UN, DOS, TRES POR KLEPSIDRA EDITORES

Desde hace unos ocho años, John Jairo Carvajal ha venido consolidando su sello editorial, Klepsidra, con un trabajo arduo y creativo en el que el libro es un objeto agradable, amistoso, bello. En este 2021, entrega al público lector tres novelas que por su mérito se destacaron en dos concursos propios: el Premio Nacional “Los Fundadores” y el Premio de los Lectores. Sobre ellas versa esta reseña.

 

Escribe / Jáiber Ladino Guapacha[1]

Carne para caníbales, Wilmar Ospina Mondragón (Premio de los Lectores, 2020)

La novela negra como un plato que se sirve frío. Es más, para el caso que propone Ospina Mondragón, dicho plato no se encuentra servido de antemano, sino que es preparado a medida que el lector avanza y descubre que el “caníbal” es él mismo. Es un juego intertextual alrededor del mundo editorial, pues a medida que la editora de Máscara de Papel trabaja en la aparición de una novela que versa sobre un criminal, ella es señuelo y trampa para quien cree que lee desde afuera.

Mientras los personajes dialogan, monologan, se recorre la ciudad de Pereira. Un ejemplo podría ser la extraña cátedra peripatética, que orienta el “amable” profesor y protagonista de la obra, Genaro Estepa, a un alumno que le sale al encuentro. La compleja exposición que los adentra en nociones axiológicas les permite caminar el campus universitario, desde el bloque L hasta el edificio de Bellas Artes.

Las expresiones de angustia, los pensamientos que inhiben la acción y que terminan por resignar, desde el estudiante hasta el portero, son la carne cruda que se tasajea para el lector. De ahí que considere necesario advertir la disposición que se debe tener para hallar la criminalidad no en los golpes, sino en el cerebro que mastica imágenes de cacería: “¡Tantos felinos hambrientos en el zoológico y el alimento aquí, vegetando en los salones, calentando silla! ¡Ojalá se descuide alguno y verá cómo cae en la cacería de brujas, cómo se convierte en concentrado para leones!”.

 

Hoy no vengo a vencer tu cuerpo, William Marín Osorio (Premio Nacional “Los Fundadores”, 2018)

Corre un riesgo grande el autor al optar por un protagonista disperso, el cual, en atención a su labor de docente e investigador, sacrifica el hilo de la narración en atención a una referencia bibliográfica. Debido a la devoción que profesa por la literatura y ciertos autores, en cada página y que le permiten entrever quién es como latinoamericano, es frecuente encontrar expresiones en las que reconoce su digresión al evocar un título, un autor, una imagen que le obligan un recuerdo que no aporta al desarrollo del evento.

La idea de que la novela es un mosaico de citas se explota a tal punto que el lector puede aturdirse entre la atención que le demanda un título o el color vivo de la anécdota familiar. Lo entrañable que podría resultar el viaje a México, para el profesor Wilson y su hijo Andrés, con el arsenal de emociones producto de la edad, el ejercicio académico, las batallas contra el cáncer, la realidad de la región cafetera, el muñón de la pierna amputada de una mujer, Natalia, queda supeditado al encuentro con un librero, una estudiante, un poeta. Del hijo no conocemos nada, fue apenas mencionado.

 

Silicona, Jaime Andrés Ballesteros (Premio Nacional “Los Fundadores”, 2020)

El profesor de cine sorprende con el guion de una película de “suspenso ético”. En ella, el deseo de ser jueces sobre las acciones de los demás nos mantiene aferrados a la lectura hasta el último momento. Estamos ante la creación de una “bomba” en la industria de juguetes eróticos Angelex Ltda., reconocida por el trabajo minucioso en la producción de muñecos inflables que reproduce de manera aterradora la precisión corporal del ser humano anhelado para el placer y la compañía. Las dimensiones del nuevo pedido crean el conflicto moral: ¿hasta dónde llegan los límites del mercado?, ¿cómo los principios de una economía consumista igualan a los ciudadanos debido a su poder adquisitivo? Pero esto es apenas la primera parte.

Sin superar la perplejidad por el producto solicitado, la bomba está en el campo de batalla. No necesita ser manipulada para disparar la tensión. Su sola presencia desestabiliza tanto a un frente como al otro. Del humor a la perplejidad, a la preocupación, a la sorpresa por la resolución del conflicto. El soldado ha sido herido por fuego amigo. El enemigo alcanza a huir. Deja el campo minado con la pregunta por el hasta dónde admitiríamos que las transacciones comerciales estén por encima de la moral. Como la cuestión, planteada en dichos términos, no representa novedad, estamos ante una denuncia de lo que nos hemos permitido como sociedad que juzga y encarcela al enfermo sin que todavía haya creado las condiciones de dignidad y seguridad para su niñez.

 

Un campo semántico: el cuerpo

Si bien las tres propuestas son muy diferentes entre sí, las une una inquietud por la corporalidad. Ospina Mondragón plantea las similitudes entre texto y organismo en la medida para que el lector, conociendo los móviles del crimen, también encuentre los de un medio editorial interesado en el género negro. Marín Osorio presenta un cuerpo cercenado por las minas que ha dejado la guerra: Natalia, la mujer amada y perseguida en su novela, debe usar una prótesis. Ballesteros Aguirre reemplaza con engranajes mecánicos y texturas industriales el cuerpo para deleite e intimidad de quienes no han encontrado en sus pares la oportunidad de desarrollar las posibilidades del afecto, la amistad o el amor. El cuerpo asesinado, el cuerpo mutilado, el cuerpo reemplazado. El criminal obsesionado por ideas esotéricas, los actores de un conflicto que no miden impacto en la población civil, el fabricante que se enriquece con las necesidades sexuales del otro.

Una suerte de haikú con estos tres títulos como una invitación a leer las propuestas publicadas por Klepsidra:

Hoy no vengo a vencer tu cuerpo:

nuestro amor de Silicona,

Carne para caníbales.

[1]. Novelista y docente quinchieño. @JaiberLadino