LA REENCARNACIÓN DE LOS CANES

En las calles de La Querendona se sobrevive en manada. Sortear los humores de una ciudad que lucha a diario entre el sol y la lluvia, esquivar los obstáculos de noches interminables y encontrar el rumbo en callejones sin salida, es más fácil si hay un grupo que aúlla con el mismo beat.

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Escribe / Jorman S. Lugo – Ilustra / Stella Maris

Los Canes son una jauría de artistas pereiranos que viven de la cultura del hip-hop. En medio de noches en las que buscaban el sentido a la vida, todas las calles los condujeron al otro, luego se acercaron a través de las palabras, el freestyle y el grafiti, y, sin pensarlo demasiado, crearon un grupo con el cual han sobrevivido el paso del tiempo y enfrentan su primera reencarnación.

Escuchándose en La máxima expresión, reconocieron el poder que tenía el otro en su palabra, en su voz, en sus imágenes, y se fueron juntando. Primero tres –Daco, Mario Can y Rothem–. Después, como si se tratara de un all stars, ficharon a Mich, Botas, Athan y Sac. Cada una de las incorporaciones le dio un tono al grupo, pero la identidad llegó con Botas. Su experiencia en la escena se remonta a la década del 2000, cuando el rap era sinónimo de pandillas. Pero esa tendencia gángster que venía desde la década anterior, viró hacia otros rumbos desde el 2010.

Mich: En el 2006 había otro pensamiento, era más gángster. Los 2000 son una especie de 90 2.0. Era una forma de resistir. Cuando conocí el rap todavía sentía ese rastro de la pandilla, de la legión: si alguien borraba un tag, lo buscaban por la ciudad para pegarle, con esa territorialidad marcada. Había esa raya de los 90. Pero luego se enfrentaron a una transición, a un nuevo público.

En ese viraje estético El Botas, ya dando sus primeros pasos como Can, sacó la brújula y puso como norte los orígenes del rap en Nueva York. Compartió su experiencia, conocimiento y pasión para que todos se nutrieran de las bases, del old school de las barriadas del Harlem, del funk. Todos lo aceptaron, entre otras cosas, porque los ayudaba a desarrollar los dos conceptos que identifican al grupo: la metafísica de alcanzar lo que se propongan y construir un grupo lleno de referencias icónicas, en su mayoría códigos puristas rescatados del mundo del coleccionismo.

El movimiento del rap en Pereira también se puso bajo la sombra del faro neoyorquino, conformando una escena agresiva con temas oscuros, con una tendencia a lo underground, a lo de difícil acceso.

Athan: Eran ( las de Nueva York) las referencias de todos, del hip-hop, porque era un estilo más underground, más fuerte. Incluso el rap de Pereira es pesado, oscuro. Es un rap distópico porque quieren escapar de la realidad de mierda. Por eso es tan agresivo. Y es música negra.

Estas características abrieron el camino primero a nivel nacional. Su estilo se filtró por las redes del mercado negro bogotano, generando amores y ansiedades por las próximas producciones. En internet llegaban mensajes alabando lo que publicaban, pidiendo más y preguntando quiénes eran. Al principio, eran radicales en su propuesta: los temas solo salían entre ellos, no se grababa ningún vídeo y en ningún momento, ni por azar, podían mostrar el rostro. No lo hacían con una intención especial, tan solo creían que todo lo que ellos hacían era para su propio disfrute y nada más.

Rothem: Allá (Bogotá) tuvimos público en masa. Allá notamos cómo se maneja esa temática de lo caleto, de los temas exclusivos. Eso en el coleccionismo se ve en todo tipo de música. Acá grabamos un par de temas y eso se filtró en el mercado negro de Bogotá y se volvió una bomba. ¡Un grupo pereirano haciendo slam! Eso generó una expectativa, un público en masa. Además, acá a pocas personas le interesaba tener temas de nosotros.

Esa puerta que se abrió gracias al mundo del coleccionismo los catapultó para que su trabajo creciera. No tardaron en aparecer otras producciones más ambiciosas: llegaron videos donde transitaban la ciudad mostrando los lugares más oscuros, aprovecharon casas abandonadas para hacer rituales donde profetizaban su destino, se internaron en bosques para confirmar que su jauría tenía el control. Incluso, aprovecharon el grafiti para configurar una línea estética que se impone en la ciudad.

El alimento espiritual que consumen es diverso. Pasa por obras clásicas del cine, los orígenes del rap y de las músicas negras que detonaron en América, como la salsa; obras de arte clásicas como los cuadros de Miguel Ángel y de Jacques-Louis David o narraciones míticas de otras culturas. Después de alimentados, empieza el proceso creativo. Algunas veces lo hacen de manera planificada: cada uno sigue un paso a paso, pero en otros momentos dejan que todo sea espontáneo, orgánico; que las ideas vayan fluyendo una tras otra para terminar los productos.

Después de varios trabajos en solitario y algunos en compañía, afrontaron su mayor reto, materializar su música. El sueño empezó su recorrido circular en Flavo. Allí soñaron con poder tener sobre sus manos la música que hacían, con ver sobre un fondo negro los surcos de las vibraciones, con sentir que sus palabras podían girar a 33 revoluciones por minuto. Y empezaron a dar los pasos para conseguirlo.

Fieles a su estilo, encontraron en el coleccionismo los códigos y el concepto que plantearían en cada tema. Recorrieron todos sus referentes, los orígenes, los estilos, dejando que la máquina creativa hiciera un viaje a las bases. Rescatando elementos valiosos del pasado construyeron una obra que será una oda al tiempo, un viaje que mostrará el proceso de su reencarnación: el misterio del espíritu hecho carne, de la carne hecha palabra y de la palabra sonando en un beat, transformada en fuego.

Athan: El disco Reencarnación o de la oda al tiempo estará cargado porque va a tener un viaje en el tiempo en el mundo de los subgéneros del hip hop. Los oyentes harán un recorrido por todos los estilos de la época dorada, que va desde los 80 a los 90. Ahí irán los sonidos, las referencias. Hay un tema para cada época. Al ser varios estilos, tratamos de ser fieles a cada uno de ellos poniendo el sello de nosotros.

Además de las referencias musicales y conceptuales que tiene el trabajo, el estilo de Los Canes está atravesado por el existencialismo. Cada uno de ellos comprende que la sociedad actual es una afrenta para todos, que la realidad carece de sentido y por eso, algunos trazos de su rap están escrito en clave distópica, para alejarse de la mierda diaria y para tratar de vacilar lo que puedan desde su imaginación.

Rothem: Me gusta el existencialismo y el vacile del hip hop. O sea, no decir mucho, pero que te quede chimba. Ese permiso que te da el rap de hablar lo que se te da la gana en un beat. Yo lo hago con un poco de existencialismo. Me siento capaz de escribir cualquier cosa.  Todos tenemos esa capacidad y esa comunión con el existencialismo, cada uno desde su estilo. Mitch va a lo profundo, a lo surreal, a la distopía, le gustan mucho las metáforas. Los otros también con su estilo le camellan mucho a eso.

El trabajo de Los Canes empieza a dejar huellas de una jauría poderosa en la ciudad. La reciente producción que lanzan al mercado en vinilo y en las plataformas digitales, no es la única que tienen en su tintero. Como seres indomables no dejarán que las mieles de ver a su primer hijo nacer y rodar en círculos les sacie el ímpetu creativo. Por eso ya tienen entre sus fauces el próximo trabajo, los próximos juntes.

Y así, como viajeros del tiempo, Los Canes demuestran que la espiral abstracta que nos envejece puede tener sentido si la palabra, en vez de aire, se hace de carne.

@JormanLugo