¿NO CREE EN BRUJAS? ESTAS, SUS VÍCTIMAS, SÍ

Muchos niegan su existencia, otros dicen que son efectos de la imaginación, hay quienes creen en ellas tanto como en la religión.


Torre de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, ubicada en el parque principal de Carmen de Viboral. Ilustración / Luisa Martínez.

Por / Luisa Martínez

En los cuentos infantiles las caracterizan por ser mujeres feas y malvadas, que tienen poderes mágicos y que, generalmente, pueden volar en una escoba. Pero en este pueblo del Oriente antioqueño, los rasgos físicos quedan a un lado: cualquier mujer puede ser bruja, esos atemorizantes personajes que en la noche se transforman, seres con nombre y apellido, que son esposas, tías, mamás, primas o que, simplemente, deseen ser “servidoras” del mal.

El Carmen de Viboral fue fundado en 1752 cuando el padre de Marinilla, Fabián Sebastián Jiménez, mandó a construir una finca a la que nombró Carmen. Se dice que después se le añadió “de Viboral”, porque en el territorio había una desmedida cantidad de víboras, animales que componen una de las subfamilias de las serpientes y que son asociados al mal en referencias bíblicas, además, según Manuel Charro, en su artículo Serpientes: ni dioses ni demonios: “los naturalistas antiguos aceptaron la idea de que las serpientes son malvadas, por su aspecto repulsivo se le asocia generalmente como genio de mal, con las tinieblas, con la tierra”. Y si a las brujas también las asocian al mal y las tinieblas, ¿tendrán relación las víboras y las brujas de El Carmen?

Cuenta Heriberto Naranjo que las travesuras de las brujas eran continuas y con el tiempo se fue acostumbrando a ellas. Fotografía / Cortesía

Heriberto Naranjo, personaje del que se hablará más adelante, dice que para ser bruja las mujeres tienen que negar la existencia de Dios, no creer en la religión y no consumir alimentos con sal porque les impide volar. Según el diccionario de la Real Academia Española, una de las acepciones de la palabra bruja es: “persona a la que se le atribuyen poderes mágicos obtenidos del diablo”. Naranjo coincide en esto: “una bruja no cree en la Virgen, no cree en Dios, no cree en nada. Ellas se entregan al diablo, son servidoras de él”.

 

Víctimas de mujeres enamoradas

Un hombre, que llamaremos Andrés*, confesó ser perjudicado por brujería. Los hechos ocurrieron hace tres años, en El Carmen de Viboral, donde pasaba las noches con asfixia, presión en el pecho e incapacidad de moverse.

“Me daba miedo que llegara la noche, intentaba gritar, llorar y no podía. Trataba de apretar las manos, pero no tenía fuerza”, recordó. Sospechaba que quien causaba esos ataques era su exnovia, porque, aunque habían terminado varios años atrás, ella no había dejado de buscarlo y acosarlo. Incluso, el día de su boda con su esposa, llamó a su hermano, pues no él tenía celular, pidiéndole que no se casara porque ella aún lo quería. Transcurrieron tres semanas y cada noche era lo mismo: “un día me relajé, empecé a rezar y dije que si alguna persona quería hacerme daño que se presentara, que dijera qué quería. Después de que dije eso, no volví a sentir algo parecido”. Tampoco volvió a saber de esa mujer, pues tiempo después ella abandonó la vereda.

La historia de Rubén Martínez fue similar, pero los ataques tuvieron mayor duración, casi un año completo. En los años 90, cuando tenía 16 años, en la casa en que vivía solo había luz en la parte del frente, así que su habitación en la noche quedaba completamente obscura.

“Yo me dormía y, de un momento a otro, sentía que alguien se me subía en el pecho. En dos veces amanecí desnudo y mojado”. Sospechaba de una vecina que permanecía mucho tiempo en su casa y que en más de una ocasión encontraba sentada en su cama. Nunca lo confirmó; sin embargo, agradece que no le haya hecho lo que a uno de sus amigos: “a él lo embolataba una bruja, toda la noche ande y ande, y no avanzaba, siempre seguía en el mismo punto. El espíritu era el que salía porque el cuerpo quedaba en la cama”. Dice que no hay nada mejor contra las brujas que usar la ropa interior al revés, lo que ha hecho desde hace más de 20 años y al parecer le ha funcionado pues no volvió a presenciar experiencias de ese tipo.

Las mujeres también eran objetos de brujería

Gladis Ramírez en el año 2002, durante el embarazo. Fotografía / Cortesía

Aunque casi todos los relatos apuntan a que en su mayoría los perjudicados eran hombres, no siempre era así. Tal fue el caso de Gladis Ramírez. En el 2002, cuando estaba en embarazo de su primera hija y vivía con su esposo, Misael Valencia, una supuesta bruja arremetió inicialmente contra su cónyuge. Le causaba ahogamiento y presión en el pecho durante la noche, y en la casa constantemente se oían ruidos de pasos y movimientos de objetos en la cocina.

“Un día estaba durmiendo y sentí que alguien se paró al lado de la cama, después una presión que no me dejaba respirar, ella estaba encima de mí y como tenía el embarazo muy avanzado, la bebé se movió, cuando ella se movió, la bruja se fue”, confiesa.

Desde entonces, la víctima dejó de ser Misael y pasó a ser Gladis. “Yo le decía a mi esposo que me cogiera de la mano, que si yo sentía algo lo apretaba. Todas las noches nos dormíamos con las manos agarradas”, a pesar de ello cada vez que Gladis intentaba apretar su mano, había una fuerza extraña que no se lo permitía y Misael en medio de su sueño, no se enteraba de los episodios que no dejaban descansar a Gladis.

Acudieron entonces a donde un sacerdote en busca de ayuda, él les dijo que durmieran con sal empuñada, también les prestó una Biblia, un Rosario para que lo colgaran en la habitación. Todos los esfuerzos para luchar contra aquel ser fueron en vano, no dejaron de sentir su presencia sino hasta cuando se fueron de aquella casa en la que habían vivido casi un año: “Intentamos todo lo que las personas nos decían que hiciéramos, pero nada dio resultado. Hasta que nos fuimos para una casa que mi esposo estaba construyendo por ahí mismo”.

 

No solo El Carmen es un pueblo de brujas

Estos relatos se extienden a otros pueblos del Oriente antioqueño, uno de ellos es Sonsón, que limita con El Carmen de Viboral y del que es oriundo Heriberto Naranjo. El abuelo de Heriberto fue víctima de esas criaturas malvadas. Alrededor de los años 60, mientras trabajaba en un establecimiento de caña ubicado en la vereda El Guamal, al final de su jornada vio una yegua blanca pasteando, le pegó una palmada y ella se fue. Cuando él iba llegando a la casa, se agachó para abrir la puerta de tranquera y sintió una fuerte palmada en su espalda, cuando volteo solo escuchó una carcajada. Cuenta Naranjo que las travesuras eran continuas y con el tiempo se fue acostumbrando a ellas.

Muchas veces escuchaba la molienda prendida, se levantaba e iba al trapiche, cuando llegaba encontraba todo tal como lo había dejado. Las otras personas de la casa también oían a alguien que arrastraba cueros por el piso, pero el afectado por la brujería no escuchaba nada.

Naranjo afirma que su abuelo: “metía un machete, una navaja o una camándula debajo de la almohada y no le valía, lo único que servía era lo del cabello”. Una forma de confirmar la sospecha en la que se le pedía un cabello a la bruja cuando la sentían presente. De este modo se liberó su abuelo de aquel tormentoso ser: “alguien le dijo que si sospechaba quién era pusiera el sombrero en el nochero y le pidiera que le dejara un cabello debajo de él. Al otro día lo levantó, encontró el cabello y ella no molestó más”, recordó Heriberto, quien cree firmemente en su existencia. “Hoy en día no creen en brujas porque todo está iluminado, poblado, antes a las veredas no llegaba la luz, por eso pasaban esas cosas”.

Su abuela, Herlinda, tenía buen ojo para identificar a las brujas, desconfiaba de la novia de uno de sus hijos, así que sabiendo que ella iría de visita acudió al método de la aguja: “cogió una aguja y la clavó por el ojo [de la cerradura] en la puerta, llegaron las 6 de la tarde y la muchacha no se iba, le tuvo que decir a mi abuela que, si por favor le podía quitar esa aguja, porque si pasaba se iba a chuzar. Mi abuela la quitó, ella se fue y nunca la volvieron a ver”.

 

De historias individuales a mitos populares

Cuando tenía 16 años Rubén Martínez (de amarillo) fue perseguido por las brujas.

Tanto Rubén como Heriberto coincidieron en una historia particular sobre este tema, a pesar de que se trataba de poblaciones distintas: Sonsón y El Carmen de Viboral. A Rubén le contaron que a un hombre le decían que veían mucho a la esposa en fiestas y que él no creía porque todos los días dormían juntos. Los amigos le comentaban que era el espíritu quien salía, así que el esposo cogió una candela y le quemó parte de la piel, ante la reacción tardía de la mujer, confirmó la sospecha.

La historia de Heriberto es muy similar: un hombre al que le decían que la esposa era bruja, y que mantenía en fiestas, quemó un alambre hasta que estuvo completamente rojo y después se lo puso a la mujer en el dedo gordo del pie, ella tuvo la misma respuesta que la mujer de la historia anterior. “Son historias increíbles, pero pasan, antes se veía más eso, a mí me tocó, a mis papás y a los abuelos”, comenta Rubén.

Las víctimas afirman que son mujeres que tienen una relación profunda con los animales y una que otra vez escuchaban de alguna que se había convertido en mula o en gallina, también era usual ver al amanecer caballos con trenzas anudadas en la crin o la cola, peinados hechos por brujas que eran casi imposibles de quitar sin recurrir a las tijeras.

 

Explicaciones naturales de la brujería

Desde diversas áreas de la ciencia proponen explicaciones a lo que la humanidad define como brujería; aluden a que algunos hechos se deben a fenómenos naturales o afecciones en la salud. Es el caso por ejemplo de los campesinos que le achacan a acciones mágicas el mal estado de sus cultivos y piensan que los daños son causados por envidia, Carolina Mejía Mejía, estudiante de comunicación social y directora del semillero de Historia en Eafit, quien realizó una investigación en brujería en el 2019, afirma que “el ser humano ante el desconocimiento e imposibilidad de describir ciertas causas, tiende a asociarlas con actos de hechicería”.

Otro factor importante es la alfabetización de los pueblos rurales. “La brujería es reconocida como un fenómeno de la premodernidad porque estos municipios no tenían acceso a la información. Las brujas en los pueblos están relacionadas a la imagen que ha sido vendida a través de la industria cultural, películas y literatura. Historias de brujas malas que le hacen trenzas a los caballos y los ponen a relinchar, que se suben a los techos y se burlan de la gente, son algunas que me relataban en la investigación”, dice Mejía, quien lleva 4 años investigando sobre la brujería en Antioquia y nunca ha tenido una manifestación de una bruja o cualquier acto relacionado con algo sobrenatural: “como Santo Tomás, hasta no ver no creer”, dijo.

Muchos niegan su existencia, otros dicen que son efectos de la imaginación, hay quienes creen en ellas tanto como en la religión. Cierto o no, se tejió la leyenda de su existencia entre los habitantes de El Carmen de Viboral y todo el Oriente de Antioquia, esa misma que se ha extendido a la zona de influencia paisa. Cierto o no, es una región que se ha caracterizado por la transmisión oral de leyendas de brujas entre una población construida bajo la formación del poder religioso y moral de la Iglesia Católica. Cierto o no, creer o no. Ahora es su decisión.