Rodrigo Londoño Echeverry, más conocido como Timoleón Jiménez o Timochenko, visitó Pereira el 30 de julio como parte de una gira del partido político FARC, del cual es su presidente. Después de asistir a un foro y un evento con organizaciones sociales, Londoño llegó fuertemente escoltado hasta un pequeño hotel del centro de la ciudad para sostener una reunión privada con militantes de su partido.

Es la primera vez que lo digo, pero yo creo que fue apresurado por parte nuestra, nosotros teníamos las curules, no necesitábamos ponernos a llamar a la gente.

Texto: Camilo Alzate. Fotografías: Maritza Palma Lozano

¿Qué balance hace de las últimas elecciones?  Obtuvieron poco más de 50.000 votos, no era lo que esperaban. ¿Ustedes quizá sobreestimaron el capital político?

Hay varias lecturas, no es en blanco y negro, y estamos en un momento muy particular; primero que todo teníamos aseguradas las curules, así sacáramos un voto o sacáramos un millón, entonces muchos sectores nuestros dijeron que más bien iban a votar por Iván Cepeda, un hombre muy referenciado entre la izquierda colombiana y la gente que lucha por la paz, nadie quería la posibilidad de que Iván Cepeda se fuera a quemar. Y así sucedió también con otros casos. Esa es una lectura cierta, porque la gente nos lo ha dicho.

Es la primera vez que lo digo, pero yo creo que fue apresurado por parte nuestra, nosotros teníamos las curules, no necesitábamos ponernos a llamar a la gente. Habíamos tomado inicialmente una decisión, que yo creo que era sabia, pero que luego se cambió; la decisión era que votaran solamente los 111 miembros de la dirección, para hacer una votación simbólica por la lista nuestra, y el resto de la gente que apoyara a otras alternativas de izquierda. Eso lo hablamos, pero después en la dinámica algunos se emocionaron y plantearon que de todos modos la actividad electoral necesita una preparación, necesita una maquinaria, un aparato y había que hacer ese aprendizaje.

 

Me está dando a entender que la gente cercana a las FARC y sus bases habían apoyado antes a candidatos como Iván Cepeda.

Es lo más seguro. Habría que preguntarles a ellos.

De todas maneras, esta clase dirigente tomó la decisión de abrir las compuertas para la salida política. Los dos ejes fundamentales de esa salida son la seguridad jurídica y la participación en política.

Karl von Clausewitz, el famoso teórico de la guerra, creía que en la mesa de negociaciones no se consigue nada que no se haya ganado antes en el campo de batalla. Mi impresión es que a ustedes los están derrotando después de la batalla: con la burocracia, con la politiquería, con la implementación de los acuerdos.

No, yo creo que nosotros logramos en la mesa de negociaciones lo que la correlación de fuerzas permitió. Hubiéramos querido mucho más, pero fue la correlación de fuerzas existentes la que permitió llegar hasta donde llegamos.

 

Pero ni siquiera les cumplen lo que fue pactado en los diálogos…

Eso ya es otra cosa, es otro elemento distinto a lo que se logró en la mesa. De todas maneras, esta clase dirigente tomó la decisión de abrir las compuertas para la salida política. Los dos ejes fundamentales de esa salida son la seguridad jurídica y la participación en política. ¿La participación en política para qué? Para seguir luchando por los ideales que motivaron la lucha armada. Hombre, es claro que no van a permitir que esa fuerza se consolide de un día para otro, eso nos toca pelearlo en el terreno de la confrontación política.

 

¿Será que el adversario los llevó a un terreno donde ustedes ya no son tan hábiles?

Es una lectura que pueden hacer y es respetable. Nosotros tenemos otra lectura y es que hay muchas posibilidades, pero hay que abrirlas, hay que trabajarlas.

 

Alberto Pinzón Sánchez, el médico y antropólogo que hizo parte de la Comisión de Notables durante los diálogos del Caguán, publicó un artículo [ver] afirmando que la muerte de Alfonso Cano fue ordenada por el Presidente Santos para forzar una negociación de paz con un comandante débil y manipulable dentro de la guerrilla, y ese comandante era usted. ¿Qué opina?

No tengo ninguna opinión. Habrá que preguntarle a él si tiene los elementos para hacer cierta esa afirmación.

 

¿Tal vez Alfonso Cano hubiera sido más intransigente en la mesa de negociaciones?

Yo creo que hubiera sido más rápida y más completa la negociación. Porque nosotros nunca lo hemos negado, y en especial yo, que fui toda la vida un admirador de Alfonso, de su capacidad dialéctica, de su capacidad de lectura del momento, creo que las decisiones se hubieran tomado mucho más rápido, esta vez hubo mucha discusión, así algunos digan cosas distintas, pero llegar a lo que llegamos fue fruto de toda una reflexión interna y colectiva a partir de una meta y una decisión política.

 

En alguna entrevista usted mencionó a Santiago Londoño, el médico comunista de posición acomodada que fue muy famoso en Pereira. Creo recordar algo así como que él le ayudó a ingresar en la guerrilla… Cuénteme esa anécdota.

Esas son medias verdades, en absoluto él tiene que ver con eso. Yo tomé la decisión, por casualidad me enteré de alguien que sabía, que tenía contactos, por una conversación que escuché indiscretamente. Entonces pensé “este hombre sabe de eso” y le dije a esa persona “hermano, yo me voy, ábrame las puertas”. Como me movía aquí en el círculo de la izquierda, yo militaba en la Juventud Comunista, le llevaron el cuento a Santiago de que había alguien de la Juventud Comunista que se iba para el monte, y cualquier día llegó y preguntó “¿cuál es el que se va?”. Entonces lo que hizo Santiago fue llevarme a los almacenes en Quimbaya para comprarme la dotación que él sabía que iba a necesitar en el monte: los pantalones cafés y verdes, la macheta, las botas, la toalla, las cosas básicas que se necesitan en la guerrilla. Esa es la historia real, él no fue el contacto, simplemente se enteró de que había alguien de la Juventud Comunista que se iba. La relación que tuve con él fue esa. Ya luego están las historias que uno sabe: que fue un hombre que cuando triunfó la revolución cubana se fue a prestar sus servicios solidarios a la revolución en aquella época, y toda la contribución que hizo al Partido Comunista y a la izquierda en el Quindío y Risaralda.

 

¿Algo le dice el hecho de que el primer comandante de las FARC y el último hayan sido quindianos?

Bueno –se ríe– eso ya para las especulaciones…