Día 9 / El amor como grieta

En los retazos, fragmentos y recortes que componen la parte histórica, y la historia de almas en pena buscando cambiar su estado de tránsito, sale a la superficie uno de los rasgos centrales de la novela: la fragilidad del poder, pero sobre todo la fragilidad de cualquiera ante el amor.

 

Por: Giussepe Ramírez

Aunque es una novela principalmente de ficción —tan solo el 24% de los capítulos está hecho de citas verificables: testimonios, artículos de prensa y fragmentos de libros— el lector debería acercarse a Lincoln en el B01ardo con la prevención de que es un artefacto experimental que hibrida ficción y no ficción de manera abrumadora con sus múltiples referencias documentales o a los personajes que intervienen, creando una articulación polifónica ya de por sí compleja desde su construcción.

En esa misma clave experimental, y quizás definiendo con mayor precisión a lo que se enfrentará, habría que advertirle al lector que se trata de un libro arriesgado en su forma si se consideran sus implicaciones espaciales —la puesta en página— y el impacto para la trama de la confluencia del mundo de los vivos y los “enfermos”, esa amalgama hipertextual diferenciada únicamente por mayúsculas y minúsculas. Sin embargo, el lector también debería estar advertido, convenientemente, que a lo que en realidad se va a enfrentar es a una historia sobre la pérdida y la búsqueda del amor. O más bien, sobre la esperanza avivada, movilizada por el amor.

El montaje de la novela puede prevenir su lectura. Pero precisamente, como otra trama más allá del libro, la tensión se instala cuando el lector advierte que los cajones de “enfermo” son en realidad otra cosa, y quienes así los llaman están equivocados, o al menos ignoran su verdadera condición —andan buscando emociones, extrañando a seres queridos, aspirando a reestablecer el orden donde aún gobernaban los sentimientos—, como si volver fuera cuestión de tiempo.

Y es en ese momento, cuando Willie Lincoln llega a ese otro mundo, que el sentido de las nociones de los seres que lo habitan empieza a agrietarse, abriendo una especie de portal entre los dos mundos. Toman consciencia de las cosas. Pero no es solo la llegada de Willie lo que abre el portal, sino que realmente es la visita de su padre, o más bien el amor paternal, lo que echa a andar el mecanismo de la trama. El amor como grieta vital.

En los retazos, fragmentos y recortes que componen la parte histórica, y la historia de almas en pena buscando cambiar su estado de tránsito, sale a la superficie uno de los rasgos centrales de la novela: la fragilidad del poder, pero sobre todo la fragilidad de cualquiera ante el amor.

Aunque en primer plano aparece el dolor del padre por la pérdida del hijo, nos damos cuenta paulatinamente, por las historias de aquellos fantasmas, de la necesidad de amor de cada uno, de los fracasos después de creer haberlo encontrado, de la vida truncada justamente cuando debía consumarse.

Así empieza la historia, con una viga de por medio en la consumación de un matrimonio feliz entre un hombre que le lleva a su esposa casi treinta años. El primer gran giro narrativo es ese, un relato feliz sobre la exploración del amor interrumpida por una viga en la cabeza.

Después asistimos a las quejas de almas en pena que jamás han recibido una visita de sus familiares; al anhelo de tres solteros que a pesar de andar deambulando por aquel mundo espectral no renuncian a encontrar el amor; a la envidia expresada por muchos de ellos al ver el amor que Lincoln profesa a su hijo.

Entonces podemos entender la figura de Willie Lincoln como un desbarajuste, una conmoción, como una puesta en evidencia de las carencias afectivas de los otros. El amor insufla a las almas una esperanza para volver a ser sanas: “Que lo toquen a uno con ese cariño, con esa atención, como si todavía estuviera…” suspira Roger Bevins III. Luego manifiesta, casi sorprendido, iluminado por la imagen de un ser del otro mundo acariciando el cabello de un enfermo, que también ellos, abandonados en aquel mundo, son dignos de amor: “Tal vez no fuéramos tan imposibles de amar como habíamos llegado a creer”.

La novela, más allá de su sofisticada estrategia narrativa, de aquella polifonía apabullante, de los testimonios y las fuentes y los juegos verbales, va sobre el amor y la necesidad de recibirlo, incluso más allá de la muerte.