En respuesta al texto del periodista Iván Rodrigo García Palacios “Franz Kafka, sexo y escritura“, Diego Firmiano publica un reporte de lectura donde nos da las impresiones (y quizá) aportes a la compleja sexualidad de unos de los escritores más herméticos de la literatura universal. kafka  Por: Diego Firmiano

Pereira, 10 de agosto 2016

Hora: 0:30

A los libros y las putas se los puede llevar a la cama.

Las putas, como los libros, tiene su tipo de hombres que viven de ellas y las maltratan.

Los libros, sus críticos

Walter Benjamin

Iván, eso del sexo y escritura es lo mismo que filosofía y erotismo: dos almas dentro de un solo cuerpo. Como dice el escritor checo Milan Kundera, a propósito de la herencia de Cervantes “La novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral“.  Y como es sabido Franz Kafka frecuentaba los diversos burdeles de Praga y disfrutó de numerosas citas con camareras, mesoneras y modistas. Y no es que se tratara precisamente del lado licencioso del escritor, sino un esnobismo sexual programado muy extendido entre los jóvenes de su generación.

No hay que olvidar que había un turbio concepto de la sexualidad antes de la primera guerra mundial. Karl Krauss lo expresa así: “Los creadores de las normas han trastocado la relación entre los dos sexos: el sexo femenino está atado por las convenciones y el masculino está desencadenado”. Desencadenamiento o mejor, iniciación sexual que solo se podía adquirir obviamente en los lupanares. Ahora, esta frialdad en las relaciones sexuales, tambien era parte de otro mal mayor, a saber, la falta de sociabilidad entre la gente. El miedo al otro. La hipocresía social que imperaba en su tiempo. Como lo denunció igualmente H. D. Thoreau en Estados Unidos, quizá influenciado por sus visitas a Europa. “Millones de seres humanos viviendo juntos en soledad”.

El sexo era mero coito. No relación precisamente. Porque fíjate amigo, que creo que tanto en Kafka como en las prostitutas coexistía este deseo de sociabilidad más de que de sexo carnal. En 1908 el autor le escribe a su amigo Max Brod: “tengo tanta necesidad de encontrar a alguien que me toque amistosamente y nada más, que ayer me fui a un hotel con una prostituta. Aunque es demasiado vieja para dejarse llevar por la melancolía, le duele, por más que no le sorprenda, que los hombres no traten a las prostitutas con tanta delicadeza como a sus novias. No la consolé, ya que ella tampoco me consoló a mí”. Luego Kafka, quiza por esa conciencia de negación típica (Bartleby) consideraría impura la relación con estas mujeres.  Desprecio o sentimiento que era en realidad más un complejo de Virgen/Puta, pues todas las mujeres con las que se acostaba o eran puras o zorras redomadas.

Así es que en sus novelas no solo aparece la figura de sus mujeres más conocidas, sino también está inserto un curioso lenguaje sexual y un modelo de prostitutas definido. Pon cuidado que en Der Prozess el personaje de Fräulein Bürstner, Bürstner significa “Follar”. Luego aparece las criadas (Leni y Frieda en El Castillo) lavanderas o mantenidas de abogados y funcionarios. Mujeres presas de sus instintos, que dice “Solo piensan en las pequeñas abominaciones presentes” y de las que emana un” olor amargo y excitante, como de la pimienta”. Ahí pillamos a este bribón.

Y en la mayoría de su obra escritural las figuras de mujeres están concebidas de alguna manera como prostitutas; las relaciones con ellas son de tal manera que le es imposible concebir una idea de matrimonio puro. Esa será su lucha suicida de “pureza” y sus “intentos de matrimonio” que al final no se materializaron. Por eso el juego de las seducciones, como bien expones en los diarios, cuando el checo se refiere a Milena: “Tu rostro sobre el mío en el bosque, y tu rostro bajo el mío en el bosque, y mi cabeza que descansa sobre tu seno desnudo” (Diarios).  Ese es el “lugar extraño” del autor.  Porque el lugar más erótico de un cuerpo es allí donde la vestimenta se abre, dijo Roland Barthes. Bella perversión de Kafka, que en otras palabras, no es nada más que “El régimen del placer textual”.  ¿Experimentó esto mismo Soren Kierkegaard respecto a Regina Olsen? o ¿Walter Benjamin por Asia Lacis? o…. esto y más está puede descubrirse en otros Bartleby.

Está comprobado, Iván, que Franz Kafka repudiaba el sexo. No que no le gustara, sino que después del acto sexual no quería saber nada de las mujeres. Como si sufriera de ese arrepentimiento que sufren muchos, o lo que dice Spinoza: “Pero después de ese deleite sigue una extrema tristeza que, si bien no deja en suspenso al alma, la perturba y la embota” [Tratado de la reforma del entendimiento]. En criollo, después del polvo venían esos perturbadores miedos de compromiso, agua al asunto y todo al olvido.

Kafka fue (y sigue) siendo hermético en asuntos sexuales. Tanto, que la idea de hombre casado, doméstico le causaba escalofrío. En su diario anota: “El coito es el castigo por querer ser felices”. Lo que no se sabe fue si hubo sexo entre él y Milena o Felice o Dora Diamant, aunque con esta última es lo más probable. Y entre otras cosas afines a sus contradicciones en materia de sexo y pudor, el checo perteneció al movimiento nudista y frecuentaba un balneario con su amigo Max Brod llamado La Fuente de la Juventud. Y que por sus marcados complejos físicos se mostraba renuente a aparecer totalmente desnudo, por eso los demás nudistas le hacían una especie de bullying llamándole “El hombre del bañador”.  ¿Consideró esta actividad como una terapia para domeñar sus miedos de exhibir sus carnes?  No lo llegaremos a saber conscientemente.

Querido amigo, Iván Rodrigo, en tu ensayo publicado acá tienes un punto brillante, y es, lo de las novelas-mujer, seguro en oposición a tu previa tesis de hombres-libro (buenos tópicos para una serie). Aquello un simbolismo muy inteligente de tu parte, porque el autor, como ya dije, no solo se deja ver él o sus amores románticos, sino también las mujeres-deseo, eróticas, intocables, profesionales del sexo.

Como dato, Franz Kafka engañaba a Felice Bauer con Grete Bloch, quien años después aseguró que Kafka era el padre de su hijo. (Los estudiosos aún están divididos sobre la veracidad de esto). Caso positivo o negativo. Hay una sospecha psicológica que recae en Kafka sobre evitar ser padre, a raíz del carácter tan severo de su progenitor, que eliminó en él, por decirlo de alguna manera, el modelo de paternidad, no así la pasión de ser escritor. A pesar de que Hermann Kafka, indiferente y cruel, despreciara los libros que su hijo depositaba con amor en su mesita de noche.

Un abrazo

desde la Perla del Otún.