Hace ocho años el valor de la entrada era de cinco mil. Después, por el cambio de propietario del lugar donde lo mantenían en las noches, subió a siete mil; en el año 2009 cobraron ya doce mil pesos, afirmando que a duras penas el pago cubría el combustible y las ganancias eran mínimas. Descubra cómo se destruye un sueño y, más aún, cómo nadie le presta la atención adecuada.

 SUEÑOS SUMERGIDOS1

 Por: Jonathan Elejalde*

El Barco Ciudad de Pereira (BCI) nació en 1991, gracias al sueño  de una persona que es definida por doña Melva Quintero –su actual compañera y cómplice del proyecto- como un visionario.

Por desgracia, finalizando el 2011, el barco empezó a encallar y con el paso del tiempo inició su agonizante despedida hundiéndose más y más en el río Cauca y con él la tenacidad de don Guillermo Lagos, dueño y creador de este gran atractivo. Él es un capitán que, para su dolor, observa cómo se hunde poco a poco la esencia de su vida, en medio de la incapacidad para frenar ese postrero viaje hacia el fondo cenagoso del río.

Sin embargo, para alegría de muchos y tristeza de otros, él no se quedó viendo cómo su sueño se deterioraba. Decidió entonces buscar ayuda desesperadamente con el fin de recuperar algo que podría llegar a ser un atractivo turístico para La Virginia y tal vez orgullo del eje cafetero.

¿Qué ha hecho este soñador para salvar el “BCI”? De acuerdo con su propietario, pese a buscar diferentes ayudas para sacar a flote la embarcación, ha sido imposible contar con el apoyo  de organismos municipales o departamentales que contribuyan a no dejar extinguir este emblema  turístico del puerto dulce de Colombia.

Guillermo Lagos

Guillermo Lagos sonríe en medio de la adversidad.

Así lo manifiesta don Guillermo, con la nostalgia cruzándole el rostro: “busqué ayuda en todos los cargos oficiales para que me apoyaran en este percance y me las cerraron todas”.

Hoy, en medio del agua turbia del río, agoniza solitario y sin dolientes este hermoso barco que alegró la vida de muchos corazones de este terruño encantador.  Pero, en el fondo, don Guillermo guarda todavía alguna esperanza: “Espero que con ayudas que aún no he encontrado  me colaboren a darle un lugar a nuestro barco, que no es mío, sino de todos”.

El estado actual del barco es poco alentador. Los intentos, esfuerzos y los avances que se logran son pocos, más aún, cada día que avanza parece reafirmarse la certeza que no tiene futuro. Solo nos queda la poca ilusión y la tenacidad que poco a poco se pierden y se hunden en un río de tristezas, quedando así como una especie de casa alquilada  a la orilla del río, donde solo naufragan los restos de un barco que en su época trajo felicidad a la ciudad.

Mientras el barco se hunde más y más, don Guillermo empieza a desistir en su inútil lucha y, para colmo de males, un bote que le habían prestado para rescatarlo terminó hundiéndose acompañando al que ya estaba sumergido. Solo una pregunta ronda por mi cabeza, mientras repaso el rostro sonriente de este soñador de 75 años: ¿estaríamos dispuestos a ayudar a este visionario para que sus sueños no naufraguen en el río Cauca?

*jarel2306@gmail.com