Tres exquisitos poemas de John Alexander Tabares que abordan la percepción de la vida del hombre en la ciudad, la soledad y sus consecuencias, y la compleja relación sentimental entre seres deseosos de amar.

2754234-3x2-940x627

 

Por: John Alexander Tabares

Con una voz surrealista

La ciudad se desliza

Bajo la oscuridad mágica del universo

El humo destilado por las alcantarillas

Sube hasta alcanzar la atmósfera,

La luz nocturna transmuta en

gélida vía láctea.

Los cigarros se fuman la luna

Las esquinas se beben el alcohol

Las calles bohemias se llenan de música y sexo

Bajo faros que titilan

Y la noche aparece con sombras

Vagas de melancolía.

Los jóvenes saltan como bufones

Observados por edificios fantasmas

Los cuerpos se devoran al faltarles el tiempo

La púrpura aparece –psicodélica–

Lo quema todo en un mundo

De colores ácidos.

Y el perro ladra y la mujer canta

Con una voz surrealista.

 

Después de un lapsus

A lo lejos se escucha un perro ladrar

A la derecha el sonido de una hoguera arder.

Más a la distancia pasando las montañas

El murmullo del mar –lo escuchas– y el

Silencio vuelve de su sueño.

Todo es quietud, nada, vacío…

Y después de un lapsus de eternidad

Que no logro precisar en este momento,

El perro vuelve a ladrar

La hoguera arder

Y el mar a murmurar.

Para entender así, de esta manera

Que la vida es la misteriosa magia

Que escapa de la muerte y va

Anidar a nuestra imaginación.

 

Extrañas oscuridades

Tal vez requiramos distancias

Volvernos unos completos desconocidos

No reconocernos en las miradas

Desconfiar de nuestras palabras humanas

Del beso entregado, de la tempestad.

Odiar nuestro tacto y lujuria

De los abrazos y arrebatos que

Envolvieron nuestra noche y

Dejar que la ausencia nos olvide

Como un tren que se escapa

Para que el tiempo lejano

Y la lluvia enérgica

Nos vuelven a enredar en su

Madeja infinita de hilos intrincados

Como par de desconocidos que se

Juran amor para luego odiarse

En este mundo de extrañas oscuridades.