Imagen tomada de: www.colombiaenmapas.net

A una ene de distancia

El clima de septiembre le sienta bien al paisaje de este lugar donde a veces el sol no se asoma por completo.  El día es un poco cálido, lo suficiente para desear recorrer un par de calles permeadas por la competitividad  y la modernidad, evidente desde sus habitantes hasta el cielo que en algún momento ha hecho llegar su niebla hasta el suelo. Pocas veces, como hoy, no se siente tanto frío.

Su catalogada educación, sus potenciales primicias en equipos telecomunicativos y ese oxigeno excepcional que lo envuelve en un aire de otro mundo, o de otro continente, atraviesa a Tulku, Heisinki y Rauma con un profundo sin sabor Europeo.

-¿Qué? ¡Nunca dije Finlandia, dije Filandia!

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Por: Maritza Palma

Ilustraciones: Chucho Barrera Henao

Definitivamente muchos viven en otro continente, pero aquí la cosa es distinta aunque la gente no sepa que viene para Filandia y sigan interponiendo la ene de un país que ni conocen. De este lado no huele a Europa, por acá huele a campo, a gente de pueblo, a pájaros caídos en una plaza central, a café, a cultivos, a ¡buenos días señor!, y a manos talladas por los bejucos que hacen artesanías. Esto es Colombia y el sol por este lado sí sale con fuerza y mirándonos sin piedad a la cara.

Las manos de Álida sacan gajos de fibras mientras deletrea las letras que han fecundado amor en su vida desde pequeña, pero las palabras no interrumpen ni un segundo su oficio, el que sus padres le enseñaron un día en que los caficultores llevaban en su cintura un cesto para ir echando las semillas del café ya madurado. Su mirada permanece paralela a las brechas que hace a un lado a la vez que gira su cabeza para entrever una cámara que tratará de recordar las frases que ella pronuncia suavemente y sin obligación alguna.

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Su padre fue uno de los fundadores de la Asociación de Artesanos de Filandia, que ya hoy, un día cualquiera del 2014, lleva casi 30 años de persistencia, insistencia y resistencia.

Las calles que conducen de la plaza central, a la vía que lleva a Quimbaya,  están invadidas de casas con gente que tiene la pasión en las manos. Dirán muchos que este municipio es un sitio de elaboración especializada en cestería, pero eso es falso, este lugar es especialista en parir manos que no solo tejen cestos y adornos bonitos para colgar en el techo o para regalar a un pariente, tejen pasados culturales desprovistos dentro del futuro tecnológico.

Aquí se retoma la esencia  de un arte hecho a sudor. Los niños y jóvenes tienen un espacio para aprender a reproducir ese saber mientras muchos de sus padres van tejiendo sus raíces dentro de vainas artesanales que exhiben en una casa hecha con guadua, sin cerrojos ni seguros; la misma que compone la caseta comunal donde hoy teje doña Álida Márquez y que está ubicada en la esquina, en que empieza el barrio San José y la ‘Ruta de los Artesanos’.

Álida fue la encargada del día para cuidar, pero así como ella son varios los artesanos que se turnan para atender la caseta anteriormente gestionada por la Asociación de Artesanos con el fin de ser usada como punto de venta y exposición de artesanías filandesas.

Mañana vendrán otros turistas y pasado mañana otros más. Los cestos se venderán a nacionales y  a extranjeros que andan en busca de sorpresas autóctonas del paisaje cultural cafetero.

Más adelante los árboles se agotarán; el gobierno nacional impulsará talentos para sacarles jugo porque  han nacido en medio de patrimonios culturales; y el fin de semana abrirán el centro de interpretación ‘Del bejuco al canasto’ en el segundo piso de la casa de artesanos para mostrar la historia que cobija las creaciones de este pueblo.

Álida, por su parte, recordará a su hermano, quien fue el primer hombre en tejer canastos sobre un yipao en movimiento.

 

A metros del Barbas Bremen

Hace menos de un año la problemática ambiental los cogió por los cachos. La escasez de la materia prima se vio venir y fue el momento para comprender que el artesano no solo hace maravillas a partir de la naturaleza sino que también debe procurar que la naturaleza en sí siga siendo una maravilla.

Entonces, el mismo grupo que desde sus casas fabrica utensilios, decoraciones y objetos con memoria de tierras cafeteras, se vio obligado a detenerse y recordar cuando sus antepasados recogían las diferentes especies de árboles como cusco, tripepetro, atacorral, cucharo, cestillo, chagualo, granadillo, tres filos, yule, sortijo, chipalo y verde negro. Días en que el bejuco era interminable y no se pensaba que tuviera cómo acabarse.Filandia02

Ahora no solo se reúnen para sembrar, recolectar y volver a sembrar su materia prima en  puntos estratégicos -admitidos para este proceso dentro de los espacios naturales aledaños- sino que también manifiestan su pie de lucha frente a proyectos indiscriminados que a falta de manos que tejen, enmarcan cables que tensionan y matan, como el proyecto de torres de energía que adelanta la Empresa de Energía de Bogotá y que se viene ubicando en varias zonas del Eje Cafetero para cruzar por encima de territorios naturales como el Barmas Bremen, el Parque Nacional de los Nevados y La Florida.

Álida Márquez es solo una de las 13.200 artesanas de Colombia -cifra que se calcula  según censo manejado por Artesanías de Colombia– dispuestas a debutarse en el mercado nacional e internacional aún con desventajas comerciales. Y el Barbas Bremen, lugar que también es utilizado por los artesanos de la región para la siembra y recolección de su materia prima, solo uno de los tantos espacios naturales del país en amenaza de destrucción.

Artesanos y espacios naturales, reconocidos por ser el espejismo de un país con corazones de tierra y con raíces indígenas, se limitan a ser declaradas por un gobierno nacional como patrimonio cultural y reserva natural, mientras el mismo gobierno les entierra un puñal permitiendo la imposición de proyectos minero-energéticos, energéticos y/o de deforestación, a la vez que da larga acogida a multinacionales y comercios exteriores que se sobreponen al sector económico colombiano, el cual deberá competir para no morirse de hambre.

La tarde empezó a caer aunque no parecía, pues la intensidad del sol continuó fuerte frente a Filandia.