¡Mariposas brujas! ¡Brujas! Mariposas que nacen en el verano y buscan la oscuridad y el calor de los cañales. Mariposas que aletean provocando graves carcajadas en el aire. Mariposas que pasan ante mi vista y ahora me nublan el recuerdo.
Por: Andrés Felipe Yaya
El verano destemplaba los hilos del viento y lo hacía desaparecer. El calor caía en seco sobre las cosas deformándolas, apachurrándolas. Semejaba el mismo infierno, era un caos. La Virginia siempre se ha caracterizado por lo candente que ha sido, por sus habitantes: drogos y Sidiosos, escribo la palabra en mayúscula porque se puede caracterizar como un habitante más en el pueblo y que merece que lo tome en serio.
De Virginia no tiene ni los vestigios, no debería llamarse La Virginia sino laguna de podredumbre: se inunda hasta los rincones espantando ratas, cucarachas, culebras, sapos, toda clase de especie que existe en las alcantarillas. Uno se da cuenta de que se le va meter el agua cuando por los sifones comienzan a subir esas criaturas; entonces se comienza a subir las cosas en un ladrillo, después en dos, en tres, cuatro, cinco, seis, en el techo, después: “llamen un camión y llevemos las cosas para un lugar seguro que la vaina se jodió”… se grita con el agua en la nuca.
¿Lugar seguro en una isla que se la comienza a tragar el agua?, preguntaba yo, no me hagan reír. Después que el agua comienza a subir de nivel es un animal indomable, no hay rezo ni conjuro ni Dios ni diablo que la detenga. Esperar es la opción más correcta y subir las cosas lo más altas que se pueda, en el techo. Cuando se está en ese apogeo aparecen los vecinos, los bomberos, la defensa civil, el ejército… a evacuar, a subir ¿a evacuar? ¿a subir? Lo que vienen es a robar esos hijueputas, cuanta cosa que encuentren a su camino se la roban, las dañan, las dejan caer, las refunden. Lo primero que buscan es la cocina para acabar con lo que haya: huevos, pan, galletas, mangos, naranjas, todo cabe en sus estómagos, bocas, bolsillos; seguidamente se largan y salen diciendo: “madre, no se preocupe, el nivel no aumenta” y salían como Pedro por su casa y el agua: subía, subía y subía tapando hasta el mismísimo putas.
En época de verano es un infierno y en invierno es solo agua; no se sabe cuál es preferible, no hay de que agarrarse. Dicen que un padre maldijo al pueblo diciendo que La Virginia será desaparecida por el agua a causa de tanto mal: prostitutas, drogas, muertes. Eso lo dijo porque era padrecito que vivía solo, un matoncito de primera, porque el pobrecito mantenía encerrado y no había nada para él. Entonces no tuvo más opción que ponerse a maldecir, como último remedio para llamar la atención. Solo iban a misa las mismas viejitas cada ocho días: viejitas que ni siquiera veían y mantienen con el escapulario en las manos: rezando el Ave María en plena calle, viviendo a sus anchas.
Esa época fue de las más calientes del pueblo, me decía mi abuelo, mataban a diario. El Cauca bajaba cargado de muertos y en los muertos gallinazos comiendo sus carnes, tripas, ojos, hasta reducirlos a unos huesos medio pegados, podridos que sacaban los bomberos en Beltrán y entregaban a las familias en bolsas de basura. ¿Y el padrecito? En el infierno estará ardiendo ese sinvergüenza.
Por lo pronto, mientras seguíamos el camino hacia la finca, los cañales era el punto de encuentro de mariposas negras que llenaban la carretera, los potreros, los árboles y los rincones donde la luz no entra ni a palo. Se estrellaban contra el parabrisas del carro por bandadas perjudicando la visión. Mi abuelo injuriaba su existencia, mientras yo en el asiento trasero solo callaba de pánico; las mariposas eran grandes, horrendas y al acercarse a la ventana se desnudaban mostrando lo que las constituía: extraña fealdad. Para explicar mejor, eran de esas mariposas que se entran en la casa iniciando la noche y uno la agarra para buscarle números en sus alas para luego hacer el chance ¡Sí, de esas! ¡Mariposas brujas! ¡Brujas! Mariposas que nacen en el verano y buscan la oscuridad y el calor de los cañales. Mariposas que aletean provocando graves carcajadas en el aire. Mariposas que pasan ante mi vista y ahora me nublan el recuerdo.
Después de una semana en la finca de mis abuelos las mariposas comenzaron a extinguirse porque se acercaba octubre: ¡octubre mes de las brujas!, de las brujas mariposas no, de la brujas de carne y hueso: brujas que en las noches visitan a mi abuelo montándosele en el pecho hasta dejarlo sin respiración. ¡Mujeres brujas! ¡Brujas callejeras! ¡Brujas hijueputas! Al ver que las mariposas morían se espantó mi pánico, murió junto con ellas, se fue con ellas ¿A dónde? A donde van las mariposas cuando mueren ¿al cielo? ¿al infierno? Como eran brujas me imagino que al infierno.
Habían ya pocas en la finca, entonces con mis primos nos dimos a la tarea de rescatarlas: pasábamos la tarde tras ellas, entre los platanales, yucales, la cañada, como corriendo tras el viento. Las agarrábamos y las encerrábamos en bolsas plásticas que amarrábamos en los guayabos; claro que le hacíamos orificios para que les circulara el aire. ¿Estúpido? Las mariposas también respiran, son animales, más estúpida es usted que no cree, terminaba la conversación con Soledad, una señora que de tanto trajín por el mundo fue a parar en la finca de mis abuelos y ayudaba a mi abuela en el oficio de la casa: lavaba, planchaba, hacía el desayuno, el almuerzo, la comida la hacía mi abuela para consentir al abuelo; todo eso hacía Soledad sin recibir pago alguno, solamente la comida y un rinconcito en la bodega donde dormía con tres gatos y dos perros.
En cuanto a las mariposas las dejábamos hasta el día siguiente y seguidamente las soltábamos con la transparencia del alba y luego en la noche nos volvíamos a encontrar pero cada vez eran menos, menos, se iban, las bolsas sobraban, todo era inútil, pasaban como pasan los días que uno no puede detener porque la estúpida realidad se nos burla en la cara. Las lluvias las mataba, el tiempo, la noche, la vejez; y con ellas se fueron mis pasos de la infancia, que ahora persigo, pero sé que es inútil: los años los borraron. ¡Todo se fue!



