Hay personas que creen que uno solamente puede afectar el mundo yéndose a las ciudades grandes donde está el vértigo, donde está lo vibrante; pero la verdad yo creo fielmente que es acá donde se puede hacer lo interesante, donde podemos explorar el mundo desde nuestras miradas muy idiosincráticas y propias de pensarse a sí mismo de adentro hacia afuera.

Por / Maritza Palma Lozano – Portada / Mirot Caballero

Para los que nos hemos quedado en el séptimo arte, resulta que hay un noveno, se trata de la historieta, cómic o BD, por sus siglas en francés de bande dessinée. Este trazo que atraviesa el dibujo y la palabra, capaz de encontrarse con cualquiera de las otras artes, también hizo caminos en Pereira. Uno de estos ha sido impulsado por la Alianza Francesa, que desde el 2010 se configuró como un escenario de diálogo y promoción del BD y en el 2014 estrenó el espacio “Hablemos de BD”, convirtiéndose en un epicentro de formación en dibujo y narrativa.

El viaje no ha sido de pocos, aparte de los aficionados y talentos locales que han acompañado el trayecto, han contado con la participación de Nelson Zuluaga -editor, guionista y dibujante de historietas, además de director del evento internacional Cómic Sin Fronteras- quien lidera la formación en dibujo; y de Ricardo Rodríguez, docente de inglés y gestor cultural, también con experiencia en guion, edición y traducción de cómic, pero quien reconoce que “su lugar principal en el mundo del cómic ha sido como promotor de lectura” y en consecuencia lidera la formación en narrativa y guion.

Uno de los frutos de estos procesos han sido los libros La ciudad y yo (2018) y Trayectos trazados (2020). Este último se lanzó en la ciudad el pasado 27 de febrero con la presencia de 13 de sus 15 autores. 

Autores del libro Trayectos trazados

Trayectos trazados es un libro compilatorio que narra viajes memorables a los cuales sus creadores les atribuyen algún valor transformador. El resultado de siete meses de trabajo reúne las historietas de Valentina López Quintero (Valqui), Juanita Serna, Andrés Matallana, Valentina Aguirre (Gatoenbús), Valentina Gallego, Melissa Agudelo, Mirot Caballero, Jorge Mario Ríos, Angélica López (Lika), Leo Gaviria,  Jacques Dulfos, María Isabel Isaza, Yennifer G. Ballesteros, Stephanie Eusse y Sergio Antonio Palacio. 

En esta entrevista hablamos con Ricardo Rodríguez, quien durante las dos ediciones ha sido el director editorial. En su relación más íntima con estas producciones Ricardo no puede ocultar su pasión por la historieta. Aclara que su experiencia en este mundo viene de su colaboración en el Festival “Entre viñetas” y en una revista que nació en Armenia: Larva, un gran referente para el cómic independiente nacional.

Además de esto, su vida ha sido paralelamente atravesada por las líneas, las formas, las palabras. Siempre hizo cómic en su adolescencia y se gastó la plata de los regalos en fanzines, más exactamente fotocopiando sus dibujos para que la gente lo leyera; luego se alejó del dibujo y se acercó a otras formas de lectura, pero, como uno siempre vuelve a sí mismo, en un reflejo de caminos le terminó llamando la atención el análisis y la exploración del cómic más desde la lectura que desde la factura.

Ricardo Rodríguez en la biblioteca de la Alianza Francesa

Maritza Palma (MP): ¿Cuáles son las posibilidades narrativas de la historieta?

Ricardo Rodríguez (RR): Todas las que pueda tener un lenguaje en el cual puedas fusionar lo escrito con las imágenes y todo lo que hay en la mitad. Es una forma de expresión como el cine, porque uno puede encontrarle ciertos paralelos, pero hacer cómic es barato: necesitas un lapicero o un lápiz, lo puedes hacer en una tableta que no sea de alta gama y puedes contar una historia con eso, es tener una capacidad narrativa o artística para contar desde esos recursos. Ahí hay algo superpoderoso en un contexto como el nuestro: que no sea una cuestión costosísima. Ahora, es barato pero no es fácil porque necesitas invertir mucho tiempo, esa es la parte que no cuentan; el cómic bien hecho, en general, requiere de mucho tiempo.  

MP: ¿Se está viviendo un momento de auge, de reflorecimiento del cómic?

RR: Es curioso. Hay un auge de publicación, gracias a lo digital, pero hay un decaimiento de la publicación física en algunos contextos. El cómic como expresión cultural depende de algunas industrias: de la industria de la impresión y de la industria editorial, para que el cómic exista tiene que ser publicado en papel o en digital y para eso tiene que haber un andamiaje detrás; entonces ese andamiaje, al menos el editorial, ha ido fallando en diversas partes del mundo por costos.

Ha ido despegando con otra etiqueta que es la de novela gráfica, que en general es un término que las editoriales establecieron para poder vender cómic encuadernado en pasta dura, caro; son de muy buena calidad pero hoy no vas a encontrar la diversidad de autores que encontrabas antes, porque los que llegan a ser publicados por estas editoriales son muy pocos. Ahí hay una marea. Hay abundancia por un tiempo. No diría que hay un auge pero tampoco que está en decadencia, creo que está en tensión con los tiempos.  

MP: ¿Pero no es un momento significativo distinto a otras épocas?

RR: Creo que hay más gente dibujando porque también hay más gente que accede a recursos, principalmente cómics que pueden leer -gracias a la piratería digital, es por eso- y al ser mejores lectores pueden ser mejores narradores.

MP: Al momento de hacer cómic, ¿cuándo es precisa la palabra si hay posibilidades de hacer cómic silente?

RR: El texto de un cómic puede aclarar o puede confundir, dependiendo de lo que tú quieras, si lo que quieres es que el lector entienda exactamente lo que tú querías decir, pues muy probablemente lo que te va aproximar es a decirlo, pero en la ambigüedad y en la polisemia de la historia hay riqueza también, entonces los autores prefieren decantarse por eso. O hay autores, por ejemplo Valentina Gallego lo mencionaba, que en lo personal no suele utilizar la palabra tanto, es una persona más bien callada y por lo tanto se siente más cómoda expresando sus cómic silentes. Yo creo que es una decisión autoral más allá del porqué. No hay posibilidad de que sea mejor o peor porque al ser arte es exploración expresiva. 

MP: ¿Desde el principio tenían pensada la publicación de los resultados del semillero o fue algo que identificaron en el camino?

RR: Fue un accidente feliz, algo que fuimos notando. Conforme tú vas formando lectores que también se interesen en mejorar sus capacidades técnicas de dibujo, vas creando ese semillero de autores. La idea de incluir el libro en el proyecto fue de Fáber, esto fue hace dos años, yo de hecho fui escéptico al principio porque habiendo trabajado, habiendo estado en contacto con la industria editorial del cómic en el pasado, sabía que era mucho trabajo. Pero entonces si está la financiación, que es lo más difícil, hagámosle, dije. Fue algo que surgió. 

MP: ¿En el cómic cuándo se está listo para publicar?

RR: Esa pregunta no tiene una respuesta universal. Hay autores que se quedan con sus obras, de cualquier tipo, guardadas toda la vida y que los publican póstumos y soy un hit, otros que los publican póstumos y que no son un hit. Es muy difícil tomar esa decisión, pero yo creo que hoy por hoy, en los tiempos digitales, ayudan mucho las plataformas como Instagram y Tumblr porque puedes recibir un feedback inmediato; puedes hacerlo desde la tranquilidad de que no te estás arriesgando, ponerlos con un nombre falso o con un seudónimo y si coge tracción quiere decir que vas por un lugar bueno o que si notas que no tiene el eco que creías, decidas explorar otras cosas, si lo que te interesa es el eco, porque si lo que te interesa es la expresión por la expresión -que honestamente es la forma en la que uno debería acercarse a cualquier forma expresiva-  encuentras esas dos o tres personas que resuenan con eso que quieres expresar, que puede ser más valioso que los 20 mil likes. 

Pero en sí no hay una receta porque cada persona tiene procesos de maduración distintos. En esa medida este tipo de ejercicios ayudan mucho porque te obligan a publicar así sientas que no estás listo, que en buena medida por eso también lo hacemos en colectivo y que se empujen, porque los que más experiencia tienen pueden ayudarle a los que tienen menos experiencia y estos últimos llegan con una mirada más fresca que les puede ayudar a los otros a ver lo que ya son puntos ciegos. 

MP: La idea de que fuera un libro de historias fragmentadas, ¿es una decisión previa o se da en el camino?, y ¿en algún momento hay un diálogo entre ustedes para apostarle a una historia hecha entre muchos o apostarle a la fragmentación?

RR: Llegamos a la naturaleza compilatoria del libro porque teníamos un número de autores muy grande, más de 10, tanto en el primero [La ciudad y yo, 2018] como en el segundo [Trayectos trazados, 2020], y en ese orden de ideas poner a 10 personas que no son profesionales en el tema a trabajar juntos en una misma historia no es una receta de éxito. Me pareció que la compilación podía funcionar teniendo en cuenta los tiempos que teníamos y que podía respetar las voces autorales de cada uno, pero sí era necesario que se conversaran, que hablaran entre ellos si quería tener una unidad editorial y para que los cómics tuvieran un hilo en la médula, sino iban a ser cosas disparatadas y lejanas. 

MP: ¿Cuáles son los mínimos para respetar las individualidades y esquivar trampas que lo llevan a uno a homogeneizar a los otros cuando dirige un proyecto?

RR: Lo fundamental es estar dispuesto a aceptar que la obra es del autor. Un editor simplemente es alguien que está ayudando a gestar, uno es un partero, uno está ayudando a parir, pero en últimas la obra no es de uno. Entonces siempre hay que expresar con mucho respeto las observaciones. Hay observaciones que se hacen de manera más categórica, en el sentido que uno trata de dar más razones pero la decisión última es de los autores. En la misma concepción del proyecto se renuncia a la edición autoritaria para pasar a una edición horizontal, que es en últimas el ejercicio fundamental acá, porque hay una intención aparte de la unicidad del tomo: la de crear una escena para que ellos se vuelvan amigos, la parchen, hagan cómics juntos, publiquen fanzines y que eso coja paticas solo, donde no necesiten a Nelson [Zuluaga], ni a mí, ni a la Alianza [Francesa] para que hagan sus propios proyectos y desarrollen sus miradas y sus formas.

MP: ¿Cuáles fueron las dificultades para producir los dos tomos?

RR: Hubo un momento en que, al menos durante este último [libro], se planteó que era difícil que salieran publicados todos los [autores] que habían estado participando del proceso, pero la Alianza en cabeza del director, de Gäel [Durán], decidió invertir un poco más para incluir a todos los que estuvieron en el proceso. De vez en cuando ocurrieron algunas tensiones en la etapa de producción y hubo problemas con los costos porque esto se hace en pasta dura con un papel de alto gramaje. 

MP: Además de los talleres y espacios de formación, ¿qué más se viene con este proyecto?

RR: Desde “Hablemos de BD” está aprobado un libro más para este año. Será una trilogía con la misma línea de diseño. Y creo que ahí sí probablemente pararemos porque es un proceso agotador, porque hacemos otras cosas y sí se ha relegado el espacio de promoción lectora y de formación de dibujantes. Respecto a los autores, me parece interesante que se quiten la idea del libro, que se acerquen más a otras formas sencillas como el fanzine, para que vayan soltando, pero sí que estén publicando todo el tiempo, porque un autor de cómic lo que lo hace autor es que publica cómic con constancia.

MP: ¿Qué aporte le hacen estos espacios a la ciudad?

RR: Hay personas que creen que uno solamente puede afectar el mundo yéndose a las ciudades grandes donde está el vértigo, donde está lo vibrante, pero la verdad yo creo fielmente que es acá donde se puede hacer lo interesante, donde podemos explorar el mundo desde nuestras miradas muy idiosincráticas y muy propias, de adentro hacia afuera, y me parece muy chévere la posibilidad que tuvimos acá de crear una escena de autores de cómic local que no existe. No sé para qué le sirve eso al planeta, pero me parece chévere que la gente encuentre otra forma de expresarse, de manifestarse, de mostrar el mundo y pensarse a sí mismo.

La imagen de portada hace parte de la historieta Luucx Yat, de Mirot Caballero, del libro Trayectos Trazados