Las redes sociales se han vuelto el espacio mediante el cual permanecemos en contacto con seres queridos y no tan queridos, el lugar en que nos informamos. Estas plataformas han alterado la forma en la que realizamos actividades cotidianas, y ocupan una dimensión importante de nuestra vida y, aunque eso apenas estamos empezando a verlo, también de nuestra muerte.
Escribe / Juan José Díez
Enterarse de la muerte de alguien a través de una red social es, sin duda, una experiencia extraña. Me pasó hace un año más o menos, en junio de 2020. No era una persona cercana, menos mal. Era un conocido que me caía bien, con el que apenas había compartido un par de encuentros, pero sentía cierta afinidad. Se llamaba Ferney.
Deslizaba mi dedo de abajo hacia arriba sobre la pantalla del celular, estaba bajando por el inicio de Facebook cuando me apareció una publicación que alguien hizo en su perfil: era una foto de él sentado en una manga sonriendo, la descripción decía “Estoy sin palabras, pronto nos veremos…”. Era algo raro, pero no daba para sacar conclusiones trágicas, lo que me llamó la atención fueron las reacciones, tres personas le habían dado Me entristece a la publicación.
Eso me llevó a entrar al perfil, donde encontré la confirmación de lo que ya sospechaba, pero veía como algo improbable. Algunas personas publicaron frases cortas de condolencias como “Hermano buen viaje te extrañaremos mucho” o “Muy triste parcero RIP en paz descansa mostrico”. Y al ir viendo párrafos cada vez más largos con detalles cada vez más conmovedores, empecé a darme cuenta de que en verdad eran mensajes que nunca llegarían a su destinatario.
Muchos de los que publicaron le dieron una despedida mencionando las cosas que a él le gustaban y que hacía junto a ellos, como montar skate o cultivar y fumar cannabis; compartieron fotos en las que estaban con él, o solo de él como la que me llevó a enterarme de su muerte; alguno pegó el enlace a una canción en YouTube, Al otro lado del silencio de Ángeles del Infierno, y otro compartió un video de un rapero que al final rimaba: “…Y si acaso te ha tocado enterrar tus panas, historias desenvueltas en olor a marihuana…”; y varios más compartieron pantallazos de conversaciones que tuvieron con él por Facebook Messenger, con fotos o videos que les había enviado por ese medio. En los duelos virtuales hay anécdotas digitales.
Aunque la muerte es una realidad inminente para todos los seres humanos, enfrentarnos a ella es algo para lo que pocas veces estamos preparados. La muerte de un ser querido implica acostumbrarse a vivir con la ausencia de esa persona y en ese momento también se rompe un vínculo que tiene que ver con nuestra propia identidad. Termina siendo algo abstracto, que solo se materializa en el vacío de lo que antes era y ya no es. Los rituales y procesos de duelo nos ayudan a aterrizar esto a la realidad. Por esto son necesarios, incluso en el entorno digital.
“Cuando hacemos un funeral lo hacemos pensando en esa persona, sin embargo, el funeral nos sirve a nosotros porque nos permite canalizar toda esa energía emocional de una forma organizada”, explica Ana Carolina Calvo, psicóloga y directora de la organización Duelo Contigo, una plataforma virtual de acompañamiento psicológico gratuito. También expone que “uno no hace el duelo a través de las redes sociales porque eso es algo interno, las redes sociales terminan siendo una herramienta más”.
La cuenta de Ferney no ha sido cerrada ni declarada conmemorativa, por lo que todavía es posible que sus amigos de Facebook publiquen en su perfil o lo mencionen en algún post. Lo han seguido haciendo, en su fecha de cumpleaños hubo otra ráfaga de publicaciones y de recuerdos, algunos mensajes como: “Viendo el perfil, ahora creo que aún siento que no supero lo que pasó y vuelvo a leer todo y creo que todo empieza a circular otra vez y sólo hubiera querido un último abrazo”.
La publicación más reciente es de este mes y es un meme. Una imagen que en tono tragicómico hace referencia a la sorpresa de ingresar en el perfil de un amigo de Facebook y encontrarse con la inscripción “En memoria de” antes de su nombre. Es decir, enterarse de que esa persona falleció y su cuenta fue declarada conmemorativa. La persona que lo compartió etiquetó a Ferney y escribió “me pasó con este loco” —aunque su cuenta no es conmemorativa— con un emoji de una cara triste.
Facebook permite que sus usuarios elijan a una persona que se encargue de administrar su cuenta una vez fallezca el titular. La red social establece a esa persona como contacto de legado y le da la posibilidad de decidir si la cuenta del difunto se elimina o se convierte en conmemorativa. Además, puede actualizar la foto de perfil o de portada y decidir quién puede ver y publicar homenajes. Pero esto no significa que el contacto de legado pueda iniciar sesión en la cuenta del fallecido, leer sus mensajes o eliminar a sus amigos.
Las cuentas conmemorativas son una iniciativa de Facebook, mediante la cual se busca “proporcionar un lugar para que amigos y familiares se reúnan y compartan recuerdos de un ser querido que falleció”, según explica la propia red social en su apartado sobre el tema. En este tipo de perfiles aparece la frase “En memoria de” junto al nombre, el contenido que la persona haya publicado permanece visible para el público con el que se haya compartido. En caso de que alguien fallezca y no haya designado un contacto de legado, un familiar se debe poner en contacto con Facebook para reportarlo, y después de haber comprobado su parentesco, se podrá eliminar o establecer la cuenta como conmemorativa.
La única red social aparte de Facebook que permite la creación de una cuenta conmemorativa es Instagram (que pertenece al mismo conglomerado). En ese caso el procedimiento es similar: cualquier persona puede dejar un contacto de legado para que se encargue de su cuenta; y si no designó a nadie, sus allegados pueden ponerse en contacto con Instagram para, una vez comprueben que tienen parentesco y la persona efectivamente falleció, decidir si el perfil se cierra o se convierte conmemorativo.
En otras redes las opciones para decidir lo que ocurrirá con la cuenta de usuarios fallecidos son mucho más limitadas. En el caso de Twitter, por ejemplo, la única ruta es solicitar la desactivación de la cuenta, enviar una copia del documento de identidad del fallecido, así como de su certificado de defunción, y esperar a que los administradores comprueben la información para cerrar la cuenta.

Dejar un perfil como legado
En mayo de 2017 Juan Pablo Córdoba se enteró que había sido elegido contacto de legado de Andrés Valencia, un amigo suyo que había fallecido unos días antes. Ambos crecieron en Quibdó, Juan Pablo habla de Andrés como un amigo de toda la vida. Se conocían desde niños, la casa de él quedaba diagonal a la suya. Su relación era cercana, pero se distanció cuando Córdoba se vino a vivir a Medellín en 2016, aunque no dejaron de estar en contacto.
Después de salir del colegio, a Andrés le dieron varias puñaladas para quitarle el celular en medio de un atraco. Ese día falleció. “Y durante esa misma semana fue que me llegó una notificación diciendo que su perfil llevaba varios días inactivo y que yo estaba como la persona designada o algo así”, explica Juan Pablo, y también agrega que “en un principio no sabía qué era, pero cuando entendí no se me hizo tan raro por la amistad que teníamos, y de algún modo me sentí halagado porque eso quería decir que confiaba en mí”.
Al abrir esa notificación, Facebook le pedía seleccionar entre una serie de opciones la causa por la que el perfil de Andrés había estado inactivo. Después de eso le apareció la opción de elegir si se la cuenta se cerraba o quedaba como conmemorativa. Escogió la última opción, lo que permitió que sus amigos y familiares siguieran publicando mensajes en su perfil, como lo habían hecho desde el día de su muerte y lo siguen haciendo aún cinco años después.
“Puede que para algunas personas sea mejor tener el perfil ahí para desahogarse, pero en mi caso particular no era como que gracias a la red social mi duelo hubiera sido más fácil. Aunque sí entraba mucho a revisar las fotos que había subido hace mucho, en las que me había etiquetado y compartido”, cuenta Juan Pablo.
Para la psicóloga Calvo, si bien las redes sociales son una herramienta más, no en todos los casos va a aportar de la misma forma. “La gente acude al cementerio en la búsqueda de ese ser querido que ha estado ausente, y las redes sociales se convierten en lugares donde podemos ir a encontrarlo, entonces es útil. Pero el impacto que puede tener va a depender de cada doliente”, explica.

Un mensaje de Messenger desde el más allá
Los procesos de duelo son diferentes para cada persona, algunos agradecen la oportunidad de decirle unas últimas palabras a su ser querido, aunque sea en el muro de Facebook, otros buscan un espacio más íntimo para sanar o prefieren no tener el recuerdo permanente en un perfil tal y como quedó por el fallecido. Pero algo que muy seguramente nadie quiere que ocurra es que la cuenta de esa persona permanezca activa y seguir recibiendo mensajes desde ella. A Juan Pablo Córdoba también le pasó eso con otro amigo fallecido, Brayam Ocampo.
Fue el 6 de diciembre de 2018. Se dio cuenta porque un primo de Brayam subió un estado a Whatsapp en el que daba a entender que había muerto, Juan Pablo le preguntó si era cierto y él se lo confirmó. Pero seguía sin poder creerlo, “yo, en medio de mi negación, fui y le pregunté al propio Brayam a su Facebook”, cuenta Juan Pablo.
“Brayam, ¿esto es en serio o es una broma?”, le preguntó por el chat de Messenger. Al rato, cuando vio la burbuja de chat que le notificaba la respuesta, se ilusionó. Alcanzó a pensar que sólo era un chiste. Pero el mensaje decía “No amor, mi bebé se me fue”, era la mamá de Brayam. Ella había quedado con su celular, por eso tenía acceso a su Facebook y, a partir de ese momento, siguió usando esa cuenta como suya, pero todavía con el nombre de su hijo.
“Ella empieza a publicar fotos de ella con Brayam, de la tumba de Brayam, de Brayam con la cinta de luto… Comienza uno a ver cómo se publica Brayam muerto prácticamente”, cuenta Juan Pablo y agrega que “de hecho, con varios compañeros en las novenas comentábamos que era un choque ver cómo llegaba un mensaje de Brayam Ocampo”.
“Eso pasa mucho en las familias: que murió el papá y la esposa se quedó con el celular, y los hijos tienen que ir a eliminar el contacto o hacer un cambio que resulta doloroso porque es enfrentar la muerte. Esa otra persona quedó utilizando los recursos del fallecido y eso genera mucho impacto. Pero hay que reconocer que hay otro allí que está usando ese recurso para algo, no estará usando esa cuenta para molestar, sino de alguna manera para mantener viva la memoria de su hijo”, explica la psicóloga Ana Carolina Calvo.
Este comportamiento, si bien no era mal intencionado, sí pudo haber alterado el proceso de duelo en los demás amigos de Brayam, como él explica: “en ocasiones veía que me llegaba un mensaje desde su perfil y como que me sorprendía. Yo siento que eso me recordaba a Brayam en más ocasiones que en las que debería. En ocasiones en las que uno está distraído y le llega un mensaje, vuelve uno como a recordar todo”. Actualmente el perfil de Brayam en Facebook ya no lleva su nombre, su madre terminó por cambiarlo.
Para la psicóloga Calvo los duelos no son lineales, “es un proceso en el que fluctuamos constantemente. Vamos de sentirnos muy mal con una desesperanza muy profunda, a poder funcionar y trabajar a pesar del dolor, y estamos trabajando en la oficina y de repente sonó una canción que nos recordó a esa persona y volvimos a esa sensación de desesperanza”, agrega que, en esa fluctuación, podemos pasar por diferentes etapas que van desde la negación hasta la desesperanza y la ira, pero finalmente “llegamos a un momento en que nos reorganizamos, estamos más tranquilos con la ausencia y podemos empezar a planear a futuro”.
En 2019 el Oxford Internet Institute publicó un estudio en el que predice que “según los niveles de usuarios de 2018, al menos 1.400 millones de usuarios [de Facebook] morirán antes de 2100”. Según el estudio, en 2070 la cifra de usuarios muertos podría superar a la de usuarios vivos. Poco a poco Facebook se convertirá en algo parecido a un cementerio virtual.
Como lo afirman los investigadores, a nivel social apenas estamos comenzando a hacernos las preguntas sobre el devenir de nuestros restos digitales. Pero las redes sociales y los entornos virtuales ya están cambiando nuestros rituales y procesos de duelo, así como nuestras formas de hacer presentes a quienes ya no están.


