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Arte Poética, de Eduardo López Jaramillo

Eduardo López Jaramillo (Pereira, 1947-2003). Realizó la primaria en el Instituto Caldas de Pereira; bachiller del colegio Deogracias Cardona, 1964. Cursó estudios superiores en la Universidad de Lovaina, Bélgica y en Chicago; participó en el curso de poesía contemporánea que dictó el poeta Octavio Paz en la Universidad de Pittsburg. Fundador y presidente durante 12 años de la Sociedad de amigos del Arte de Pereira. Fundador de la revista Pereira Cultural. Obras suyas son: El ojo y la clepsidra (ensayos), Los papeles de Dédalo (cuentos), Memorias de la casa de Sade (novela), Noche de cada noche (antología póstuma que incluye poemas inéditos), Cuando escuches de grandes amores (ensayos póstumos). Traductor de Constantin Cavafy (Poemas canónicos) y Ezra Pound (Poemas de amor del antiguo Egipto). Los presentes poemas del escritor pereirano son tomados de los libros Lógicas  y otros poemas y Hay en tus ojos realidad.

Eduardo lópez Jaramillo es, junto con Luis Fernando Mejía, la voz más potente de la poesía risaraldense del siglo XX.

Carta en prosa

 

A Liliana Herrera

 

Entre mis ojos he tenido tu imagen

bañada de naturaleza. Los melódicos

grillos, las intermitentes luciérnagas,

son pura fosforescencia en las letras

con que escribes cascada o agua fría.

Sin este cansancio por la Antigüedad,

cuando mencionas el vino, la vegetación,

te imaginaría en un bosque de Tracia,

hipnotizada tras el tamboril de Dionisos.

Aquí, en la aldea, juega un maduro sol

con el cemento. En la plaza ya hay mangos

y en el zoológico nació ayer un oso gris.

Lo demás es lo mismo: rostros, demoliciones,

los milagros que puede hacer un blue-jeans

o una camisa a rayas, cuando cruzan la esquina.

Fatigando las aulas con mis guantes de tiza,

intento repetir lo que han dicho otras voces

aunque parezca siempre ser la primera vez.

Devano el laberinto de traducir al viejo

poeta alejandrino. Aun no arribo al espejo

que vio el hermoso cuerpo del mancebo,

pero seguramente te lo enviaré en romance.

Escribe con frecuencia, que aspiro entre

tus páginas aroma de altos árboles.

Fue muy bella la noche del sábado en mi cuarto

y lamenté de pronto tu previa invitación. —”Chénier”,

me dices, No sé, tal vez. Quizá en lo tímido.

 

 

 

 Deseo

 

Quiero perderme en ti,

como las palabras se pierden en el aire.

Hundirme en ti: tierra recién removida,

presta para la siembra, ciénaga escondida

entre el verdor de algún ramaje,

arena humedecida por la lluvia

en cualquier selva oscura.

Descubrir tus rutas interiores,

extraño laberinto mío,

hondas grutas sin luz y sin salida,

sin ni siquiera sombras

que jueguen con mis propios pasos.

Perderme en ti hasta sentir mi vuelo

derretiro por la luz,

y abajo el reclamo del mar,

su sonrisa siempre móvil entre las olas verdes.

Fundirme en ti para que seas instante,

como se funde el tiempo en los relojes

y obliga a palpitar sus engranajes

al idéntico ritmo de su muerte.

Seremos un solo latido ante una misma angustia.

Dejaremos de ser para seguir siendo juntos.

 

 

 

Bachiana No. 5, Aria

Te añoro

como si hubieras muerto

y sin embargo

sé que vives y que me amas

que en tu distancia

anhelas mis palabras

y que tu cuerpo aun siente

el fuego de mis poemas

y mis besos.

¿Acaso

fuimos sueño,

ceniza, soledad?

También hoy sé que vivo

que te amo y que tu cuerpo

ha sido el mejor de mis versos.

De pronto re recuerdo

como si hubieras muerto.

 

 

 

Arte Poética 

Fijar con palabras un mundo

(trémulo objeto sobre una superficie)

es asignarle sombra al vuelo

perspectivas a lo ilusorio

El poema –a veces–

capricho de entomólogo

dimensión

escultura de tiempo

euclidiana exigencia

Tiembla el insecto antes de integrar

el vidrio en su ser, ya muerto

Murmuran la blanca página o el ébano

marcas de signos, iniciales trazos

Espacial, al graznido responde

a toda coordenada lógica

Rumoroso silencio, a veces, el Poema.