¿SOY NORMAL O ANORMAL? (I)

En términos de comportamiento, ¿quién podría clasificarnos como normales o anormales? Aunque señalamos a los otros con estos términos, una actitud de este tipo merece ser reflexionada.

 

Por / Sebastián Pineda Giraldo – Ilustración / Stella Maris

Es más común que se mencionen las enfermedades mentales o se nombre más a la locura que a la salud mental. ¿Será que todos o la mayoría estamos locos y locas? ¿Son más las experiencias negativas y por eso se las menciona constantemente?

Lo cierto es que hablar de personas normales o completamente sanas es inviable. Aún no logramos definir por completo y de manera definitiva lo que es la normalidad, mucho menos lo que es la anormalidad. Solemos pasar nuestras vidas intentando comprender a los demás y a nosotros mismos, lo cual hasta ahora parece ser una tarea sin fin.

A pesar de esto, no todo está perdido. De hecho, parte de lo que podría ser el problema es en realidad una de nuestras grandes virtudes como seres humanos. Somos seres diversos, flexibles y abiertos a experiencias, que conforman culturas complejas y sociedades organizadas. Poseemos una colorida gama de emociones, somos capaces de grandes logros intelectuales y creativos.

Tradicionalmente, cuando se habla de personas anormales, se les ha calificado de “locos”, “posesos”, “pecadores” y se les excluye de la sociedad sometiéndoles a confinamientos y castigos severos. Todo esto por presentar conductas que se desvían de la norma social y expresiones emocionales y cognitivas desproporcionadas frente a lo esperable. Posteriormente, se pasó a llamar a estas personas “enfermos mentales”, como un intento de nombrar lo incomprensible.

En la actualidad, el estudio y análisis de estos malestares psicológicos ha llevado a entender que no se trata de lo que está bien o mal, o de erradicar un problema.

Por un lado, hablamos de prevenir estas situaciones perjudiciales a partir de la aceptación de nuestras experiencias (favorables y desfavorables) como seres humanos y el compromiso con nosotros mismos, y los demás de velar por nuestro bienestar. Como personas estamos expuestas regularmente a acontecimientos que nos ponen en conflicto con nosotros mismos y nuestro entorno.

Por otra parte, en las situaciones en las que ya hay malestares emocionales o dificultades cognitivas o conductuales, el deber está en hablar de ello y así buscar el apoyo necesario para procurar la mejor calidad de vida posible para estas personas. La ceguera ante el problema no es una solución.

Podemos decir que en el fondo se trata de un asunto de convivencia, lo cual sigue siendo un desafío para todos: el aprender a vivir juntos, con nuestras diferencias y puntos de encuentro.

Con el paso del tiempo se ha extendido el conocimiento sobre la mente y el ser humano, y se han aclarado los principios y valores mínimos con los que podemos convivir como sociedad. Esto ha permitido comprender que a quienes antes se excluían, lo que ahora les da la oportunidad de ser escuchados y atendidos dignamente.

Pero a la vez se ha revelado otra cara que hasta hace pocas décadas estaba oculta: nadie conserva durante toda su vida un estado de buena salud mental. Situaciones de estrés, la depresión cada vez más constante, estilos de vida agitados y ansiosos. Van en aumento las circunstancias que llevan nuestras vidas hacia los abismos de la desesperanza, cuando en realidad tenemos al alcance de nuestras manos una época de grandes avances y oportunidades para afrontar las adversidades, además de aprender a disfrutar los momentos gratos y nuestras cualidades particulares como individuos.

La psicología, más que pensar en personas normales o anormales, procura reconocer a cada individuo y sociedad. Se enfoca en las mejores vías para su desarrollo personal y mantener una buena salud mental.

Si algo importante hemos aprendido hasta ahora es que la salud mental es un estado y a la vez es cambiante, ya que la naturaleza de una persona saludable es adaptativa. Si queremos tener un punto de partida para saber qué es ser normal o estar sanos y sanas, debemos partir de esta idea. Y esto no implica que “anormalidad” sea sinónimo de diferente, todas las personas somos diferentes, pero podemos serlo de manera saludable, esa debe ser la meta.

Si quieres conocer algunas de las características que hacen a una persona sana mentalmente o si es prudente buscar apoyo psicológico, revisa la segunda parte de este escrito, allí encontrarás algunas pautas que te permitirán reflexionar sobre tu estado actual.

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