Consagrarse en una disciplina deportiva suele ser considerado como un éxito, en este orden de ideas ¿qué palabra podría emplearse cuando el triunfo ocurre en el contexto de un deporte que incluye tres disciplinas? ¿Busca tal palabra Andrés Eduardo Díaz? Quizá… pero lo que si es seguro que busca este triatleta risaraldense es el Olimpo, el llegar siempre primero a la meta.

 

Díaz, nacido en Venezuela, dice que representa a Colombia de “todo corazón”

Por: Juan Francisco Molina Moncada

En las piscinas de la villa Olímpica de Pereira el olor a cloro es fuerte. Normal, se trata de uno de los principales componentes químicos de las mismas. Son muchos los nadadores que enfundados en una toalla, mojados, salen de ellas, algunos se zambullen, mientras otros hacen los últimos ejercicios de calistenia. El “Chamo” Díaz, deportista nacido en Venezuela (pero que representaa Colombia, país en el que vive desde 9 años), hace parte de este último grupo.

Realiza una flexión con facilidad, se inclina para tocar la punta de su pie con su mano; tiene la pierna estirada, aquella misma en la que está tatuado el símbolo del triatlón, deporte del que afirma estar enamorado; lo practica desde hace 9 años, cuando desencantado por el fútbol hizo caso a una convocatoria que estimulaba una disciplina que ha venido adquiriendo fuerza en el contexto deportivo a lo largo de los últimos años (desde los juegos olímpicos del 2000 es considerado como un deporte olímpico).

Para el “Chamo”, el triatlón ha traído alegrías varias, de múltiples colores: un campeonato de menores, dos campeonatos juveniles, un subcampeonato iberoamericano, un tercer lugar en juegos panamericanos, el ser primer clasificado del ranking general de triatletas colombianos en su categoría, sumando a esto cupos a campeonatos panamericanos, mundiales y juegos olímpicos juveniles.

Aún así su trayectoria no ha sido un cuento de hadas. Más allá de las caídas de su bicicleta, de las cuales mejor hablan sus cicatrices o “chambas” como él las llama, Díaz ha pasado por momentos difíciles en medio de su práctica deportiva… esta no es muy conocida aún en Colombia, y por tanto, es poco apoyada…mientras tanto, el “chamo” retrasa su ejercicio de calistenia, habla con su entrenador Carlos Iván Franco Marmolejo. Este le indica que siga calentando.

Disciplina poco apoyada en el país

 No le queda al “Chamo” de otra que hacer caso a su entrenador; se puede presuponer que no se aguanta las ganas de estar en la piscina, lugar en el cual inician los triatletas a labrar un éxito que se moldea luego en la bicicleta y por último se concreta con las piernas. Ya quisiera, en tal contexto, Andrés Eduardo Díaz preocuparse sobre temas deportivos, sobre como mejorar, por ejemplo, su atletismo, algo que  él mismo admite debe reforzar, o bien sobre si Franco ya lo deja de retener con ejercicios de calentamiento en el borde de una piscina que le espera.

Sería, en todo caso, el preocuparse únicamente de asuntos deportivos lo ideal, pero el uso de tal palabra es acertado cuando precisamente, el deportista se tiene que ocupar antes de otras cosas que ni siquiera dependen de él…es esto lo que afecta al “chamo”.

Díaz no deja de reconocer las ocasiones en que ha recibido apoyo por parte de la secretaría departamental del deporte  o el Comité Olímpico Colombiano, pese a esto, afirma que tanto las instituciones privadas como públicas deberían invertir y apoyar más esta disciplina de la cual él mismo dice “pocas personas la conocen y pocas la apoyan”. Indica que muchas veces le ha tocado “mendigar” los pasajes y el hospedaje de los lugares en los cuales va a competir, expresando constantemente su deseo de que las condiciones logísticas y presupuestales relacionadas con su práctica deportiva mejoren.

“Me gustaría conseguir un patrocinio para este campeonato (mundial de Nueva Zelanda 2012), no tener que preocuparme de otra cosa más que entrenar, pero uno siempre a la final, faltando un mes, no tiene los tiquetes, la plata para sacar la visa, la implementación. No se sabe si se va a viajar o no”, concluye.

Un compañero suyo, ya en la piscina, lo hace reír con un comentario, quizá un chiste de triatletas. No tiene mucha importancia. El “Chamo” se detiene, parece pensar en algo… continúa estirando, ahora, lo hace con sus brazos. Díaz disfruta del momento, se le ve cómodo, algo probablemente diferente a su sentir el año pasado, cuando casi abandona el triatlón.

Desde murallas a su actividad deportiva hasta gónadas de chimpancé

Fue en el 2011. Había clasificado al mundial de China, una cultura más por conocer, un país más al cual el deporte le permitiría viajar, algo que en este caso, al final, no fue realidad. Al “Chamo”, tres días antes de partir, le indicaron que no había plata para los pasajes. Esto no era un simple obstáculo, era una muralla más grande que aquellas milenarias ubicadas en un país en el que Díaz no pudo competir. Aquello fue un bajón importante para él, según reconoce, no quería volver a entrenar.

El triatlón para el “Chamo” ha exigido varios sacrificios, entre ellos, el mismo estudio (Ciencias del deporte en la Universidad Tecnológica de Pereira) y la vida social. En este último aspecto Andrés Eduardo, al parecer, se quiso reivindicar de lo que había dejado de “rumbear”; de acuerdo a sus palabras, a esto se dedicó en el que se podría decir, fue su momento más complicado como deportista. Aún con tristeza recordando tal acontecimiento dice que “eso no se le hace a un deportista”.

Pese a ello, en tal época aparecieron los que de acuerdo al “chamo” son sus principales fuentes de inspiración y fortaleza psicológica: dios, el recuerdo de su fallecida abuela (tiene su nombre tatuado en su brazo derecho), su madre y su entrenador. Consiguió superar el agrio acontecimiento y decidió regresar pronto, logrando clasificar al mundial de Nueva Zelanda, hecho reconocido por la misma federación colombiana de triatlón.

Más que una nueva experiencia que le permita mejorar su currículum de logros y consolidar más su técnica en la práctica deportiva, también se puede hablar de una vivencia que seguramente le dejará más anécdotas para relatar, las cuales está compilando en un libro en cuya edición le ayudan el periódico La Tarde y el periodista Hugo Ocampo Villegas.

El “Chamo” sonriente, rememora aquel día en el que en un campeonato de menores en Islas Margarita, Venezuela (su primer viaje como deportista), buena parte de la plata de la delegación quedó en manos del guía turístico, algo que los forzó a un viaje de regreso tortuoso, que incluyó un viaje de Caracas a Pereira en un bus y un buffet que traía por la mañana una empanada y por la madrugada del día siguiente una porción de pizza.

Diferente menú le tocó experimentar en Singapur, lugar en el que llegó a consumir testículos de mico, sin darse cuenta en el momento en que lo hacía, pero reconociendo que eran “ricos y sabían como pollo”. En el mismo país recuerda el “Chamo” la que considera su máxima locura en un viaje cuando con unos amigos deportistas estuvo a punto de pelearse con una cuadrilla de 5 japoneses en una discoteca, quebrando botellas, armando el escándalo previo a un “tropel” como el mismo dice se veía venir y del cual, al final, salieron corriendo, tal cual lo reconoce Díaz con una sonrisa maliciosa.

Llega la piscina… es momento de empezar

La expresión de la que se hablaba anteriormente es muy parecida a la  esbozada por el “chamo” cuando dice a su entrenador que está preparado para zambullirse en la piscina. Este le indica que le falta calentar, de lo contrario, no puede comenzar. Díaz hace caso.

De acuerdo a lo que este indica se podría pensar quizá que el deportista se hubiese enfadado con el entrenador, en otra época, cuando él mismo reconocía tomarse a mal las indicaciones del exigente Carlos Iván Franco, aún así ahora admite haber madurado al respecto y acatar a modo de consejo las indicaciones de una persona a la cual reconoce deberle mucho, sin dejar de olvidar a su abuela y a Hugo Guerrero, su primer maestro en la disciplina que practica.

Fruto de la misma experiencia y del mismo hecho de haber “madurado”, lo cual implica a su vez asumir de mejor forma los sacrificios que exige el triatlón (admite el “Chamo” que antes solía salir asiduamente a bailar y consumir comida chatarra), ahora se observa a un Andrés Eduardo Díaz seguro, antes de lanzarse a la piscina, sitio en el que empieza por enésima vez un viaje que, espera, lo encubra en la cima del deporte, buscando dar lo mejor de su rendimiento y representar de la mejor forma a un país que considera como suyo, pese a no haber nacido en el (valga aclarar que sus padres son colombianos). En resumen, dice el “Chamo” que como Colombia “no hay nada”.

Termina por fin el ejercicio de calistenia. El sol cae, proyectando una tarde algo rojiza. Hace un clima fresco. El “Chamo” Díaz, queriendo emular a su ídolo Javier Gómez (triatleta español, actual campeón mundial en este deporte) con decisión se para al borde de la piscina. Parece encomendarse el recuerdo de su abuela, a la cual dedica todos sus triunfos. Y es en búsqueda de uno nuevo, que con fuerza y decisión se zambulle por fin en el agua…es así como comienza, desde el triatlón la consecución de una meta: el olimpo.