ENCANTO, UN DESENCANTO CANTADO

El velón, como dispositivo mágico es un souvenir universal recipiente de magia. La casita mágica, solo responde estética y arquitectónicamente a nuestra idiosincrasia, los súper poderes nada tienen que ver con nosotros y Disney nos quiere mostrar felices valiéndose de nuestros formas, culturas y colores, sin tomarse la molestia de estudiarnos a profundidad.

Escribe /Andrés Galeano – Ilustra / Stella Maris

Por ocio y ego puro, pongo en evidencia mis apreciaciones sobre Encanto,  la primera película de Disney inspirada en la cultura colombiana y estrenada en nuestro país a finales del 2021. De ante mano y como buen colombiano, habitante de la guerra y el sarcasmo autocrítico, me es imposible empezar parafraseando uno de los tantos memes  que suscitó este musical animado: “Ironía es que Disney haya hecho una película sobre Colombia y no Tarantino”.  Tras leerlo no paré de reír y pensar en la vasta materia prima con que contaría el creador de Kill Bill, si se atreviera a hacer una de sus películas truculenta sobre Colombia: la Patria Boba-el corte de franela-el collar bomba-el bogotazo-la toma del Palacio de Justicia-los carros bombas de Escobar-las pescas milagrosas guerrilleras, las masacres de los paramilitares y el auge delictivo de las Bacrim; serían algunos de los insumos para este genio del cine. Pero la realidad es otra y es satírica, se le  adelantó Disney y frente a este hecho solo nos queda el poder opinar.

Iniciaré esta critica ahorrándome los elogios sobre la técnica y el diseño de producción de Encanto. En esto, tanto Walt Disney Studios como Pixar son impecables; y estamos a años luz de alcanzar semejante factura audio-visual y efectista. De igual modo, me ahorraré mis impresiones viscerales y subjetivas sobre la película. Si me pareció buena, mala, entretenida o aburrida. Esto poco importa si no va acompañado de una sagaz defensa argumentativa y técnica.         Y en la mayoría de los casos, esta defensa por purista que sea también cae en el abismo de la subjetividad. Para dar un ejemplo: amo en cine contemplativo de Bergman o Tarkovsky, pero me aburrí hasta el limite viendo Roma, de Cuarón ¿Qué pasó aquí? No lo sé.

Lo que haré entonces será ir más a fondo, tomar a Encanto como pretexto para intuir y develar ¿Qué piensa Disney sobre Colombia? ¿cómo nos está viendo Hollywood? ¿Y cómo quiere mostrarnos al mundo entero? Esto es lo realmente valioso, lo que me hizo correr al cine para ver la película y, después del totazo, lo que me sentó a escribir este texto. Para lograr tal fin me armarme con las herramientas del guionista, mecánico y artífice de las historias; empleando los conceptos de “Idea temática” e “Idea dramática”.

Afinemos conceptos. La idea temática es la tesis de la película, lo que el autor quiere decirnos y expresarnos. Puede ser una idea sencilla, que puede resumirse en una frase tipo eslogan o moraleja. La Idea dramática, por su parte, es la historia, la fábula o el argumento que se construye para expresar, (de manera tácita) la idea temática concebida desde un inicio por el autor.

Entendido esto, empecemos deduciendo posibles Ideas temáticas de “Encanto”: (1) No debemos aparentar lo que no somos por complacer a los demás.  (2) el encanto está en aceptar la diferencia (3) todos somos especiales, por distintos que seamos. Ahora imagina la tuya, (4)…

Respecto a la idea dramática o argumento, podemos decir que la historia va de una familia campesina, Los Madrigal, que en la década de los 40 y 50, son víctimas de la llamada “Época de la Violencia” y son obligados a huir de su casa en el pueblo y abrir camino en el campo. En esta diáspora asesinan a Pedro, el padre de familia, dejando viuda a Alma con sus trillizos recién nacidos y un grupo de campesinos, también desplazados.

Hasta aquí todo en orden. Esta “Época de la violencia” sucedida entre el 46 y el 58 dejó heridas que aun siguen abiertas. La guerra nos precede y después de este episodio oscuro, vinieron otros fenómenos bélicos, igual o más terribles, como la Guerra bipartidista, el auge de las Guerrillas, la sevicia del narcotráfico, las masacres de las AUC y el apogeo de las bacrim y los grupos de delincuencia organizados.

Buen punto para Disney, al menos Byron Howard, Jared Bush y Charise Castro Smith, directores de este film y maestros en la producción animada, dieron con un clavo en nuestra historia. Sin embargo, le agregaron una cerecita al pastel bastante anacrónica, que bien puede funcionar en el terreno fantástico, pero que me ha dejado un sinsabor amargo que no me he podido quitar.

Después de asesinar a Pedro, el padre de familia, aparece el dispositivo mágico típico de Disney, esta vez no en forma de zapatillo de cristal o de varita mágica, sino de velón encendido, símbolo de fe y misticismo. Este velón que sostenía Alma para alumbrar las trochas, CREA, en cuestión de segundos, un territorio encantado con una casita mágica que responde a las demandas de Los Madrigal, otorgándoles a demás, una “habitación mágica” a cada uno. Es decir, un micro-espacio interdimensional, donde pueden desplegar sus dones y habilidades especiales.  Inclusive Mirabel, (nombre no-colombiano) protagonista de la historia, quien sufría por carecer de don, termina adquiriendo un poder unificador, que termina resignificando tanto a la casita, como el temple de Alma, ahora abuela. Esto me recuerda El Castillo ambulante del maestro Miyazaki, pero sin viajes en el tiempo, ni puntadas filosóficas. Aquí, en Encanto, la casita no se mueve de su sitio y desde las montañas, provee de magia a un pueblo feliz e interracial, que vive de su magia y encanto.

Aquí empezó mi desencanto mayor, derivado de la resolución argumentativa que se le dio a la época de la violencia, como símbolo y paradigma de las muchas guerras preliminares y venideras en nuestro país. Y en todos estos casos de despojo, a ninguna familia se le apareció un velón mágico que les construyera una casita fantástica, llena de flores, magia y habilidades especiales para todos.

Todo lo contrario. Lo que siguen encontrado los millones de desplazados, campesinos, indígenas y afrodescendientes, son dolor, hambre, muerte y tristeza absoluta, por haber tenido que dejar sus casas, sus territorios y en la mayoría de los casos, sus seres amados, bajo tierra. Han sido pocas las familias que han logrado ser auxiliadas por entidades humanitarias estatales o privadas, y más pocas aun las que han logrado prosperar económicamente y reconstruir sus vidas y sus lazos sociales en las grandes ciudades. La mayoría, insisto, han terminado reducidas en los semáforos implorando caridad, justicia e impunidad, en uno de los países más corruptos del mundo, según el estudio publicado recientemente por la famosa revista estadounidense U.S. News. Y créanme, no se equivocan.

Esta conjetura, que a simple vista parece bastante roja y neo-marxista, apunta más alto. El punto aquí no es que Disney haya empleado el velón mágico, acompañado de una casa fantástica, como resolución del conflicto a nuestra guerra interna. No. Cómo lo dije anteriormente, aquí lo que realmente importa es saber por qué lo hicieron y qué quieren decirnos con ello. Brindaré varias salidas y suposiciones. Ya el lector tomará la que más le parezca o, por el contrario, rechazará de principio a fin estas conjeturas. Lo cual me parece más interesante.

El primer aspecto a tratar sería la relación nuestra con el velón, ¿es nuestro? ¿nos representa a todos por igual, positiva o negativamente, como lo haría el café, la cumbia, el folclore vallenato o el fantasma de Pablo Escobar y la Cocaína? seremos los colombianos los portadores y voceros en el uso del velón. La respuesta salta a la vista. No. Las velas son un invento de los egipcios del siglo XIII y XIV, quienes las hacían con ramas embarradas con sebo de bueyes o corderos. Fue en la Edad Media donde empezaron a fabricarlas, con sebo y cera de abeja. Así pues, la luz de vela viene de muchísimos años atrás y el uso doméstico y mítico que se le ha otorgado a la vela tampoco es nuestro. Es planetario. El fuego y sus distintos usos ritualísticos, han servido para muchas culturas, desde su hallazgo en el Paleolítico. ¿Qué conclusión sacamos? que para los creadores de este film el velón no es una resolución idiosincrática y solo nuestra, es universal. En este caso lo emplearon como souvenir y objeto recipiente proclive a la magia; pero pudo haber sido cualquier otra cosa de carácter universal, como un paraguas, un sombrero, una pluma o cualquier otro objeto.

Continuemos con la “casa” mágica. ¿nos pertenece? ¿Nos cuenta? Argumentativamente no. Estéticamente sí. Argumentativamente no, porque como lo expresé más arriba los millones de desplazados de nuestras guerras no han contado con una casa mágica. Todo lo que tenían lo perdieron, hasta las gallinas y los perros. Estéticamente si. Porque esta casa mágica de los Madrigal hace alusión a las bellas casonas cafeteras colmadas de ventanas y flores colgantes, que los mismos directores del film conocieron. Pues en su etapa de pre-producción Howard, Bush, Castro Smith y otros miembros de Disney vinieron a Colombia para desarrollar el trabajo de investigación, visitando ciudades y lugares, como Bogotá, Cartagena, Santander y Quindío, incluyendo las zonas cafeteras, los Llanos y otros lugares turísticos como el Valle del Cocora.

Continuemos con los poderes mágicos de la familia Madrigal. ¿Los tenemos? ¿Poseemos algún poder externo los colombianos? Obvio no. Somos tan comunes como el resto de la humanidad, con la salvedad de que no tenemos memoria histórica y para hacer el mal, cuando nos lo proponemos, somos los mejores.

Vayamos concluyendo. El velón, como dispositivo mágico es un suvenir universal recipiente de magia. La casita mágica, solo responde estética y arquitectónicamente a nuestra idiosincrasia y los súper poderes nada tienen que ver con nosotros. Entonces ¿Por qué Disney nos puso todo esto? ¿Con qué fin?

Podría ser que Disney eligió el velón y la casita mágica, no solo como recipientes pro-mágicos, sino como un metarelato anacrónico histórico. Este recurso lo empleó Chaplin, en El gran dictador, y también Tarantino en “Bastardos sin gloria” donde los Yanquis logran matar a Hitler y a su séquito nazi en un teatro de opera. ¿Lo recuerdan? Bajo el lente de este recurso narrativo, el velón mágico de Encanto -siempre encendido, es lo que debieron y deberían de tener todos los desplazados de las guerras colombianas, para que puedan reconstruir sus vidas y no seguir padeciendo tantas calamidades. Y digo seguir padeciendo, porque durante el 2021 y según cifras de la ONU, 57.116 personas han sido victimas del desplazamiento y ni hablar de los más de 1000 líderes y lideresas, asesinadas durante el Gobierno de Iván Duque.

También podría ser que Howard, Bush, quien venía de dirigir Zootopia, eligieron el velón, la casita y los poderes mágicos, porque se les dio la reverenda gana y les pareció bonito y útil. Eso está bien, se le llama “Licencia creativa” y funcionó, los teatros se llenan, el público, menos exigente, sale contento y los niños terminan tarareando las canciones pop.

Conclusión final e inductiva: El velón, como dispositivo mágico es un souvenir universal recipiente de magia. La casita mágica, solo responde estética y arquitectónicamente a nuestra idiosincrasia, los súper poderes nada tienen que ver con nosotros y Disney nos quiere mostrar felices valiéndose de nuestros formas, culturas y colores, sin tomarse la molestia de estudiarnos a profundidad.

Y lo que me indigna como colombiano, es que, siendo nosotros el país que vio nacer al padre del realismo mágico, por qué no acudieron a este universo para desarrollar la historia. Y no me refiero a la vida de Gabo, no. Sino a la posibilidad estilística y narrativa de mostrar lo irreal y extraño como algo cotidiano y común. Examinemos. Somos, para los encuestadores de Gallup International, el país mas alegre del mundo, a la vez somos unos uno de los países mas corruptos y violentos del planeta.

Somos, pionero del absurdo, pero a la vez ricos en biodiversidad, gastronomía y cruce de etnias y culturas. Por qué entonces, en vez de recurrir al velón y la casita mágica no emplearon nuestros mitos y leyendas para cimentar la idea dramática. Basta con repasara las fantasmagorías de Tolima y Antioquia, para encontrarse con entidades míticos y fabulosos, como el mohán, la patasola, el cura sin cabeza, y el duende, entre otros. O para no irnos tan atrás, por qué no tomar arquetipos nuestros, como las plañideras, el culebrero, el juglar vallenato, los chepitos morosos, en fin; por qué no hicieron la tarea etnográfica completa, teniendo todos los recursos para ello. Los directores estuvieron en nuestras tierras investigando nuestro folclore. Qué pasó, por que se quedaron tan cortos en su indagación etnográfica. En Coco lo lograron. A mi parecer, una obra maestra que recoge tradición y memoria entorno a la concepción de la muerte, empleando la música como patrimonio y eventos cruciales como el día de los muertos. Aquí en Encanto el folclor se quedó en el look, porque obvio, desde el arte y la ambientación está colmada de signos y códigos nuestros, hay sombreros, arepas, ponchos, casas, mochilas wayú y hasta música de Carlos Vives, e Iza Mosquera, bajo la directriz de Lin-Manuel Miranda, estadounidense y director de la banda sonora del film. Entonces ¿me hace mexicano ponerme un sombrero de charro? ¿Me hace argentino ponerme la playera de azul y tomarme un matecito? No. Aquí todo se queda en la superficie, en lo cosmético. Es en definitiva, un intento fallido de Walt Disney Pictures y Walt Disney Animation Studios, sobre el monstruo paradigmático y fantástico que somos.

Pero quién soy yo para criticar la sexagésima producción de Disney. Nadie. Nada. Sin embargo, aquí estoy. Demoliendo a martillazos. Radiante. Cínico. Feliz.

 

Andrés Galeano, Pereira, Colombia, diciembre de 2021