Para no repetir la historia de conflicto de los últimos 80 años, Colombia deberá convivir con muchas versiones de lo ocurrido, según María Emma Wills.

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Por: Uniandes

La historia del conflicto en Colombia será un relato lleno de voces y matices. Será, dice María Emma Wills, doctora en filosofía e integrante del Centro Nacional de Memoria, como pelar una cebolla: con cada capa se irá descubriendo una versión diferente de los hechos, marcados por lógicas de guerra, ambición sobre la tierra, machismo, miradas de víctimas y victimarios, intolerancia, negación del otro o discriminación.

Wills, quien además integra la Comisión de la Historia del Conflicto y sus Víctimas, creada en agosto de 2014 y que entregó los resultados en diciembre de ese año, habló sobre el papel de este grupo de trabajo, sus retos, sus aportes.

– ¿En qué se diferencia esta comisión de otras?

– Es la primera vez que, de manera explícita, en un marco de negociación, se piensa que la narrativa sobre el pasado es importante para la paz.

– ¿Qué va a producir esta comisión de la historia del conflicto?

– En tres meses no va a producir un archivo de derechos humanos. Esta es una comisión histórica del conflicto y, mientras las comisiones de la verdad se detienen en hechos específicos para saber quién le hizo qué a quién, esta tiene un mandato interpretativo. Claro, necesita un bagaje empírico (datos cuantitativos, entrevistas, archivos) para cualquier interpretación. Se trata de lanzar grandes marcos interpretativos para que los colombianos sepamos que hay distintas versiones sobre el pasado, que algunas no serán reconciliables, pero que en otros casos seguramente habrá acuerdos. Ese es el aprendizaje.

– ¿Cómo nos va a servir?

– Que colegas de distintos pensamientos conversen sobre el pasado, para los colombianos, es un mensaje simbólico importante. La democracia no consiste en que todos pensemos igual, no es el consenso. Se trata más de que los disensos se expresen sin que el otro, el adversario, quede física o simbólicamente aniquilado. Esta comisión permite ver que podemos pensar, opinar e interpretar distinto el pasado y, sin embargo, hacer parte de una misma comunidad.

– Es un trabajo puramente académico, pedagógico y no político…

– Sí es político porque se da en el marco de una negociación de paz. Político no quiere decir que sea sesgado y se hable a favor del uno o del otro. Yo no me debo a nadie más que a mí misma y a mis criterios frente a la historia del país, no tengo que responder sino a mi conciencia y a mi preparación académica. El papel político se trata, de alguna manera, de dar ejemplo de cómo, a pesar de nuestras diferencias, podemos convivir y aceptar que el otro no opina igual que yo y no por eso lo odio, lo miro feo o no puedo tomar un café con él.

– ¿Cómo sensibilizar a un país polarizado?

– Hablo desde el Centro Nacional de Memoria Histórica. El principal mensaje pedagógico es uno: poder exponer los argumentos de quienes hacemos parte de esta comisión. No es solo un ejemplo de convivencia sino de fundamentar nuestras posturas y respaldarlas con material empírico. La apuesta es que si tú eres riguroso, tus versiones de la historia se matizan porque tienes que dejar que las víctimas y los hechos hablen. Cuando no los escuchamos, producimos narrativas históricas supremamente ideologizadas, donde hay buenos y malos. Este ejercicio va a mostrar que hay muchos grises en la voz de las víctimas del conflicto armado.

– La voz de las víctimas es un elemento. ¿Qué otros ayudan?

– Hay muchas versiones. Una democracia, más que nociones incuestionables de su historia, tiene escenarios donde las distintas versiones se pueden discutir. En Francia, hasta hace poco, en los textos de historia no se hablaba de lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, en parte vergonzoso para los franceses porque el gobierno de Pétain entregó el país a Hitler. Ahora sí se discute, pero no alrededor de una sola versión… Creer que vas a llegar a una versión de la historia es pensar como Hitler acerca de la historia alemana: ‘Hay una versión, yo la tengo, yo sé el destino de los alemanes, lo represento y lo encarno’. Ahí no hay discusión, eso no es democrático.

La pluralidad asusta pero hay que convivir con ella. No quiere decir que no haya responsabilidad frente al conflicto, debe haberla. Hay quienes tomaron decisiones y deben responder por ello.

– ¿Cuál debe ser el papel de la mujer en tiempos de posconflicto?

– Las mujeres han sido víctimas sobrevivientes pero también victimarias o perpetradoras o han pertenecido a organizaciones armadas. No se puede encasillar a nadie en un papel, porque la guerra es suficientemente compleja como para que tú te tengas que hacer preguntas incómodas. No se puede negar que existió una señora ‘La gata’ que tenía alianzas con paramilitares; no se puede negar que alias ‘La sombrerona’, en el Magdalena, tenía vínculos con Hernán Giraldo.

En fin, hay mujeres que fueron muy funcionales al proyecto paramilitar, y la mitad de la guerrilla de las Farc es hecha de mujeres que tomaron las armas. Innegablemente, en la reclamación de derechos, muchas de las organizaciones son de mujeres porque son sobrevivientes, porque muchos de sus compañeros fueron asesinados y porque ellas, en la guerra, tienen que sostener la vida… hay constructoras de memoria y ese papel debe ser reconocido, así como lo reconoce la conformación, en el marco de los acuerdos de La Habana, de una comisión para las mujeres. Es reconocer que los impactos de ciertos delitos no son los mismos sobre las mujeres que sobre los hombres. Hay que incorporar esas voces al relato político.

– Hay quienes dicen que esta Comisión de la Historia es una concesión a las Farc. ¿Cómo ‘blindar’ de críticas este trabajo?

– El mensaje que estamos dando todos, porque además lo compartimos y por convicción, es que es una comisión. Somos muy conscientes del momento histórico del país y de cómo exige un compromiso. Nos vemos como colegas académicos pensando en la historia, desde distintas orillas, pero como una comunidad. Es la pluralidad en la unidad. Creo que el país tiene la oportunidad de aprender del proceso, no solo de la Comisión Histórica, y de la capacidad de muchas personas que han puesto de su parte para que esto funcione. Todos estamos convencidos de que la guerra tiene unos costos humanos, de tejido social, de convicciones democráticas…

– ¿Qué decirles a los detractores del proceso con las Farc?

– Ellos no tienen una bolita de cristal ni nadie puede garantizar nada. Hay síntomas y señales de que estamos avanzando. Tenemos esperanzas. Es una apuesta. Pero la historia está llena de incertidumbres. Puede haber saboteadores terribles que hundan el barquito, es un barquito que avanza en medio de una tormenta.

– El pueblo que desconoce su historia, la repite. ¿Cómo hacemos ahora que la vamos a conocer?

– Más que conocer es comprender. En el Centro Nacional de Memoria llevamos un año largo pensando cómo hacer una caja de herramientas para la enseñanza del conflicto en el aula. No puede ser solo descriptiva (¿qué le pasó?, ¿qué a quién?). Tiene que brindarles a los muchachos y a los maestros las herramientas para que puedan hacerse preguntas y tengan una ruta, si se quiere, de argumentación y de recopilación de información para llegar a sus propias opiniones. La caja no puede ser ‘repita después de mí’. El joven en clase tiene que aprender a leer la realidad desde preguntas y desde conceptos analíticos que le permitan comprender cómo llegamos a donde llegamos. Y esa comprensión no es fácil porque no solo están la codicia sobre la tierra, las lógicas de la intolerancia, la negación del otro; también discriminaciones que se reactivan en la guerra… hay un racismo implícito en la guerra, hay un machismo terriblemente inculcado en algunos actores armados en sus reclutas. Comprender la guerra es como pelar una cebolla. Tu pelas una cebolla y dices: ‘Fue así’. Y pelas otra capa y dices: ‘Ah no, fue más complejo’… en fin. Enseñar a pelar la cebolla es lo que pretende la caja para comprender y leer los síntomas cuando estemos de nuevo transitando hacia una degradación, por ejemplo, antidemocrática, que nos lleve a la guerra de nuevo.

Algunos casos de comisiones de la verdad en el mundo y cronología del proceso de paz en Colombia 2012-2014.

La Comisión de la Historia del Conflicto en Colombia

Fecha de creación:
agosto de 2014

Objetivos:
– Analizar los efectos e impactos más notorios del conflicto sobre la población.
– Servir como insumo fundamental para la comprensión de la complejidad del conflicto y de las responsabilidades de quienes hayan participado o incidido.

Integrantes:
– Son 14. Hay 12 investigadores
: María Emma Wills, Renán Vega, Jairo Estrada, Javier Giraldo, Sergio de Zubiría, Alfredo Molano, Darío Fajardo, Víctor Moncayo, Francisco Gutiérrez Sanín, Daniel Pécaut, Jorge Giraldo, Gustavo Duncan, Eduardo Pizarro y Vicente Torrijos, y dos relatores: Víctor Manuel Moncayo y Eduardo Pizarro.