Mujeres esclavas en la literatura hay muchas. Casi todas ellas pasan por las obras como figuras que apuntan a ser fantasmagorías, apenas bosquejos de personajes o protagonistas inacabados que desaparecen de manera súbita. Una de ellas es Nay, Nay de Gambia, como prefiere ser nombrada.

 

Por Antonio Molina

En oscuro calabozo 

Cuya reja al sol ocultan

Negros y altos murallones

Que las prisiones circundan;

        En que sólo las cadenas

Que arrastro, el silencio turban

De esta soledad eterna,

Donde ni el viento se escucha…

      Muero sin ver tus montañas 

¡Oh patria!, donde mi cuna

Se meció bajo los bosques 

Que no cubrirán mi tumba.

 

Este es el canto fúnebre ante el cadáver de Feliciana (cuyo nombre real es Nay), la esclava africana que protagoniza parte de María, de Jorge Isaacs, y a cuya historia le dedica cinco capítulos el autor, nombrada a través de las voces de María y de Efraín, unas cuantas veces por medio de la propia mujer negra.

la hoguera lameA partir de este personaje se desarrolla una secuela, en realidad un hipertexto, La hoguera lame mi piel con cariño de perro, título de la novela histórica de Adelaida Fernández Ochoa, ganadora en el 2015 del Premio Casa de las Américas, uno de los más importantes en lengua castellana. Un logro para nada despreciable, pero que parece a pocos alertó en este país de centralismo, androcentrismo y de otros tantos irritantes ismos. Esta vez una escritora valluna, lejana de los círculos tradicionales del poder literario y académico, escalaba los peldaños que tantos grises escritores y profesores sueñan para sus muy cortas producciones. Y eso tenía que pagarlo la autora.

Pero los lamentos ante la escasa difusión de este premio y de la novela ganadora de poco sirven, por ello es más productivo entrar a hacer algo más constructivo: comentar la novela, porque de seguro pocos la leerán si no se divulga. Para hacerlo es conveniente escribir un tanto sobre la autora y su obra precedente.

Adelaida Fernández tiene a su haber otra novela, Que me busquen en el río (2006), además de varios cuentos, la mayoría de ellos breves y que se pueden leer en su blog Palabras para endulzar el café. Esta magister en literatura egresada de la UTP se dio a conocer entre algunos círculos por la novela ya mencionada del 2006, en la cual se aborda de manera muy vívida, como que la autora pudo presenciar parte de los hechos allí narrados, la desaparición y posterior asesinato del sacerdote Tiberio Fernández durante la masacre a cuentagotas que se dio en Trujillo, Valle del Cauca, entre 1987 y 1994. Un derramamiento que tampoco parece terminar.

En el 2014 terminó de escribir La hoguera lame…, novela secuela a su vez de las investigaciones para la tesis de maestría que fue destacada en su momento. En este sentido la obra es fruto de duales predecesoras –desde María hasta las rigurosas investigaciones académicas de posgrado-. Y eso es evidente en la novela: la notoria intertextualidad, con apartes muy breves tomados de Isaacs, hasta la profunda investigación que denota la escritura misma, algo que es muy destacable en los detalles. Por ejemplo, al abordar los orígenes de Candelario Mezú, uno de los protagonistas:

Era la fuente primera del movimiento Mackandal, un hombre que hizo la guerra con una sola mano porque el trapiche le había triturado la otra (…) Un sabio remoto lo describe como un houngán del rito radá, el Señor del Veneno.

La enorme inmersión en la cultura negra por parte de Fernández es algo que estimula la lectura, pues la profusión de datos bien insertos en la narración le otorgan un estatuto de verosimilitud a lo allí contado, a través de los dos grandes protagonistas que de hecho son las voces que tejen la obra: Nay de Gambia y su hijo Sundiata de Gambia (Juan Ángel en la obra de Isaacs). Casi como complemento aparecen otras voces, minoritarias todas ellas, excepto tal vez la del negro revolucionario Candelario Mezú y, en la parte inicial, la presencia central del General José María Obando.

adelaida 2

Adelaida Fernández Ochoa

La voz de Nay, que teje por completo la novela, se apoya a veces en la de Sundiata, hijo que muchas veces es el eco de su admirada madre. Se mencionan personajes de María, pero ellos son figurones blancos de una realidad que es negra en la voz de la protagonista, empecinada en regresar a África con su hijo, y para ello recurre a todo tipo de estrategias que la llevan adelante en su proyecto. Nay sueña también con su esposo Sinar, capturado junto con ella en su natal África, pero separados en diferentes cargamentos de esclavos de contrabando; luego sueña con Menzú, valiente respetado por los blancos criollos debido a su valor como estratega y por la tropa de esclavos enardecidos por su discurso libertario.

En María se dice: “Transcurridos seis meses, Nay se hacía entender ya en castellano, merced a la constancia con que se empeñaba Gabriela en enseñarle su lengua”. Pero en La hoguera… Nay piensa en su lengua nativa. Ella es una princesa sumida en la miseria de una tierra ajena, pues su padre es Magmahú, un gran jefe tribal Ashanti que pierde su poder y es derrotado por invasores enemigos. Por ello, instruido por su madre, Sundiata canta hermosamente de esta forma:

Woy ma ne tey la deemba bi jéeg

Woy ma wóy –i dekka bi

Tob -i béy yi

 Kaka kak –i gënna yi

(Cántame que hoy ya es ayer.

Cántame cantos de la aldea, del balar de las cabras , del tac tac del mortero)

África, tierra de cantos profundos es un llamado perenne que Nay atiende, sobreponiéndose a todas las vicisitudes de ser negra, de ser mujer, dos palabras que se repiten como epítetos por parte de varios de los personajes, todos ellos masculinos. Acá es justo enfatizar en algo que de seguro amerita un acercamiento más concienzudo: la musicalidad en la prosa de Fernández, pues las palabras no solo dicen, suenan, nombran ese nuevo mundo extraño para Nay, pero lo hacen con enumeraciones de yerbas, comidas, paisajes que tienen en sí mismos insertos el ritmo de los tambores, de esos mismos con los cuales se comunican las comunidades negras.

Estamos frente a una novela de sumo cuidado en la escritura y en la investigación previa, en donde la planeación de cada una de las intervenciones de Nay y Sundiata obedece a un trazado riguroso, pero que vuela en calidad literaria al recurrir a una prosa pletórica de musicalidades que vienen del corazón de África. Un libro que dice mucho sobre lo que somos, sobre lo que seremos, escarbando en la quiromancia verde de las sabanas africanas de donde todo humano proviene.

 

FICHA TÉCNICA

Título: La hoguera lame mi piel con cariño de perro

Autora: Adelayda Fernández Ochoa

Editorial: Fondo Editorial Casa de la Américas

Año: 2015

Páginas: 188