Rafael Cano Giraldo, memoria del periodismo

El fundador de El Imparcial, Rafael Cano Giraldo, nació en Pereira el 3 de septiembre de 1917. Editorialista de estilo combativo, defensor de los intereses de Pereira y uno de los fundadores de la agremiación PRI. Murió el 1 de junio de 2010, a los 92 años. Homenaje.

 

Por / Édison Marulanda Peña*

En la historia del periodismo local Rafael Cano Giraldo ocupa un lugar por ser el fundador de medios como El Imparcial, primero en formato de radioperiódico desde 1942 en La Voz Amiga, de Oscar Giraldo Arango, y luego como diario vespertino desde 1948, para defender las ideas del caudillo Jorge Eliécer Gaitán y ventilar los temas de ciudad. Contrajo matrimonio con Ligia Barberi, con quien tuvo cuatro hijos: Héctor, Luis Fernando, María Eugenia y Lilian Lucero, con quien vivió hasta el final de sus días.

El programa Cantando historias de la Emisora cultural Remigio Antonio Cañarte presentó en 2010 una entrevista inédita hasta aquel momento –aunque fue hecha el 20 de diciembre de 2007 en la residencia de su amigo y colega Libardo Gómez–, dentro de la investigación para mi libro El cuarto poder soy yo. Vida y final del periodista César A. López Arias (Universidad Libre, 2011).

En esta entrevista Rafael Cano Giraldo relató su conflicto personal con el poderoso jefe del Liberalismo Oficialista, senador Camilo Mejía Duque, una suerte de combate entre David y Goliat del momento; habló de su relación con la competencia, esto es, El Diario de Emilio  y Eduardo Correa Uribe, El Quindío, que no obstante su nombre pertenecía a dirigentes pereiranos como los doctores Guillermo Vallejo, Héctor Ángel Arcila y Guillermo Ángel Ramírez; mostró su desaprobación por una conducta nada ética del entonces joven redactor César Augusto López, razón por la que lo apartó de la nómina de su periódico. Con estoicismo digno de un discípulo de Séneca recordó el día en que un incendio destruyó las instalaciones de su periódico, pero no redujo su tenacidad para seguir circulando.

Al cumplirse 10 años de su partida se quiere exaltar un nombre que tiende a ser invisibilizado por los investigadores y la clase dirigente. Quizá porque fue un disidente y no era nada pragmático: el único director y propietario de un medio de comunicación que no apoyó la campaña “Pro creación del Departamento de Risaralda” en la mitad de los años 60. Hoy presentamos la versión escrita de aquella entrevista.

Aunque de regular calidad, esta es una de las pocas imágenes de Rafael Cano Giraldo como periodista. Fotografía / El Imparcial

Don Rafael, ¿de dónde viene su interés por el periodismo y desde cuándo empezó usted a ejercerlo?

Desde los albores del estudio mío, empecé en el colegio a publicar artículos sobre temas libres que nos ponía el profesor de gramática. El colegio se llamaba, entonces, Instituto Santander, regentado por Juvenal Cano Moreno, entre otras cosas primo hermano mío. Juvenal fue un maestro profesional desde niño, o sea que fue un educador algo excepcional en los tiempos de Pereira. Allí la Pereira de hoy se empezó a civilizar un poco llevando el estudio hasta todas las esferas.

 

¿Cómo fue la experiencia de empezar con el radio periódico El Imparcial en una pequeña emisora, Onda Libre, propiedad del dirigente político Camilo Mejía Duque y otros? ¿Y por qué pasó tan pronto a la Voz Amiga que tenía señal nacional gracias a la onda corta?

El 15 de agosto de 1942 fundé yo el radio periódico El Imparcial. ¿Por qué lo fundé? Porque me llevaron a administrar una emisora que se llamaba Onda Libre, propiedad de los señores Camilo y Juan Mejía Duque, Maximiano Osa, Eduardo Correa Uribe y Pedro Barreto. Eran los socios de una emisorita cuya potencia solamente cubría los lindes del municipio, en ese entonces. Bueno, tengo que agregar lo siguiente, porque es cuestión histórica: el señor Camilo Mejía Duque, que en ese entonces hacía de principiante como cacique local del partido (liberal, aclaremos) me dijo qué nombre le va a poner usted al noticiero y le dije El Imparcial. Y dijo eso no es nada, y le dije don Camilo, perdone, usted me lleva muchos años de vida por cuanto yo todavía no he cumplido los 21 años de la edad; sin embargo, tengo que decirle que el nombre El Imparcial nace en mi mentalidad con el objetivo de estar por encima de los partidos, porque yo no sé hasta ahora si soy liberal o soy conservador y no lo sé porque no he votado todavía la primera vez; cuando yo vaya a votar, voy a ver si me gusta el partido Liberal o el partido Conservador.

 

Don Rafael, ¿qué tipo de información difundía el periódico El Imparcial, cuáles eran, por ejemplo, las noticias o comentarios que emitía?

El primer editorial que escuché yo y lo recuerdo vivamente fue una invitación al pueblo pereirano. Decía yo, en ese entonces, invitamos a los escuchas de este noticiero para que nos comuniquen por medio de cualquier mensaje cómo está la ciudad de Pereira, cómo ven a sus administradores, cómo ven la orientación y demás fines que contengan algún espíritu cívico o realmente una política constructiva. En ese entonces me llegó una carta que fue el puñal por la espalda de mi noble amigo don Camilo Mejía Duque, como cacique del partido Liberal, que decía: señor director de El Imparcial le comunico que el señor Juan Rendón Bustamante es actualmente el administrador de correos nacionales y es a la vez el único agente de la lotería de Beneficencia de Manizales. Podría presentarse la siguiente información, supongamos, decía el comunicador a este director, que el número mayor de la lotería de Manizales es el número 5080, resulta que la planilla de los billetes devolucionados hacía la Beneficencia de Manizales figuraba el 5080. Entonces, don Juan Rendón Bustamante tenía las llaves de correo nacional para sacar de allí los pliegos por donde se remitían los datos de los billetes no vendidos a la lotería de Beneficencia de Manizales y tenía las llaves de la agencia de loterías. ¿Le quedaría muy difícil al señor Rendón Bustamante cambiar la planilla de billetes devolucionados y sacar el número 5080 y echarlo a su bolsillo?

Era una insinuación que presentaba el comunicador hacía el director del periódico, yo publiqué esa carta y me cayó la espada de Damocles. Me cayó como verdadero silenciador de mi vida periodística, pero ante todo eso, Dios estaba siempre en mi conciencia, sabía que yo estaba haciendo una política de restauración moral y democrática para enseñarle al cacicazgo de Pereira que él no podía ser dueño de la voluntad ciudadana que se expresara por medio del partido Liberal o del partido Conservador o de cualesquiera u otra opinión ciudadana.

Hasta allí llegué yo en esa emisora. Eso sucedió en 15 de agosto de 1942, porque como le acabo de expresar fue el primer editorial mío haciendo un llamado a la ciudadanía para que nos enviaran las quejas o iniciativas que tenían respecto del presente y futuro de la Pereira. Entonces, no obstante tener yo un contrato firmado con los dueños de esa emisora que durante dos años podía yo seguir emitiendo el periódico, el señor Mejía Duque, como buen cacique, también creía que era dueño de toda la administración nacional y que para él la única ley era la voz cantante y sonante de él.

Yo no me sometí a ese crisol de mentiras, a esa fragua deshonesta de la politiquería y no política, porque hacer política es una ciencia, es una contribución ciudadana, pero politiquería es ir contra la opinión ajena y esa no se debe sojuzgar, no se debe prejuiciar en ninguna forma si estamos siendo hombres decentes dentro de una colectividad, llámese como se llame.

Fotografía del archivo de El Diario donde se muestran los venteros (voceadores). Quizá uno de ellos sea Rafael Cano Giraldo. Fotografía / Cortesía

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Salí yo de ese edificio de la séptima con calle 18, que allí estaba la emisora, en la esquina me encontré con ese noble amigo que se llamó Oscar Giraldo Arango, que en ese instante era propietario de las emisoras La Voz Amiga y Ondas del Otún, una de onda corta que cubría todo el territorio nacional y aún el extranjero, y otra de onda local que cubría todos los lindes no solo de Pereira sino del departamento de Caldas.

Él me dijo qué le pasa Rafaelito, con esa amistad que se gastaba. Le dije, hombre no te pongas a pendejear que estoy muy triste, me acaba de pasar el hecho que le acabo de contar a usted. Me dijo muestre el contrato, le mostré el contrato que tenía con la emisora y tal cosa, y me dijo bien pueda, camine vámonos para La Voz Amiga. ¿Qué abogado le hizo a usted ese contrato? y le dije el doctor Guillermo Ángel Ramírez –que hace poco falleció aquí en Pereira (en 2007)–. Me hizo el contrato. Él cambió la emisora Onda Libre por las emisoras La Voz Amiga y Ondas del Otún, ondas corta y larga, seguí yo trajinando con Oscar que a pesar de ser conservador y yo que ya estaba intuyendo de que tenía alguna vena liberal, porque yo entendía ese vocablo liberal como de una parte que se desgajaba del verdadero sentido de la libertad, me fui para allá a transmitir. Qué hice yo, el primer editorial allá de la emisora, ese mismo día, trató sobre que el señor Camilo Mejía Duque me echó prácticamente violando el contrato y yo no quise demandarlo porque sabía que las autoridades locales estaban supeditadas a su criterio y voluntad orientada hacía un fin politiquero.

No puse denuncio contra esa cosa ni quise formarle pleito de ninguna naturaleza a esa emisora puesto que allí figuraban también como socios don Eduardo Correa Uribe que a la postre era el que me había llevado allá (el hermano de Emilio Correa Uribe, fundador de El Diario).

Don Emilio fue uno de los patrones míos desde cuando yo estaba niño que me pedía él que fuera a venderle el periódico El Diario, yo se lo vendía y tal cosa, después me pidió que le colaborara con notas sociales con tal cosa y tal vaina, después le hice articulitos y otras cosas, y le gustó hasta que me colocó él allí de administrador de El Diario.

Y allí trabajé con él hasta 1938 como administrador del diario, me tocó también en ese entonces reemplazarlo en la redacción del periódico cuando él fue elegido diputado a la Asamblea de Caldas. Luego fundaron aquí un periódico que se llamó El Quindío, quiénes eran los fundadores de ese periódico, eran los doctores Guillermo Vallejo Restrepo, doctor Héctor Ángel Arcila y doctor Guillermo Ángel Ramírez, bajo esa dirección estuve yo trabajándoles dos años. Agotados los dos años, o sea cuando llegó el año 42, fundé yo el radioperiódico.

 

Continuemos con la etapa de El Imparcial que se emitía por La Voz Amiga

Seguí en La Voz Amiga con el radio periódico El Imparcial y en vez de sacar una emisión saqué tres emisiones: una, la primera de 6 y 15 de la mañana a 7 y 30 de la mañana, de 12 y 15 a 1 y 30 de la tarde, y de 6 y 15 a 7 y 30 de la noche. Para esa época yo era un joven, un joven que no pensaba en acumular dinero, en acumular riquezas de ninguna naturaleza, sino que me interesaba solamente esa meta, la meta periodística y demostrarle al señor cacique de que en el pueblo la ciudadanía podía haber gente que podía servirle más a las ciudades que él desde sus mismas posiciones sojuzgadas y apoyadas por su propia y omnímoda voluntad.

 

¿Cuáles son los principios que inspiraron el ejercicio del periodismo en El Imparcial?

La voluntad mía no ha cambiado desde entonces, ni desde niño ni desde ahora. Ha sido una directriz sana orientada al servicio de las ciudades, por qué lo digo yo, porque el abuelo mío, que se llamó Bonifacio Giraldo, fue uno de los primeros fundadores de Pereira y entonces a mi me quedó esa obligación. Dije, hombre, el abuelito fue uno de los fundadores de Pereira aún cuando la historia no lo mencione, porque la historia son cosas que se hacen humanamente y la mentalidad humana es disímil para el bien o para el mal, para apabullar a la gente que le ha servido y reemplazarla por otros que no han servido, pero yo, nacido aquí en Pereira, uno de mis abuelos, vuelvo y repito, tenía esa meta.

Seguí trabajando desde cualquier posición, desde cualquier ángulo, por los intereses colectivos de la ciudad, no me interesaba propiamente el partido Liberal ni el Conservador, sino estar por encima de esas banderas que no eran cuestiones ideológicas sino apetitos personales de uno y de otro grupo que vivían en riña, al fin y al cabo, la civilización no había podido llegar todavía a las mentalidades como en el día de hoy.

 

¿Podría recordar qué locutores y periodistas lo acompañaban en el radio periódico o si durante un tiempo lo hacía usted solo?

Es muy buena la pregunta porque para hacer un radio periódico se necesitan locutores. Yo no era locutor, pero como director del periódico escribía el editorial, escribía algunas glosas, algunas noticias y las leía yo mismo, otras se las entregaba a los locutores. En ese entonces, había en Bogotá un noticiero muy famoso que era Últimas Noticias, dirigido por Rómulo Guzmán, allá oí yo voces muy extraordinarias como la de Alberto Figueroa Navarro. Lo contraté para trabajar en el periódico, desde ese momento el radio periódico El Imparcial surgió en forma ya no regional sino nacional y se escuchaba en Barranquilla, en Bogotá y fui colocando corresponsales en unas y otras ciudades que se me ofrecían gratuitamente, comunicamos las noticias.

César Augusto López Arias. Fotografía / Cortesía

Con el correr del tiempo traje otro locutor muy bueno, que era el doctor Jaime Sanz Hurtado. El doctor Jaime Sanz Hurtado era abogado de la universidad Javeriana, conservador, llegó a ser como anapista que lo era, senador de la República por el movimiento del ANAPO, o sea, el movimiento que fundó la familia de Gustavo Rojas Pinilla que fue presidente de Colombia en aquellos tiempos.

Yo seguí ya con esos dos locutores y los tres haciendo el radio periódico El imparcial. Las tres emisiones con otros colaboradores como en deportes y noticias de policía, entre otros contraté a César Augusto López Arias. Cuando él vino a pedirme trabajo me trajo una carta del directorio conservador de Salento, entidad de la cual era secretario y me dijo vea la recomendación mía. Yo soy periodista y tal cosa allá, he sido secretario, y le dije lo que menos me interesa a mí es la recomendación, a mi lo que me interesa es saber si usted es capaz de redactar una noticia o no es capaz de redactarla, le voy a dar la oportunidad de que sea cronista de policía.

 

¿Pero estamos hablando para el radioperiódico, o ya para el periódico?

No, para el radioperiódico. Estamos hablando para el radioperiódico. Se vino el hombre allá y fue a la alcaldía, trajo la noticia y la redactó muy bien.

 

¿Y en qué circunstancias nació El Imparcial impreso?

El periódico escrito vino a nacer a raíz del 9 de abril de 1948, fecha infausta para la política colombiana porque en esa fecha fue asesinado el doctor Jorge Eliécer Gaitán, que era el jefe máximo de la política llamada Restauración Moral y Democrática de Colombia, a la cual me afilié yo con compañeros de la talla del doctor Benjamín Muñoz Giraldo, que fue secretario en ese entonces de la Universidad Libre de Bogotá, universidad de la cual la cátedra de derecho penal estaba el doctor Gaitán y él fue secretario de él también.

Portada de El Imparcial el 30 de agosto de 1963, centenario de la fundación de Pereira. Fotografía / Cortesía

Allá se conoció él con el doctor Gaitán, entre otras cosas, entonces seguimos nosotros con ese movimiento en este departamento de Caldas del cual los caciques lo convirtieron en tres departamentos. Así cercenaron el departamento de Caldas, llamado el departamento modelo de Colombia. ¿Por qué motivo? Primero, porque el cacique de Pereira no podía ser gobernador del departamento de Caldas porque en Manizales estaba la crema y nata de la intelectualidad del país, no solamente de Manizales sino del país, entonces para escoger el Presidente de la República a un gobernador de Caldas tenía que ser una mentalidad estructurada, era muy diferente la estructura mental a la del cacique de aquí de Pereira, y no es que yo quiera hacer con esta disertación un poco de menosprecio del señor Camilo Mejía Duque, él pudo tener sus atributos y los tuvo, pero para su gente, gobernó con un sector de la opinión pública, y eso no es gobernar, y eso no es representarlos en un Congreso, porque si yo soy congresista tengo que representar todas las personas humanas, que sean capaces de prestar servicio y que entiendan qué significa la política cívica que eso no existe hoy en día en Colombia. Es muy poquita la gente que es cívica, esencialmente cívica, porque el civismo significa desprendimiento, trabajar con desinterés, con abnegación, con voluntad indómita.

Y salió por una necesidad muy sencilla, porque ya estábamos bajo el régimen conservador, ya había cambiado, estaba el doctor Mariano Ospina de presidente de Colombia. El Imparcial salió la primera edición escrita el 19 de julio de 1948, de allí seguí también yo funcionando con el radioperiódico con las tres emisiones diarias y el periódico escrito a las 5 de la tarde.

 

Existe un episodio trágico en la historia de El Imparcial. El 29 de noviembre de 1963, junto con la tipografía Orla, fueron víctimas de las llamas debido a un incendio originado en un depósito de drogas situado en el primer piso del edificio de la calle 18 con carreras decima y once. ¿Cómo recuerda usted ese momento tan difícil?

Ese mismo día fue incendiado el periódico mío, El Imparcial, que quedaba en el edificio de don Miguel Giraldo Tamayo, calle 18 No. 10-31, o sea, la manzana correspondiente a donde estaba el estanco de renta, que dice Edificio de Renta, pusieron Telecom allá, yo no sé qué cosa allá, funciona eso allá. Yo estaba en esa época, ese mismo 29 de noviembre del 63, en una reunión de los Seguros Bolívar. Inauguramos el edificio que hoy tiene la entidad en la plaza de Bolívar. estábamos allá con el doctor Alejandro Cortés, el expresidente de Seguros Bolívar, cuando me llamaron que está ardiendo el periódico El Imparcial, y dije déjelo que se queme, pues ya qué vamos a hacer ahí, yo no soy bombero, no sé apagar nada, no sé apagar una vela y qué me voy a ir a apagar yo allá, deje que se queme. A Dios gracia, ese mismo día había ido a la oficina de El Imparcial por la mañana el doctor Francisco Polanco, entonces Polanco me dijo: Seguros Bolívar me ordena publicar una página entera para hoy en el periódico, que es la inauguración del edificio.

 

¿Su periódico era un vespertino, no?

Si. Pero yo le voy a dar ese aviso al periódico que me dé un seguro, y yo hombre, pero que más seguro esto aquí en medio de tanto cemento y toda esa cosa no hay nada que se queme y dijo pues el diablo es diablo, y dije, cuánto vale el seguro, vale 260 pesos, que era lo que valía en esa época, y dije 260 pesos, bueno, y es una página, sí, y es la última página, y dije bueno, les reservo la última página, pero vale 400 pesos la publicación, 400 pesos una página. La última era un privilegio, la primera y la última; entonces hagamos lo siguiente Francisco, hagamos las cosas derecho, me da un recibito de que ya pagué el seguro y me expide la póliza y segundo me da el resto de plata, y me dijo no la tengo aquí pero se la mando allá con el mensajero, y le dije está bien. Así quedó y ese mismo día se quemó el periódico. Eso fue una bendición de Dios, nuestro señor, que no quiso dejarme en ruina monetaria; el seguro lo tenía yo por 300 mil pesos.

 

Don Rafael, ¿cómo era usted como patrón, sí pagaba salarios justos?

Claro que sí, hombre, oiga, como que si había que pagarlos. Oiga, lo primero que había que hacer era matricular el personal en los Seguros Sociales, yo no le debía a nadie un centavo.

*El audio fue transcrito por Gustavo Osorio.