Más que un enfrentamiento, entre nuestras dos grandes cadenas televisivas pareciera haber un proceso del peor copiado.

¿Somos la televisión?

Uno de los principales defectos y falencias de la televisión “colombiana”, a criterio personal, es la importación de modelos televisivos extranjeros a la cotidianidad de los nacionales.

 

Más que un enfrentamiento, entre nuestras dos grandes cadenas televisivas pareciera haber un proceso del peor copiado.
Más que un enfrentamiento, entre nuestras dos grandes cadenas televisivas pareciera haber un proceso del peor copiado.

Por: Christian Javier Niño Posada

La historia de la televisión en Colombia, cuyo inicio se remite al 13 de Junio de 1954 durante la Presidencia de Gustavo Rojas Pinilla, ha sufrido grandes transformaciones estructurales a lo largo del tiempo, entre las que puede destacarse un acontecimiento trascendental: la transición de un sistema mixto de televisión (en el cual “el Estado era el dueño y gestor de las tres cadenas nacionales que existían en señal abierta y las empresas de televisión privada eran las que la producían, programaban y comercializaba”[1], y en el cual la programación era transversalizada por una “diversidad de gustos, estilos y negocio”[2]) a un sistema totalmente privado y duopolizado por las productoras Caracol y RCN (lo que condujo a que pasáramos de “la diversidad de negocio, estética e información controlada por el gobierno al imperio de los intereses privados de los dos más grandes empresarios colombianos, quienes son dueños de los canales de televisión”[3]). Esta transición tuvo lugar en el año de 1995 –cuarenta y un (41) años después de la llegada de la televisión a nuestro país-, y trajo consigo, además de pasar de veinticuatro (24) productoras a sólo dos (2), la pérdida de la pluralidad y diversidad de contenidos, información, estéticas, narrativas y –a modo personal- lo más importante: la formación de públicos e identidad propia[4].

En este orden de ideas, cabe hacer énfasis en que gran parte de la programación de estas dos grandes cadenas productoras de televisión colombiana (a grandes rasgos –y enfocándonos en estas dos cadenas- mal llamada colombiana) está estructurada desde formatos televisivos importados desde el exterior –Estados Unidos (FOX, Sony…), México (Televisa, Televisión Azteca…), entre otros- y adaptados en cierta forma a nuestra realidad. Y precisamente ése es uno de los grandes defectos que aquejan a la televisión colombiana en general: la adaptación/adopción de realidades ajenas a nuestra cotidianidad.

Tomado del Canal Caracol
Tomado del Canal Caracol

De-formaciones

¿Es eso un problema? Pues bien, si se mira desde una perspectiva mercantil, con el objetivo de generar rating a partir del entretenimiento en momentos de ocio, no debería verse como un problema sino más bien como una oportunidad de crecimiento y desarrollo de la industria televisiva en el país. Sin embargo, mi propósito aquí es observar esta situación desde uno de los tres aspectos elementales por los que debe ir encaminada la televisión: formar.

El hecho de que las más grandes productoras televisivas colombianas –o dicho en otras palabras, las dos productoras televisivas para las masas– opten por adaptar producciones extranjeras a su programación genera una formación de públicos y con esto una construcción identitaria. Esto no se niega. Pero, ¿a partir de qué arquetipos está generando identidad la televisión de importación? No es desde los personajes de la vida cotidiana del Pacífico colombiano, por dar un ejemplo, ni mucho menos desde aquellos sujetos colombianos que luchan desde sus acciones diarias por sobrevivir o por cambiar su realidad. ¿Será por esta razón por la que hay mujeres que sueñan con encontrar el príncipe azul multimillonario que las “saque de la pobreza” y hombres que desean vivir el sueño americano y llenarse de dinero en el exterior? A lo mejor sí, o quizá sea una sutil coincidencia con los melodramas mexicanos adaptados a las telenovelas colombianas.

Tomado del Canal RCN TV
Tomado del Canal RCN TV

Por otra parte, para no entender estas líneas como una satanización de la televisión colombiana, es necesario remitirse a una productora televisiva de carácter público como lo es Señal Colombia, para decir que no todo en la televisión colombiana es traído del extranjero. Para ilustrar este argumento, hablaré específicamente de “Expreso Colombia”: “Expreso Colombia, un país que vive su cultura es una estrategia de comunicación audiovisual novedosa, que busca llamar la atención sobre nuestros carnavales, festivales, fiestas, ferias, celebraciones religiosas y eventos culturales, que promueve la producción audiovisual y fotográfica alrededor de estas expresiones culturales colectivas y les ofrece diferentes espacios de exhibición, estimulando así la creación de relatos audiovisuales propios.”[5] Según lo anterior, se puede afirmar que programas de este tipo contribuyen enormemente a la construcción de una identidad verdaderamente colombiana, desde las tradiciones culturales y sociales de las comunidades expuestas a través de lo audiovisual, en este caso desde la televisión.

No obstante, hablar de Señal Colombia desde las expectativas en materia televisiva de la población colombiana, induce al hecho de entrar a hablar de contenidos aburridos, técnicos, que si bien son enfocados y desarrollados desde la cultura –y en la mayoría de los casos desde elementos estético-creativos-, se tornarán “hartos” para el grueso de los nacionales.

Lo dicho en el párrafo anterior es triste, sí, pero no debe ser un argumento válido para usar la típica expresión del vulgo “apague y vámonos”. Todo lo contrario. Es importantísimo estudiar y analizar las dos caras de la televisión colombiana actual para determinar cuáles y qué tipo de cambios pueden realizarse para, partiendo de los contenidos televisivos (tanto privados como públicos), optar por la deconstrucción y posterior re-construcción de una real identidad nacional propia y, por qué no, de exportación.

En conclusión, no es malo el hecho de que las productoras televisivas privadas adopten modelos televisivos extranjeros ocasionalmente y los adapten a la realidad nacional con fines de entretenimiento y con esto de incremento del rating. Tampoco es malo que la televisión pública se interese por diseñar contenidos educativos y culturales para promover esa construcción identitaria de la que tanto se ha hablado. Lo malo es que en Colombia no hay identidad nacional, debido a que tampoco existe la recepción crítica de tales contenidos ni mucho menos la participación activa del ciudadano de a pie en el diseño de los mismos.

Lo malo, finalmente y a modo personal, es que no nos duele la televisión colombiana. ¿No debería dolernos? ¿No deberíamos interesarnos en producir contenidos que nos hagan identificarnos como colombianos tanto aquí como en el exterior? ¿Acaso lo que vemos no influye en lo que somos? ¿Acaso no somos lo que vemos?

“Me gustaría ver la televisión que no sabemos hacer: televisión de entretenimiento sin chistes; televisión infantil sin propósito del Ministerio de Educación; televisión periodística para pensar los grandes temas de país; ficción en versión de la diversidad de gentes que no somos ni narcos, ni violentos, ni corruptos: más historias en plural de cómo es y cómo ha sido la Colombia… […] televisión que se parezca a los colombianos y no a los de Miami: programas que le pierdan el miedo a ser como somos en las estéticas y narrativas.”[6] Omar Rincón.



[1] RINCÓN, Omar. Perder es ganar un poco. Artículo de Zapping TV (publicación de veintitrés (23) coautores latinoamericanos). Página 187.

[2] Ibídem. Página 188.

[3] Ibídem. Página 188.

[4] Este ítem corresponde a uno de los tres que conforman la “misión” de la televisión: formar, informar y entretener. En este sentido, aquí se dirá que es de vital importancia que la televisión propenda por formar públicos e identidades en la cotidianidad, en torno a sus contenidos y a su programación.

[5] Información extraída de la página oficial de Expreso Colombia: http://expresocolombia.com.co/que-es Consultada el día Martes 05 de Noviembre de 2013, siendo las 08:26 pm.

[6] Op. Cit. RINCÓN, Omar. Página 196.