Sylviane entonces las juntó todas. Las amarró a la rendija por donde se escapa el aire caliente del metro y las dejó volar, como palomas en libertad. Se creó de esta forma una escultura de restricción policiaca, una obra de arte a mitad de un acto político como la manifestación del 1 de mayo, Día del Trabajo.  

 

1stMai2017-Paris-2-1

Texto: Adrián Roa Mendieta

Fotografía: David Córdova

Mi primero de mayo se pasó como caballo en un club de equitación, dando vueltas alrededor de un circuito sin fin. Además de recibir latigazos de realidad de vez en cuando. Sobre todo por el mundo en el que vivimos hoy. Así se pasó la marcha del trabajo en Paris: con latigazos de realidad. 

Nos fuimos, David y yo, a la Place de la République para tomar fotos y sentirnos “antisistema” por una tarde. Durante el trayecto de la manifestación no dejamos de discutir sobre este asunto. ¿Qué significa ser antisistema el día de hoy? Cuando llegamos a la plaza, David me dijo:

“Mira wey, en caso de que nos perdamos nos vemos en … ”

¡Bam! De pronto un sonido dejó sordo mis oídos. 

¡Bam! Se me irritaron los ojos.

¡Bam! ¡Cúbrete la cara y corre!

Una estampida de policías corriendo detrás de nosotros. O mejor dicho, nosotros siendo perseguidos por la policía. Y mi corazón que se arrancó como una motocicleta Harley Davidson. Pero, entonces, ¿qué significa ser antisistema el día de hoy? La pregunta quedó en el aire.

 ¡Siamo tutti antifascisti! La gente aplaude.

¡Siamo tutti antifascisti! Se escucha cada vez más fuerte.

¡Siamo tutti antifascisti! Es lo único que se escucha sobre el boulevard Beaumarchais.

 -Y, ¿por qué cantan en italiano?, pregunté a David.

-También cantaban unas en español, respondió.

 ¿Ser antisistema es incendiar un banco?

¿Ser antisistema es estudiar una maestría y no trabajar para el sistema?

El encabezado de una noticia de la agencia Notimex decía así: “Le Pen promete regresar al franco de ganar segunda vuelta electoral”. ¿Qué significa que gane Le Pen?, pregunté en voz alta. David se me quedó viendo.

¿Que los ilegales y refugiados se tengan que ir?, volví a preguntar en voz alta.

El silencio nunca fue tan incómodo. Y mi cabeza da vueltas como un caballo de equitación. En un circuito que no tiene fin. Los fotógrafos disfrazados con máscaras antigás y cascos.

Estamos en un mundo en guerra. ¿Se dan cuenta?

Minutos después David me dijo:

“Mira wey, una pinche bomba molotov explotó bien cerquita de mí. Hasta me dejó marcado el pantalón”. David se agachó para mostrarme el pantalón quemado, color café chamuscado. 

 Y no sé por qué me acordé de Sylviane. Una señora que estaba parada en la esquina de la calle nos platicó la historia:

Como las bandas de restricción policiaca impedían la manifestación sobre la acera, la gente las arrancó y las botó al suelo para poder pasar, como una basura. Sylviane entonces las juntó todas. Las amarró a la rendija por donde se escapa el aire caliente del metro y las dejó volar, como palomas en libertad. Se creó de esta forma una escultura de restricción policiaca, una obra de arte a mitad de un acto político como la manifestación del 1 de mayo, Día del Trabajo. Una obra de arte en medio de un mundo en destrucción. 

Uno recibe latigazos de realidad cuando menos se lo espera.