Kentridge pone su mirada en el problema de la indiferencia, es así que aquel burócrata (pieza normalizada del sistema), al continuar con su camino sufre un accidente, chocando con otro hombre. Pero la obra, de nuevo, no se centra en las víctimas de la violencia, el núcleo es  la apatía.

Félix en el exilio. William Kentridge. 1994. Película de 35mm transferida a video (color, sonido). 8:43 min.

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

El museo Omar Rayo, en el municipio de Roldanillo, expone en una de las salas las obras de William Kentridge; obras que resultan perturbadoras para el espectador. El trabajo del sudafricano se caracteriza por jugar y mezclar diferentes técnicas (fotografía, dibujo, grabados y animación), en términos técnicos podría considerarse una obra compleja, al mismo tiempo que si se analiza su contenido se puede vislumbrar una obra devastadora, que pone ante los ojos del espectador las contradicciones políticas y sociales de una sociedad como la sudafricana.

Heidegger en su texto El origen de la obra de arte analiza una pintura de Van Gogh, Los zapatos viejos, y concluye que en esa obra se representan unos seres de confianza que a pesar del tiempo y del desgaste son el símbolo de la lucha del hombre por el pan y la vida. Toda obra de arte es en principio un ser autónomo que contiene en sí una verdad; una verdad que se actualiza constantemente a través de los espectadores.

Es así que la obra de Kentridge impacta al hacer palmario los conflictos de exclusión social y política que vivió Sudáfrica. Se abren ante los espectadores muchas preguntas teniendo como referente una sociedad como la colombiana, caracterizada por la violencia y el olvido.

En uno de las animaciones se observa como un grupo de médicos revisan a un paciente que yace inconsciente y mientras es observado, se rememoran las imágenes del último recorrido realizado por aquel hombre en su coche. Al yuxtaponer las imágenes de la comilla y de la última ruta de aquel hombre, resalta una mirada indiferente. Rasgo esencial en la vida de un hombre que ve la vida simplemente pasar, y de la cual la apatía es su sino.

Este conductor, muestra la animación, en un momento observa el cadáver de un hombre tirado en el suelo. Un negro que ha sido golpeado y  asesinado. La obra no revela ni los motivos ni las causas; sin embargo, esto no es necesario, porque en la mirada indiferente de aquel conductor sobre el cadáver se hace patente el desprecio sobre la vida del otro. El prójimo no representa nada, es simplemente una forma de existencia que comparte el tiempo y el espacio, pero sobre la cual no se tiene ninguna responsabilidad. Así el sufrimiento del prójimo no tiene ningún peso sobre la vida, es borrado por el parabrisas al ser una mancha, mugre, polvo que estorba e impide llegar a la meta.

No existe la compasión en una sociedad que erige diferencias entre sus habitantes. No importa saber quién murió, ni las causas, la vida es indiferente y el trabajo cotidiano debe continuar. Kentridge pone su mirada en el problema de la indiferencia, es así que aquel burócrata (pieza normalizada del sistema), al continuar con su camino sufre un accidente, chocando con otro hombre. Pero la obra, de nuevo, no se centra en las víctimas de la violencia, el núcleo es  la apatía. Cuando despierta en el hospital su realidad vuelve a la normalidad, no importan ni el pasado ni los hombres que vio en la carretera, ni la muerte de ninguno de los otros, todo debe volver a la rutina de siempre: la comodidad de la oficina, los sellos y el trabajo.

Por otra parte, Félix en el exilio es otra animación que se expone en el Museo Rayo, donde se ve a dos personajes que parecen ser una metáfora de la memoria y el olvido. Félix, un artista que ve desde la habitación lo que sucede en su tierra natal. Su mirada es solo posible a través de los ojos de una mujer que observa el territorio y entrega a Félix cuadros de la realidad. Esta primera condición, aislamiento y exterioridad, asemeja a la paradoja expresada por el fenomenólogo Edmund Husserl, al reflexionar alrededor de los problemas de la intersubjetividad, porque si bien cada sujeto es una unidad de sentido, cerrada sobre sí misma, tal como vive Félix, aislado en su cuarto, tiene ventanas por las cuales puede observar al mundo. En el caso del artista, sus ventanas son las imágenes que puede observar a través de los ojos de aquella mujer, así Félix puede romper la pesada carga del exilio al mirar lo que sucede en su patria. El otro es el medio para romper el aislamiento y el exilio, el otro son los ojos por los cuales puede ver el mundo y verse a sí mismo.

Pero, ¿qué se observa al mirar al exterior? Un cadáver que es cubierto por las páginas de un periódico, imagen desgarradora, porque la muerte es silenciada con las palabras, unas palabras que no son una exaltación o un reclamo, pues son la forma mediante la cual la muerte es silenciada, olvidada. El cadáver pasa ser una fábrica, la muerte es la antesala del progreso y las imágenes que llegan son confusas.

Sin embargo, toda mirada sobre la realidad tiene el riesgo de perecer. Al escrutar y ser consciente de los hombres que mueren, marchan y dejan atrás su pasado para dar paso a las máquinas, esa mirada que interroga puede ser borrada. Es así que una bala acaba con la vida de la mujer que sirve de puente a Félix con la realidad, la mirada que puede analizar es cegada, al tiempo que sobre Félix cae la noche y el silencio. No hay forma de ver al mundo para un hombre condenado a la soledad y la incomunicación. Pareciera que el progreso repele la mirada que lo devela, porque al ser observado, emergen la muerte y los hombres que han sido desplazados para dar lugar al desarrollo.

Un último elemento, silencioso pero importante, resaltado en Félix en el exilio, es el agua, ya que son frecuentes las imágenes de ríos y aguas que se estancan, brotan y corren a lo largo de la animación. ¿Qué significa este elemento dentro de una narración que aborda el tema del olvido y la memoria? Gastón Bachelard, en un análisis que realiza sobre el significado del agua en los sueños, dice: “porque lo que habla en el fondo de los seres, desde el fondo de los seres, lo que habla en el seno de las aguas, es la voz de un remordimiento”. Esta es la imagen con la que finaliza Félix, aislado, en medio de las aguas del recuerdo y el remordimiento, ante la impotencia causada por el destierro y el olvido que cubre las miserias y a los hombres.