente. Está el ejemplo ecuatoriano, donde  las barras más grandes del país se unen para cantarle a la Selección, ni hablar de Chile y los viajes masivos de sus hinchas a todos los países del cono sur cargando siempre una bandera gigante de su país.

En Argentina, como se puede apreciar en el video hinchas de River Plate y Boca Juniors, siendo los rivales más acérrimos en el fútbol dicho país, cantan juntos a su Selección; y dejan por lo alto el honor de su tierra cuando se encuentran siguiendo su equipo en el extranjero.

En contraste, en la Copa América 2011 el país presenciaba con vergüenza cómo 30 colombianos eran deportados de Argentina por iniciar una gresca en una estación del metro, todo por ser hinchas de equipos diferentes, el Independiente Medellín y América de Cali.

Ni hablar de este video, donde hinchas bumangueses atacaron a uno del América en Perú, hace escasamente unas semanas cuando la Selección Colombia derrotó a la selección del país mencionado en un partido por las eliminatorias al mundial Brasil 2014.

En ellos está cambiar, sino es así, ojalá  los colombianos amantes del fútbol entiendan que el cambio está en todos, que juntos pueden desterrar los personajes nocivos de los estadios, que se puede volver al fútbol en familia, que ir al estadio es motivo de diversión y no estar temiendo por peleas, que cuando la Selección juegue en otros países la hinchada colombiana se caracterice por su colorido y alegría, no por su incultura.

¿Qué esperan para empezar el cambio? No se puede olvidar que el próximo mundial es en Brasil, y una eventual clasificación cafetera, sumada a la cercanía geográfica del país de la samba, haría fácil un desplazamiento masivo de colombianos. ¿Qué imagen quieren dejar?