LA RUTA URBANA FRENADA POR LA COVID-19

Tres conductores de transporte urbano en la ruta La Pereira-La Virginia cuentan sus experiencias en tiempos de covid-19. Cumplir con el deber de transportar a otros que recién empiezan la llamada nueva normalidad es su tarea diaria.

 

Texto / Diego Firmiano – Fotografías / David Aronnax García Tapasco

Muy temprano, a las 4:40 a.m, Javier Montoya se alista para salir en su unidad de Líneas Pereiranas S.A (LIPSA), cubriendo la ruta La Virginia-Pereira-UTP. Desayuna, se encomienda a la virgen María y se dirige a su lugar de trabajo, no sin antes tomar las debidas precauciones de bioseguridad antes de iniciar labores. Ya en el volante recuerda que la empresa, como un milagro, le dio una oportunidad de trabajar, porque dos meses atrás, debido a su estado hipertenso y diabético, estuvo en la posible lista de recorte de personal que ASEMTUR (Asociación de Empresas de Transporte Urbano) estudió realizar a causa de la pandemia covid-19 que redujo el número de pasajeros en las rutas.

Desde hace 30 años Javier Montoya conduce vehículos de servicio público.

En marzo, mes de cumple años de LIPSA, se redujo el flujo de movilidad terrestre en el departamento de Risaralda en un 80 por ciento, frenando, literalmente, 14 empresas transportistas que prestaban servicio en el AMCO o Área Metropolitana del Centro Occidente. 3.150 conductores profesionales de transporte urbano, taxis particulares y sistema masivo dejaron de percibir ingresos por porcentaje de pasajeros y el salario.

Cuando el gremio de transportistas y las asociaciones como ASEMTUR, ATRAMSER y otras sintieron este remezón, se dieron cuenta que el drama apenas iniciaba. Sin embargo, Alberto Vanegas Tamiz, jefe de Javier Montoya, considerando que su empleado contaba con 30 años de servicio, primero en Transporte Metropolitano Perla de Otún S.A, luego en Transportes Florida S.A y ahora en Líneas Pereiranas, prefirió enviarlo a vacaciones, para no perder uno de los mejores conductores de su cartera.

«Líneas Pereiranas S.A nos capacitó en los lineamientos de bioseguridad con el fin de disminuir el riesgo de contagio, el cómo tratar con los pasajeros, el cuidado personal como conductores, el tratamiento de la unidad y otros asuntos que nos deben interesar a todos», dice Javier Montoya con la seguridad que tiene un alumno diligente por haber aprendido todo.

Cuando este conductor de 48 años menciona la capacitación dada por ASEMTUR, se refiere a la resolución 666 del 2020 del Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, que resuelve adoptar los protocolos de bioseguridad para la prevención de la transmisión de la covid-19 en el sector del transporte público. Este documento técnico contiene ocho medidas, que van desde desinfectar las unidades, evitar aglomeraciones, velar que haya un metro de distancia entre pasajeros, hasta cumplir a cabalidad con las normas de tránsito y planificar las rutas, las paradas y demás.

Héctor Fabio Herrera trabaja con LIPSA e Integra desde hace 28 año.

«En mi unidad busco las emisoras que dan consejos para que la gente entienda que esto del virus no es un juego. La muerte, sea en bus o a pie, puede llegarle a cualquiera por mero descuido. Lo importante es tener sentido común y, bueno, hay que cuidarse de forma individual, porque si no lo hace uno, ¿entonces quién?» Deja oír su voz Héctor Fabio Herrera, otro conductor de LIPSA y amigo de Javier que lleva más de 20 años en la empresa y que alterna sus turnos operando con INTEGRA, S.A, la compañía que engloba otras asociaciones de transportistas.

Con firmeza asegura que, en las rutas de su unidad en el AMCO, tres como promedio en un solo día, hay que trabajar con el tendido, es decir, no se permite llevar personas paradas. Ahora en su jornada diaria cuenta viajes con 12, 24 o 36 pasajeros, cuando en un recorrido normal, y antes de la pandemia, podría contabilizar hasta 80 como mínimo.

«Gente de pie no acepta la empresa. Ya si se quiere llenar el bus es una cuestión personal; sin embargo, es un riesgo que ni los conductores ni los pasajeros queremos correr. La misma gente reclama sobre la cantidad de personas que ingresa a la unidad y la empresa no garantiza nada si llegamos a salir positivos. Es mejor evitar», aclara Héctor, mientras aprieta una bolsa que contiene todo lo que su esposa empacó para su cuidado personal: alcohol glicerinado, pañuelos, tapabocas limpios, guantes de nitrilo y una foto de sus dos hijos. Cada noche, ya en su casa del barrio Guaduales, en Dosquebradas, y como familia, conversan sobre el creciente número de contagiados.

«Ella mira una aplicación en el celular y compra el periódico todos los días para estar al tanto del avance de esto», afirma, y por eso sabe que al mes de septiembre hay en el área metropolitana hay un número creciente de contagiados. «La seguridad comienza por casa», insiste Héctor en decir con justa razón y con la esperanza de seguir cuidando de su esposa y a sus dos hijos, tres motivos suficientes que tiene este conductor para mantenerse alerta ante cualquier eventualidad o riesgo de contagio.

Y esto es algo de lo que aprende Mauricio Santa, un conductor de 33 años que está atento no solo a lo emitido por la televisión o la radio, sino también a los consejos que sus dos compañeros entregan delante de todos. Porque este joven, con tan solo un año tras el volante, no se lamenta porque la pandemia haya cambiado las cosas de un momento a otro, aunque recién estaba comenzando en una carrera, que dice, es de las más apasionantes de su vida: manejar una buseta de la empresa de Líneas Pereiranas S.A.

Es el más joven de los entrevistados, se llama Mauricio Santa y también cubre la ruta Pereira-La Virginia.

Su ruta asignada Pereira-La Virginia y viceversa, le garantiza el sustento para su esposa, sus dos hijas y su suegra, que decidió convivir con ellos porque teme que, a su avanzada edad, pueda estar expuesta al contagio.  «Me siento motivado ya que la cuarentena en el país se terminó en septiembre», Mauricio dice con conocimiento y dando cuenta de la orden presidencial que pone fin al confinamiento en el que estaba Colombia desde hacía más de cinco meses. Y aunque no profundiza en el llamado «aislamiento selectivo» que viene junto con el mandato, entiende que es una buena señal el fin de la cuarentena, pues eso supone que se reestablecerá el flujo vehicular, se normalizará todo y así podrá ganar más comisiones por transportar pasajeros para su empresa.

«Antes que Iván Duque anunciara el fin de este ʺencierroʺ estaba pensando cambiarme a otro trabajo porque tengo una familia que sostener, pero al menos ahora hay esperanza». Según el decreto 575 del 2020, el gremio transportista no detuvo su marcha, pero miles de conductores se vieron afectados en sus ingresos como Javier, Héctor y Mauricio. Ahora Dosquebradas, Pereira y La Virginia –integrantes del AMCO– esperan reestablecer su economía, reactivar el transporte en toda su marcha y capacidad, sin descuidar ese «aislamiento selectivo» del que habló el presidente de la República en los medios.

Al final, Mauricio, quien bromea con otros compañeros poniéndose apodos relacionados con la pandemia, se conserva, pese a la emoción, en las recomendaciones que seguro le servirán para mucho tiempo. «Yo me lavo las manos constantemente, alcoholcito, gelcito, tengo el reglamento de la empresa en el bolsillo, y desde que uno salga con Dios todo está bien» y enfatiza en la idea de que él, su familia, los conductores y los ciudadanos, van a salir «victoriosos», pero eso sí, haciendo las cosas bien, porque por ahora hay que solicitar permisos para movilizarse a otras ciudades del país, no así para tomar un bus de Líneas Pereiranas S.A, en la tradicional ruta de La Virginia-Pereira.

@DFirmiano

Este artículo fue realizado en el marco de un acuerdo de financiación con Google News Initiative <strong><a href=”https://newsinitiative.withgoogle.com/journalism-emergency-relief-fund”>Journalism Emergency Relief Fund</a></strong>.