Uno, dos y tres… ¡salud!

El más importante festival de la cerveza del mundo se da en Alemania. Este, un breve paseo por una experiencia que muchos sueñan vivir y beber, sobre todo esto último.

 

Por: Gustavo Gutiérrez
Prost! ¡Salud!, en español, se decía la gente mientras se tomaba una Paulaner Festzelt, dorada, sea fría o caliente, con un dulzor de malta y un amargo a lúpulo. Era la cerveza más rica y costosa del Oktoberfest celebrado en Munich, Alemania. A 11 euros con 80 céntimos cada litro.

 

El lugar era inmenso y de dos pisos. En el centro había un escenario con una enorme cerveza giratoria de Paulaner Festzelt escrito en mayúscula y azul marino, allí una banda entonaba la canción Perfect, de Ed Sheeran, del álbum Divide:

to carry love, to carry children of our own.
We are still kids but we’re so in love,
fighting against all odds,
i know we’ll be alright this time.
Darling, just hold my hand.

Los músicos hacían gozar una fiesta llena de sonrisas y de alegría, la gente se abrazaba entre amigos y desconocidos.

Al interior y exterior de la carpa se puede detallar el centenar de visitantes en la ciudad, entre ellos turistas, estudiantes, adultos mayores y locales, muchos de ellos portaban dos trajes tradicionales bávaros inspirados en el vestuario de la población rural alemana.


Las mujeres atraían miradas, algunas se vestían más clásicas y otras más atrevidas, el atuendo se componía de un corsé, una blusa blanca, una falda roja y un delantal blanco, un par de medias de lana y un par de zapatos oscuros, llamado el “Dirndl”, el cual llegó a ser, en 1870, un vestido de alta costura para las burguesas austriacas.

Algunos hombres se veían más atractivos que otros con el Lederhosen, la versión masculina. Era un pantalón hecho de cuero de cabra, con zapatos de suelas resistibles en punta, un sombrero alpino de gamuza, unas medias de lana gruesa, y todo en colores opacos, a excepción de una camisa de cuadros rojos y blancos.

Los meseros fueron los actores principales del festival, se ganaban un euro por pedido. Vestidos para la ocasión, cargaban en su cintura una mariquera para cobrar y devolver el cambio.

Siempre sonrientes, tomaban las órdenes con una buena atención al cliente, con rapidez recogían y regresaban a las mesas con comida y otros, con seis vasos de a litro de cerveza, así fue como lograron abastecer alrededor de 8000 personas dentro y 2000 que caben fuera de esta carpa, una más de las 17 existentes.

El techo era de vidrio, debajo de él había telas amarillas y negras, con lámparas redondas envueltas en plástico negro y bombillos alrededor, sostenidos por cintas rojas, verdes, azules y amarillas.

Fueron alrededor de dos horas para lograr entrar, y a pesar de las bajas temperaturas y de lo repleto que estaba, se sentía muy cálido, había suficiente espacio para desplazarse entre los pasillos, para bailar y para comer. Cada vez se ponía mejor, según el público. El próximo año comenzará el 19 de septiembre hasta el 4 de octubre. Uno, dos y tres ¡salud! Bienvenidos sean todos ustedes al Oktoberfest.