El famoso club argentino consumó casi un año después su retorno a primera división. River fue campeón, aún así su rendimiento futbolístico dejó dudas, de cara a un futuro que podría ser agobiante, o bien significar para la escuadra de Núñez su retorno glorioso entre los grandes.
Por: Daniel Cardona Henao
Hace un año, el 26 de junio de 2011, River Plate vivía el día más difícil de su historia: la derrota en la promoción contra Belgrano de Córdoba, consumando así su primer descenso a la Primera B Nacional. Ese mismo día se produjo la desazón, la tristeza, la rabia y el conocido “Monumental en llamas”, cuando unos vándalos provocaron graves daños en el mítico “gallinero”.
Todo ardía en el mundo River, todos se echaban la culpa, todos peleaban, todos lagrimeaban, pero pronto aparecerían varios ídolos que se pusieron la ardua labor de devolver al club al lugar que había perdido. Primero, Matías Almeyda como técnico sin experiencia y jugándose su imagen de referente. Luego, hijos pródigos de la casa como Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez volvían para comandar un barco naufragado hacia el sitio deseado, el ascenso. No importaba lo económico, lo primordial era devolver a River Plate a primera.
Y el camino comenzaba el 16 de agosto, en el Monumental, ante Chacarita. Un camino lleno de obstáculos era lo que se veía, la complejidad del Nacional B de Argentina y la obligación de ascender le provocaban la tensión que manejaría durante todo el campeonato. Al principio parecía que el “Millo” tenía un nivel superior, ganaba con facilidad y sin sufrir demasiado, haciendo uso de sus grandes individualidades. Pero, los primeros empates y la primera derrota ante Aldosivi mostraba que todo no iba a ser sencillo.
Sin embargo, la hinchada revolucionaba a la Argentina y, por qué no, al mundo. Canchas llenas, el rating en la televisión lo comandaban los partidos de la Banda…pese a esto, la revolución no era futbolística, y aunque River nunca salió de los tres primeros puestos, preocupaba el nivel mostrado en encuentros los cuales eran salvados por las grandes individualidades.
Como lo dijo Atilio Costa Febre (relator e hincha riverplatense): “jugadores que salieron muchas veces con las piernas temblorosas”. Y toda la razón: partidos donde no encontraban el rumbo, donde el estrés y los nervios podían más que las ganas y el talento. Incluso, se pedía la salida de Matías Almeyda como técnico porque el equipo no convencía y sembraba dudas. Claro, todos esperaban una superioridad del club sobre los demás en esta categoría, pero por algo los especialistas hablan de un torneo más difícil que el de primera división. En una decisión lógica, Pasarella respaldó el proceso del “Pelado” como técnico y le dio continuidad.
Empezando el segundo semestre de esta larga competencia se trajeron dos refuerzos de jerarquía como Leonardo Ponzio, futbolista querido en la institución, y David Trezeguet, goleador de nombre internacional y que vino en el final de su carrera a aportar al club de sus amores.
Últimos seis meses de lo que llamaron “La Pesadilla”, con varios referentes y un grupo de jóvenes canteranos que se la jugaron por la institución de Núñez. Aun así seguían cediendo puntos donde claramente el peor rival de River era River, sin demeritar a los otros rivales. Preocupación, sufrimiento, estrés y nervios marcaron siempre la campaña de retorno. Las individualidades salvaban partidos, nunca se solidificó una estrategia o un estilo, de juego, pero en esta época de urgencia el “cómo” pasaba a un segundo plano y el objetivo de ascender era lo principal.
Trezeguet era un goleador de jerarquía, encantaba al público millonario y argentino en poco tiempo con 14 goles en 19 partidos. Se iba acercando el final, la Banda nunca abandonó las posiciones de vanguardia, siempre anduvo cerca al ascenso, pero desperdiciaba oportunidades increíbles de ponerse al frente del torneo y acercarse más rápido al título.
Los equipos tenían la oportunidad de mostrarse jugando frente al club más ganador de torneos locales en la Argentina, por eso muchos le jugaban con ímpetu y le sacaban resultados valiosos, otros mostraban su inferioridad jerárquica y sucumbían en los encuentros ante el Millo. Pero, lo más importante para las instituciones era la inyección económica que representaban estos torneos, pedían estadio de mayor capacidad, le vendían la mayoría de entradas a precios altos y así tenían un gran fondo, porque la hinchada agotaba todas las boletas que eran ofecidas.
Quien vea el partido contra Almirante Brown, correspondiente a la última fecha del torneo y día del ascenso de River, podrá ver un resumen de todo lo que fue la campaña. Nervios en el primer tiempo por lo mal que jugaba el equipo, una hinchada que llenaba el estadio (a pesar de las sanciones) y alentaba sin parar y un equipo con actitud y deseo de ganar.
En el segundo tiempo aparecieron las individualidades: Trezeguet, Funes Mori y Ocampos salvaron al equipo de la banda cruzada Y por último, el gran desahogo, el estallido de lágrimas, emoción y alegría por la vuelta del Millonario a primera y el fin de este durísimo y sufrido Nacional B.
“363 días soñando con esto, River”, decía una pancarta en el Monumental, haciendo alusión al tiempo que pasó entre aquel 26 de junio de 2011 y el 23 de junio de 2012, día de la Resurrección riverplantense.
Festejos, alegrías, no importó el cómo se logró, River soportó el año más difícil de su historia saliendo campeón y, por obviedad, ascendiendo, con 73 puntos en 38 partidos jugados.
La gente agradeció al grupo de jugadores que cargaron con la cruz de la vuelta, con los ídolos que mostraron su amor y se hicieron cargo, mientras los jugadores agradecían a una maravillosa hinchada que nunca los dejó solos y los apoyó siempre, en todos los sectores de la Argentina.
Es así como de una revolución de pasión se pasó a la resurrección.
¿Y qué sigue con este resucitado River?
Ese es el interrogante de la mayoría. River empieza con 0 puntos en la tabla de promedios, lo cual quiere decir que debe sumar en la próxima temporada un puntaje cercano a los 60 puntos para no volver a sufrir con el tema del descenso. Pero, con la grandeza de este club no se piensa en eso, sino rápidamente en luchar los torneos a jugar y salir campeón.
La hinchada se lo exige. Para esto ya se plantea un panorama de tranquilidad. Lo lógico sería la continuidad de sus figuras y cuerpo técnico, en estos días el tema es una incógnita. No han renovado con ninguno, Alejandro Domínguez debe volver a Valencia, Fernando Cavenaghi tiene el pase en su poder y Matías Almeyda aún no ha definido si sigue a cargo del equipo.
Aquí sí importará el cómo juegue y se desarrolle, para eso se han empezado a contactar con jugadores de nombre y calidad importante para que el club pelee todo lo que juegue.
Por ahora, River Plate está en primera división dejando atrás aquel tortuoso descenso y año en la segunda categoría, pensando en seguir siendo ese club grande que derrochó pasión, sentimiento y alegría por toda la Argentina.
Bienvenido, River, al lugar que te mereces. El mundo del fútbol celebra tu ascenso.



