Mulas de oro

La arriería se mantiene como una tradición en Marmato después de 475 años de fundación. Las mulas son el único medio de transporte que puede con las empinadas laderas de la montaña sobre la que se asienta el pueblo.

Fotografías por: Steven Morales

En Marmato coexisten dos realidades: lo actual y lo colonial. Las mulas trepan las escarpadas laderas de Cien Pesos y como si fuera una ironía motociclistas transitan los empinados caminos de herradura y piedra. Allí la combustión interna de los motores tiene sus límites y la tracción animal lo puede todo. Las mulas sortean los caminos difíciles a paso lento; las herraduras se hunden en la tierra amarilla y húmeda, y el olor del estiércol es fuerte. Los arrieros cargan a las mulas de una en una hasta que la operación esté terminada y se disponen a andar. Suena el chasquido del juete en en la piel del animal y andan despacio contoneando la cabeza. (Si desea conocer más sobre Marmato, lea “Marmato – Voces de lucha”)

El arriero llama a las mulas por su nombre y les hace sonidos que estas reconocen, y así se acelera o aligera la marcha. Se van despacio por los caminos de barro y piedras, mientras del cielo cae agua de una manguera que está rota.