La felicidad repulsiva  Guillermo Martinez.  Género: Cuento. Editorial Planeta Colombiana S. A. 2015

Por: Gloria Chávez Vásquez 

 

Tomado de lagaceta.com.ar

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La primera pregunta, para acercarse a la narrativa del escritor argentino Guillermo Martinez es ¿Qué clase de ficción nos puede ofrecer un matemático en sus relatos? Luego, la intriga cuestiona ¿Qué hace diferente la narrativa de un matemático de la de un lingüista, historiador o filósofo? Y la curiosidad, buena motivación para la lectura, indaga ¿A quién se acerca más en su literatura? Respuestas que parece haber contestado, con anterioridad, el mismo autor en Borges y la Matemática (2003) un libro de ensayos donde no solo explora el pensamiento científico de JLB (1899-1986) sino la relación entre literatura, creación artística, física y matemáticas.

En el cerebro de Martínez conviven pues, en armonía, el matemático y el escritor. Por consiguiente su narrativa, suscita, mínimo, argumentos y conflictos muy interesantes. Otros escritores de misterio y crimen, algunos de ellos clásicos, como Agatha Christie, Arthur Conan Doyle o Georges Simenon ya han demostrado la eficiencia conjunta del análisis y la síntesis en la narración. Y en su obra hasta el momento, Guillermo Martinez también. Un ejemplo de ello es que entró por la puerta grande en la literatura, no solo en español, sino en inglés, cuando su libro Crímenes Imperceptibles (2003) traducido como The Oxford Murders, se convirtió en best seller en España y el Reino Unido, se tradujo en 32 idiomas, y se produjo en película dirigida por Alex de la Iglesia y protagonizada por Elijah Woods y John Hurt. Casi idéntica suerte corre su otro thriller, La muerte lenta de Luciana B.(The Book of Murder).        

Tras ganar el premio Gabriel Garcia Márquez al mejor cuento (2014), Guillermo Martinez (Bahía blanca, Argentina 1962) presentó en Colombia su colección de once cuentos con el título de uno de ellos: La felicidad repulsiva.

El titulo es irónico, pues el relato refleja más la fascinación masoquista de un académico frustrado por una familia adinerada, que él contrasta con la suya. Su vida entera gira en torno a los M. a quienes ha tomado como referente para demostrar el infortunio de su propio clan. Narrado por un protagonista anónimo (como en la mayoría de los relatos en esta colección) el cuento adquiere el ritmo casi mecánico de un torneo de tenis comparando los aconteceres de las dos familias. En su obsesión, una especie de envidia platónica, el hombre se resigna sabiendo que el suyo es un destino manifiesto. Que puede esperarlo todo, menos experimentar la felicidad aparente de la familia M. a quien ni siquiera puede tolerar en nombre propio.

Pero mejores que el del título, son sus cuentos Un gato muerto y La madre protectora, en los que Martinez da licencia a su alter ego matemático, para explorar y explicar sus teorías sobre la ilusión y la desilusión, la ley de las posibilidades, el juego de la hipótesis y el del azar; aplicadas a la vida real. En Un gato muerto, Martinez crea una ficción a través de las percepciones tergiversadas de los personajes, una pareja y una anciana en batalla campal por un gato que trae loco al vecindario con sus maullidos. En el proceso examina mitos y supersticiones como “el poder de desgaste de la mirada” para explicar la obsesión de los protagonistas.

En La madre protectora, el autor estructura el argumento en un mundo donde las circunstancias culturales y aparente locura de uno de los personajes, echa a tierra, en un efecto mariposa, la esperanza y la amistad de un grupo de artistas que ven autodestruirse gradualmente a uno de los suyos.

Tomado de la-balandra.com.ar

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Ambos cuentos son una continuidad de la mejor tradición narrativa del horror gótico iniciada por Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft y alude a los elementos repetitivos decididamente matemáticos de problemas mentales como la compulsión, la obsesión y la psicosis. Confirma además el recurso humano de patrones significativos como la sincronía, para dar sentido a las evidencias confusas de la vida. La premisa de Martinez es que la realidad es un caos y corresponde al individuo y al escritor hilar una historia con sentido.

El I Ching y el hombre de los papeles, es el diario de un escéptico, cuya hija yace en estado de coma en un hospital  y cuya mujer deduce su fe del libro del I Ching, el libro de las posibilidades. El protagonista, un maestro de ciencia, dicta una clase de azar, y busca, en el juego de la eliminación, que el libro falle en sus respuestas.  En el fondo, por supuesto, necesita con desespero que su hija se salve.

En Lo que toda niña debe ver, el autor visita una esquina del mundo decadente con un protagonista que se ha excedido en el alcohol y en su necesidad de aliviar su vejiga entra en un barrio marginal donde la casualidad lo precipita en un episodio sórdido: una mujer quiere que le enseñe su miembro a una pequeña que jamás ha visto uno. El encuentro sugiere una relación que puede durar o no con una mujer mayor y una niña que ha perdido su inocencia.

Tres de los cuentos elucidan la desazón de la juventud ante la vejez. Una incomodidad que puede rayar en fobia o en horror en Deja vu, o los reinos de la posición horizontal  y Unos ojos fatigados, y que alcanza un anticlímax psicológico en Help, help me! Martinez explora el comportamiento bizarro de la ancianidad, tanto en sus personajes femeninos como masculinos. Le horroriza la seguridad de llegar a ser uno de ellos. Pero si su percepción en la voz de sus personajes es terrible, su relación con el sexo es ambiguo y su asociación sexual con la mujer a pesar de ser erótica es repelente y a veces repulsiva (como en la felicidad del título).

Tres cuentos breves rompen la línea del suspenso psicológico en busca de otros temas, aunque conservan la tónica (en menor dosis) de misterio e intriga, dando paso a la casualidad y al cálculo, en una serie de coincidencias que juegan papel crítico en los argumentos: El sumidero de Dios es un breve cuento sobre el choque entre la fe y la ciencia. El peluquero vendrá es un recuento basado en el asesinato de Leon Trotsky, por un criminal insospechado y ocasional. El secreto es otro relato breve cuyo protagonista es un chico abusado por su hermano mayor y sobre la posibilidad de lo que sucedería si se revelara un secreto familiar.

Los temas de esta colección, la vejez, la  muerte, la familia, la enfermedad física o mental, no solo ambientan sino que sirven para motivar la recurrencia de hechos que sorprenden, como el punch line de un chiste cruel.

La descripción es meticulosa y abunda en términos científicos. Conceptos como “ecuaciones impenetrables”, “Una venganza infinitesimal a largo plazo”, “Una corriente secreta entre los dos”, “el bordado punzante de un dolor de cabeza”, “idea recurrente, lenta y circular.” Imágenes que confluyen y contribuyen a darle solidez a las historias como la liquidez de unos ojos, las cajas de libros que no acaban de encontrar el orden de un librero, el cono, el triangulo, el abanico de luz, la cascada de escaleras.

No resulta fácil identificarse con los personajes porque sus protagonistas son más bien observadores imparciales, desprendidos. Son transparentes, etéreos, sin una personalidad totalmente delineada o definida. Se mueven en otro plano distinto al de la realidad. Uno de esos personajes asegura que está “blindado por las ciencias exactas” y que cortar por lo sano era la regla de su madre, cuyo “costado práctico” era más “cercano a la crueldad”. Aún así, la seguridad en el estilo, elegante y bien medido, contribuye a la tensión narrativa.  

Guillermo Martinez ha sido calificado como un escritor “tan astuto y erudito como Borges” y su técnica en sus thrillers, como “una extensión de la de Agatha Christie”. Es ese toque característico,  que hace resaltar su cuentística: buscando una explicación, una solución, imposible de encontrar en la realidad con ecuaciones;  explora los lazos intrincados entre el mundo de las ciencias y las artes. La opción es clara, la solución no es posible sin la desilusión: como en la magia, vemos levitar  al mago (ilusión), pero sabemos del truco (desilusión).  Es la magia del humo y los espejos.

En términos matemáticos, el cuento es un “problema abstracto, una variante del dilema de Schrodinger; o un experimento mental (teoremas, postulados). La ilusión, la casualidad, la posibilidad conectan las discusiones matemáticas con la verdad. La solución de lo imposible, (el último teorema de Format ) da pie a la posibilidad de que el crimen “perfecto”, cometido por un psicópata, sea achacado a un inocente.

Según el escritor, la paradoja de Wittemberg  demuestra la imposibilidad de establecer una regla sin ambigüedades.  Esto no ayuda mucho a resolver un crimen, pero provee a los investigadores de un contexto intrigante para la exploración fundamental de un tema de misterio.