DESFILE DE ESPERPENTOS

Semblanza crítica de Limbo, la más reciente novela del escritor John Templanza Better.

 

Por / Miguel Ángel Rubio Ospina*

 

“Hay un término clínico para definirlo,

pero no me interesa. Reducirlo a él a lo que otros consideran anómalo

sería un error, digamos que en él confluyen el río y el mar,

el sol y la luna, tú y yo fusionados en uno”.

 

Limbo, Templanza Better, página 79

¿Qué puede haber en común entre un hombre de dos cabezas, dos solteronas herederas del misterioso pasado de una santa polaca, un pintor abducido por extraterrestres, un sacerdote goloso, una mujer bella,  un psicópata y un hermafrodita?

Desde esta pregunta, quisiera en esta ocasión hablar a los lectores de una novela magistral que irrumpe este año de pandemia y cuarentenas en el panorama de la literatura nacional; se trata de Limbo, La más reciente novela de John Templanza Better (Barranquilla, 1978), escritor también de otras propuestas literarias en crónica, cuento y poesía, y que, poco a poco, se ha ganado un lugar de merecido reconocimiento en el canon de escritores colombianos.

El concepto de limbo, desde el judeocristianismo, se refiere al lugar indeterminado que acoge a los niños no bautizados. Digo indeterminado, porque en esa dualidad planteada entre el bien y el mal, entre el cielo y la tierra, entre Lucifer y Dios (a Lucifer sí se le otorga nombre), en esa dualidad, hay un intermedio que, igual al purgatorio, no es ni lo uno, ni lo otro.

Las figuras apocalípticas de estos lugares nos lo pintan más terribles que el aburrido cielo lleno de ángeles y querubines entonando himnos a un dios prepotente, que solo quiere ser alabado y el terrorífico infierno, en el que una serie de castigos ad aeternum son la recompensa para quienes no siguieron en vida los caprichos dogmáticos de su diosecillo creador y belicoso; el limbo es un no lugar,  donde esas almas que en vida no estuvieron en ninguno de los dos márgenes son enviadas a un sitio dual, sin nombre, sin espacio, sin nada, ni bueno ni malo, ni uno ni dos, ni X o Y, pues los términos medios al judeocristianismo no le sirven, la indeterminación le asusta, el limbo es la marginalidad, lo inclasificable.

Una novela que se ha vendido en librerías en el género del terror, es más que eso, mucho más, reducir la lectura de Limbo a un solo género es quitarle su capacidad de asombrarnos como lectores, es caer en la sutil y delicada trampa tejida con filigrana, como solo Better sabe hacerlo, es comer cuento.

Limbo es más que terror, es ante todo un canto a los marginados, un levantar las baldosas y mostrarnos el piso de tierra,  un voltearnos el cuero y vernos las venas, las carnes vivas, un mover el tapiz y encontrarnos con nuestra rareza, la misma del bicéfalo Frank y Ron, o la del niño con la cabeza de calabaza, ¿The elephant man? Linch es un espíritu que ronda por las líneas de este texto; un fantasma que se toma la literatura por un rato y nos pone ante una casa que rememora Motel Bates, misteriosa, vetusta, especial, una casa que respira y que se convierte en el limbo simbólico donde dos mujeres pajarescas  y gemelas, con personalidades distintas, acogen niños no bautizados para, con su intermediación ante la Santa, su antepasado, hacerlos pasar al limbo.

La historia toma un giro extraño cuando ellas reciben, creyéndolo muerto, un bebé hermafrodita, al que castigan no otorgándole un nombre. En este caso, cercenar la identidad de ese ser humano es arrebatarle la oportunidad de conocerse, reconocerse y reconocer a los demás. Esa casa vetusta de ciudad Crisantemo es el limbo en la tierra que acoge lo extraño y lo sobrenatural, y que es también el lugar donde solo tiene cabida el juicio desde la moral religiosa, la estigmatización social, el desarraigo y la marginalidad. Una suerte de Taigeto, al cual arrojar todo lo que no está en la esfera de lo normal, todo lo que es raro.

Allí la presencia de lo onírico se mezcla para el lector con alusiones directas a obras de la literatura universal, Alicia en el país de las maravillas o Momo de Michael Ende, también en esa peregrinación dantesca el lector se encontrará en la casa mágica de El viaje de Chihiro, o en las más espectrales de las escenas de King o Lovecraft, todo condensado en esa atmósfera gótico tropical de la mansión de Araucaima, o esas imágenes espectrales de ciertos cuadros religiosos que más que piedad inspiran miedo y terror en quien las observa.

Entre las líneas de esta extraña y novedosa novela se advierte lo esperpéntico como una categoría que atraviesa todo el libro; porque el propósito de Better no es el terror a lo Stephen King, o el suspenso a lo Hitchcock, es más bien explorar los límites de lo psicológico como Polanski, y esto último es evidente desde el primer capítulo que es casi un intertexto con la película más famosa de este director polaco, Rosemary´s Baby (1968), y todo el ambiente de allí en adelante es un diálogo con este film que irá desencadenándonos perfiles psicológicos muy diversos en sus páginas.

El lector se encontrará entonces con una novela en la que los límites de lo real y lo esperpéntico son casi imposibles de determinar, se verá en la necesidad de buscar alusiones y referencias de arte, historia, geografía cine, asesinos en serie, etc., todo un recetario de cosas, que solo la curiosidad y la lectura sherlockholmesiana le llevará a dilucidar.

Una novela contemporánea, que narra lo urbano desde el vértigo; que no reivindica las grandes ciudades de la actual literatura colombiana, ni los perfiles de personajes que de tan humanos son poco creíbles, es más bien una novela donde desfilan en una caravana de esperpentos, hombres de dos cabezas, sacerdotes con dudosa moral, asesinos en serie, brujas y gatos negros, mujeres locas y desarraigadas, libreros sin destino y un intersexual que es el punto clave de toda la historia, y que reivindica la capacidad de la literatura de mostrar lo que la supuesta “normalidad” se abstiene de relatar y nombrar desde el lenguaje.

*Licenciado en español y literatura. Twitter: @rubio_miguel