Ambos saben que es muy importante tener conciencia de cómo dirigirse y relacionarse con las plantas, ellas tienen elemental y conciencia; a través de la intuición saben a qué planta llegar para adquirir sanación, ya sea física o espiritual, asimilando todo el entorno de la naturaleza.   

 

Texto y fotografías: Adriam Bastidas

En medio de una zona franca, entre fábricas, humo, obreros sobrevivientes del nuevo porvenir nacional, camiones que cargan y descargan al ritmo que les dicta el clima, se encuentra la vereda Canabita, zona rural del municipio de Tocancipá, “pampanillas de nuestro padre” o “alegrías del Zipa”, según la sagrada y desprotegida lengua muisca y es allí, en pleno inicio del altiplano cundiboyacense, donde se encuentra El Edén.

El Edén es una pequeña finca rodeada por pinos gigantes y nacederos de agua en medio de las montañas donde viven el maestro y la señora Rosalba, una pareja de la tercera edad que decidió unirse a partir del cosmos amoroso, y de la filosofía sagrada del taoísmo, hace más de 20 años.

Ella, de estatura baja, corpulenta, mirada  punzante y mentalidad directa; él, alto, delgado, tez morena, marcada por los días soleados caribeños; se conocieron en el templo taoísta cristiano Sakroacuario, ubicado entre Charalá y Duitama.

Él, de Sabanalarga, Atlántico, criado en la zona rural, comerciante de granos y cereales, acostumbrado a una época en la que se negociaba con el trueque y los alimentos eran saludables; ella, arraigada a su cultura muisca, de mucho temple, trabajadora de la tierra, aguerrida, como las mujeres de la sabana, dispuesta a ayudar al otro.

El maestro, antes de llegar a la filosofía Taoísta, participó en comunidades cristianas y centros gnósticos por más de 10 años, con el único fin de adquirir conocimiento, y acercamiento a Dios, una especie de teosofía que buscaba un hombre costeño  y humilde para guiar a los extraviados.

El Edén es una pequeña finca rodeada por pinos gigantes y nacederos de agua en medio de las montañas donde viven el maestro y la señora Rosalba.

Saberes tradicionales

El hecho de que el maestro y Rosalba conozcan tanto de plantas medicinales, proviene de la herencia que les inculcaron sus padres y abuelos, quienes utilizaban la botánica como herramienta de sanación.

El maestro reforzó dichos conocimientos con capacitaciones en el Sena de Maicao, luego recorrió varios departamentos del país aprendiendo de la vida, y orientando a todo aquel que lo necesitara y lo permitiera.

Ambos saben que es muy importante tener conciencia de cómo dirigirse y relacionarse con las plantas, ellas tienen elemental y conciencia; a través de la intuición saben a qué planta llegar para adquirir sanación, ya sea física o espiritual, asimilando todo el entorno de la naturaleza.

De igual manera, saben que las grandes industrias conocen del poder de las plantas y empiezan a explotarlas y alterarlas a partir de preservativos perjudiciales que terminan haciendo el efecto contrario a la humanidad y contaminando todo su interior convirtiéndose en grandes enemigos del legado milenario de los pueblos aborígenes, y a pesar de este gran enemigo continúan y continuarán dando la pelea, a pesar de las adversidades; esa es su misión.

A pesar de la retinitis pigmentaria que padece el maestro, iniciada a los 15 años hasta ocasionar una ceguera parcial con un proceso lento, queda claro que sus otros sentidos viven alertas para continuar con su proceso de buscar sabiduría dentro de sí, su intuición y espiritualidad mantienen el equilibrio de su hogar.

Rosalba también lo llama maestro, al igual que los demás habitantes de la vereda, y los jóvenes  viajeros, mochileros que viven con ellos, hombres y mujeres de diferentes nacionalidades.

Según cuenta el maestro, por este pedacito de pacha mama sagrada han pasado españolas, franceses, norteamericanos, chilenos, bolivianos y hoy en día reside un peruano.

Juventudes  que buscan un lugar seguro y pacífico, para encontrarse a sí mismos, y pagan su estadía con trabajo en las huertas, con el cuidado de los animales, en el proceso de la apicultura, cocinando, construyendo malocas para la meditación, temazcales artesanales, o casas en los árboles para tener siempre presente el espíritu infantil, dentro de un pedazo de tierra fértil y emocional.

Juventudes  que buscan un lugar seguro y pacífico, para encontrarse a sí mismos, y pagan su estadía con trabajo.

Lugar de abrigo

Esta pareja  es una amor basado en dialogo constante, casi telepático, y en medio de sus cotidianidades, es un nuevo renacer que los invade, y se nota al momento de compartir con ellos, después de todo, esa es la mística del acompañarse y ser feliz con el otro.

Las puertas de El Edén muisca siempre están abiertas a la comunidad en general. Los primeros en hacer el recibimiento son algunos perros, una especie de cancerberos del bien, que olfatean a los visitantes, como si estuvieran analizando sus auras y sus energías.

Después de este filtro canino, quien en muchas ocasiones da la bienvenida es Rosalba, envuelta en su ruana de lana de oveja, y desde su sabiduría femenina, descifra con inmediatez quién está detrás, quién en verdad encarna ese cuerpo.

De manera inmediata puede recibir a sus visitantes entregándoles una lectura sobre el salto cuántico dimensional, la resonancia Schumann y la pérdida del magnetismo terrestre.

Sin ni siquiera preguntar sus nombres, entabla conversación sobre las cosmovisiones de civilizaciones que para muchos pueden ser desconocidas, dialoga sobre las sagradas escrituras y sobre la importancia de saber interpretarlas. Incluso, puede prestar libros, ya sea sobre esoterismo, magia rúnica, sobre ejercicios de lamasería,  hasta novelas futuristas, confiando plenamente en que serán devueltos una vez hayan sido leídos.

Con su andar sigiloso, Rosalba ingresa a su cocina, una pequeña caverna de saberes culinarios, todo un laboratorio de medicina alternativa, un ventanal grande, adornado por una enredadera, utensilios colgados en una viga de madera, un horno de leña construido por uno de los viajeros, frutas, frascos, plantas, flores.

Un contundente aroma de aguapanela, clavos y yerbabuena, se filtra entre los dibujos y retratos de indígenas chamanes que decoran gran parte de la humilde casa, y las telarañas que envuelven un bombillo vigilante. Bebida tradicional ofrecida para que la tertulia sea dinamizadora y constructiva para el alma.

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Rituales y sanaciones

Ambos  saben del gran poder curativo que tiene el tabaco, y de su importancia en los distintos rituales que se hacen en torno a la ayahuasca, al sampedro o yopo.

El Edén muisca ya es lugar de encuentro desde hace muchos años, para practicar ceremonias de sanación, y como dice el maestro: “la medicina obra a personas creyentes o no creyentes, pidiendo al Dios supremo, intercesor elemental, para en el hombre y la mujer nuestro hacedor permita curar al que lo emplee”.

En este modesto edén también se fabrican productos medicinales. Esta pareja, cómplice del poder curativo de la flora, hace pomadas, aceites, jabones para combatir y erradicar el dolor de espalda, el cáncer, úlceras, la depresión, el estrés, dándole total importancia a los cuatro elementos: agua, fuego, aire, tierra, acompañado por los nutrientes del ethos de estos dos amantes alquimistas.

La cotidianidad da inicio al no olvidar asombrarse de estar vivos. El maestro respira profundamente tres veces: padre, hijo, espíritu santo y da gracias por la vida.

Luego viene el estiramiento del cuerpo para pedir al universo ser mejor cada día, caminar un poco por los alrededores, saludar a una gata negra que se estira entre los muebles que decoran una sala circular, mientras Rosalba ya tiene el desayuno en la estufa, una esencia de cannabis a fuego lento; le da de comer a las gallinas, dialoga con los hijos viajeros visitantes, y se alista para ir a la casa de su madre, que vive en los alrededores,

En las tardes, algunas veces, ambos se sientan a tejer, arte que aprendieron en los talleres dictados por la Alcaldía para la tercera edad, aportando ideas sobre como integrar a la comunidad para seguir luchando contra políticos y entes de control, por el reconocimiento de sus tierras como cabildo muisca multicultural.

Afuera suena una guitarra y dos cotorras caminan por los tejados, tratando  de entablar cierta relación con los demás pájaros que trinan entre la niebla que comienza a disfrazar el paisaje.