VLADIMIR ENCINA, PREMIO SIMÓN BOLÍVAR EN FOTOGRAFÍA

Con una fotografía publicada originalmente en LCDR, este documentalista gráfico se hizo merecedor al premio nacional de periodismo Simón Bolívar en ceremonia realizada ayer. La fotografía ganadora hace parte del reportaje dESMADre difundido con motivo del desalojo de una comunidad en Puerto Caldas (ver).

 

Redacción / LCDR

Con una actitud amable, quizá adquirida en su constante trato con diferentes comunidades, Vladimir conversa en una de esas cafeterías que se extravía en el laberinto de un centro comercial poco visitado. El silencio del lugar crea el ambiente perfecto para conversar.

Con 25 años de edad, este estudiante valluno de ingeniería de sistemas, desplazado por la violencia, al igual que su familia, considera que todavía falta mucho por hacer en una vocación que siempre ha tenido: la fotografía.

Viajero por devoción, desde muy joven ha tenido de “esas cámaras piscineras”, guardando las imágenes que toma. En el 2016 llegó a Pereira y a finales del año siguiente conoció a alguien con formación audiovisual, allí pudo tener por primera vez en sus manos una cámara profesional durante un paseo a Salento. Ese amigo estuvo durante un año enseñándole los principios básicos de la fotografía y manejo de cámara.

Solo en los primeros meses del 2019, luego de trabajar un restaurante, reunió lo suficiente para comprar una cámara de segunda, “con dos lentes, el bolso, trípode, memoria, estaba nueva la cámara, no tenía ni 15 mil disparos. Y ahí tuve mi primera cámara y desde ahí si ya me solté al ruedo en forma a tomar fotos”, dice con emoción. Esa cámara es una Nikon D3200, una cámara que se dejó de hacer en el 2009, con ella y su sentido del instante ganó el premio nacional. Más adelante participó en algún taller con el fotógrafo profesional Rodrigo Grajales, quien desde entonces se ha convertido en su mentor.

Vladimir Encina en plena acción durante el cubrimiento de una protesta. Fotografía / Cortesía.

Mirada atenta a lo social

Debido a los antecedentes familiares, el interés por lo social siempre lo ha atraído. En la universidad estuvo en un grupo de estudio de y activismo político, cubriendo movilizaciones y reuniones de carácter organizativo de las comunidades.

Entonces ya tenía ese tema social, esa inquietud, acá digamos que lo reforcé mucho en el grupo de estudio que se encuentra uno en la universidad con los colectivos y trabajos universitarios políticos. Y ya con ese tema social a mí me interesaba visibilizar mucho ese tema y ya con mi cámara ya es que me suelto al ruedo a tomar fotos de las movilizaciones, de las reuniones, de todo eso. “Como ingeniero de sistemas también (he pensado en lo social), en qué le puede devolver un ingeniero de sistemas a la sociedad y no a una empresa multinacional o a un ente privado”.

Lo social lo ha impactado tanto que cree que a veces juega en contra, debido a que le da más prioridad al bienestar común que al bienestar personal. En ese sentido, siente que puede llegar a una comunidad con una noción de lo que está pasando y no como alguien que desea extraer información, más bien como una persona que quiere entender lo que está pasando. “Desde la fotografía he podido visibilizar eso, que son voces que muchas veces pues a nadie le interesan realmente, porque si yo estoy bien en la casa a mí qué me interesa lo que le esté pasando al vecino. Digamos que ese tema humano me parece muy importante porque a través de la fotografía también ayuda a que otras personas sientan lo que yo estoy sintiendo de esa comunidad y llegar al punto de que lo acepten a uno como parte de ellos”. La comunidad se encarga de protegerlo para poder hacer cubrimientos en lugares a los que ni las mismas autoridades pueden ingresar.

Considera que la fotografía ideal es la que muestra la realidad de un entorno, que no lo romantiza; sin embargo, asume que la fotografía es un entendimiento, “nuestro entendimiento de la realidad”. Lo hace para comrender un poco más lo abstracto y lo artístico, asumiendo que la realidad colombiana no es hermosa, ni es un paraíso, por eso no tiene por qué idealizarse como algo turístico, ni por lo menos acá en el eje cafetero como ese turismo del campesino emprendedor. Su fotografía ideal es una fotografía que demuestre lo crudo y que ponga al espectador entre la espada y la pared.

Durante el reciente paro nacional tomé la foto de la cabeza de un marrano en el viaducto y hubo muchos ambientalistas que lo cuestionaron. A eso replicó que sacar o no sacar la cabeza de un marrano no va a cambiar, primero todo lo que se vive en la industria porcícola y, segundo, eso no iba a cambiar el referente que se tiene del actual gobierno. Una realidad que interpela, esa es su fotografía ideal.

No considera que tenga una mirada segada debido a sus afinidades ideológicas, más bien supone que es profunda y minoritaria, desde las bases, desde las personas que viven la realidad. “No es lo mismo yo mostrar una persona que en la calle pide plata, si, y luego ir a la casa de él, mirar su barrio, mirar lo que está haciendo, verifica por qué es que pide plata, pide plata realmente porque no encuentra trabajo porque es una persona con más del 66 por ciento de discapacidad, porque ya tiene más de 56 años y nadie le da trabajo”. Es la historia de un habitante de Las Brisitas, un barrio periférico de Pereira.

Por eso mismo, afirma que no está mal el activismo, se debe estar definido. Hacer activismos desde la propia perspectiva es totalmente válido porque se está mostrando una postura y una cierta mirada. “Nuestras fotografías son un reflejo de cómo vemos el mundo y algo que le he aprendido al profesor Rodrigo, que es como mi gran maestro en este momento, es que se debe trabajar con líneas editoriales que respeten o sigan el mismo lineamiento que uno tenga, porque de nada me sirve a mí tomar una buena fotografía o hacer un buen reportaje si de pronto se va… la información no va llegar o se va a transformar en algo que no me representa a mí”.

En ese punto, se considera representado en las minorías, en los que luchan todos los días por salir adelante, intentar hacer algo, por los que quieren un cambio real estructural de este país. Resalta de este modo a los estudiantes, cuando luchan por un cambio de modelo de educación, es porque quieren un modelo de gobierno diferente que no sea extractivista sino un modelo que invite a cada quien a construir su propio futuro sin tener que trabajarle a alguien ajeno. Cree que esos cambios son los que lo representan.

Aunque estudia ingeniería de sistemas, ha hecho de la reportería gráfica un oficio al que le dedica mucho tiempo, sobre todo en el cubrimiento de procesos comunitarios. Fotografía / Cortesía.

La protesta social del 2021

Responde que se involucró de manera protagónica en el cubrimiento fotográfico de las protestas sociales que se han dado durante este año debido a llevaba un proceso universitario cubriendo las manifestaciones y movilizaciones de la UTP, y segundo porque eso va también muy inmerso con los derechos humanos que son muy vulnerados precisamente en este país. Cuando se inicia el paro fue una sorpresa ver que los que lideraban esto no eran estudiantes ni profesores ni sindicatos, eran las personas de los barrios que él tanto visita y habla de que este país no cambia, eran ellos mostrando que estaban cansados de eso. Tiene un amigo en Chile que había cubierto el paro en ese país y le dijo que su mirada iba a cambiar. “Cuando vos veas a tu vecino, al señor de la droguería encapuchado en una protesta, no lo vas a entender igual ahora a cuando realmente lo vivas”, le dijo, y fue así. Uno ve al vigilante, al celador, al inquilino, al vecino y que estaban pidiendo un cambio, “esa es la principal razón por la que yo decidí estar tan inmerso en estas actividades y registrándolas casi que diariamente”.

Siente que ha dado un cambio en cómo entiende al otro, aunque cree que lastimosamente no se dio un gran salto ni un gran avance. Llegarles más íntimamente a las personas, eso cambió bastante en él, poder confiar en el otro mucho más.

Al indagarle sobre si ha tenidos las garantías necesarias para hacer de manera adecuada el cubrimiento periodístico de la protesta social, afirma que se sintió totalmente vulnerado, incluso Colombia está dentro de los países más peligrosos para poder realizar periodismo. “El primer día que salí recibí una amenaza directa de la policía que me iba a matar, incluso La Cola de Rata saca un informe y una advertencia de que yo estaba en peligro, el resto de días eran amenazas constantes, disparos directos, el 28 de mayo yo recibí un impacto en mi tobillo el cual me dejó lesionado hasta el día de hoy. No puedo estar más de 15 minutos de pie porque me empiezan las dolencias. Recibí amenazas particulares, llamadas extrañas, o que me conocían, incluso he recibido amenazas… o no, he recibido avisos de que me tienen fichado como alias ‘El fotógrafo’, entre comillas, precisamente porque he cubierto ya varias protestas en la universidad”.

Añade que en Colombia es crítica la situación en relación con el cubrimiento informativo de las protestas. En su caso, las denuncias también se hicieron ante el CIDH y la Comisión Internacional de Derechos Humanos de Argentina, pero considera que eso no llega a nada, porque la mayoría de los casos se archivan debido a que la justicia colombiana pide que se identifique un individuo en particular, algo casi que imposible durante una protesta, así se tenga una cámara para registrar.

Esta la fotografía ganadora del Premio Simón Bolívar en la categoría de Fotografía. Foto / Vladimir Encina.

En Puerto Caldas

En los primeros días de marzo de este año desalojan a varios de los habitantes de la vereda San Isidro, ubicada en el corregimiento de Puerto Caldas, Pereira. Algunos de ellos con varios años de residencia en el sector. La orden de desalojo se da para adelantar las obras del Ferrocarril de Occidente, que unirá a Buenaventura con Medellín.

Valdimir conocía desde antes el lugar, debido a que había cubierto varias actividades sociales realizadas allí por la corporación El comienzo del arcoíris. “Cuando me entero que a esa comunidad la están desalojando, dos días después yo decido ir allá a fotografiar, pues cómo habían quedado las casas porque había sido un desalojo voluntario, cuando llego me encuentro que el Esmad iba hacia allá…  se me hizo muy raro, si ya estaban desalojados por qué iba el Esmad hacía allá, yo acelero y llego justo cuando estaba antes del escuadrón antidisturbios y sin tiempo ni nada yo saco la cámara con el lente que tenía, me parece que tenía el 55 200, y es sino llegar y el Esmad ya estaba atacando”.

Cuando llega se da cuenta que había un cambuche con los restos de las casas, allí estaban haciendo una limonada bajo el improvisado techo para que no se mojara, o para resguardarse sol. El Esmad se dirige hacia el muchacho que estaba haciendo eso, quien estaba cortando madera con el machete, y le pide la cédula. Vladimir tomó fotografías de todos esos momentos previos hasta que se percata de que lo intentan arrestar. Cerca de él estaban la esposa, la cuñada y la mamá gritando para que no lo detuvieran y lo empujan entre varios agentes del Esmad en un trayecto corto de 10 metros o 15 metros. Hay gases lanzados por el Esmad. Allí había alguien de la Defensoría del Pueblo verificando el proceso, pero escoltado por la policía, y nada hizo para calmar los ánimos o detener el procedimiento, dice. En ese momento Vladimir decide quitar la mirada del funcionario, abre la apertura de la cámara y busca que se viera todo ese contexto. Al muchacho lo arrestan, pero al rato lo liberan gracias a la mediación de un grupo de abogados defensores de derechos humanos.

Sobre el premio, Vladimir dice que todavía no se lo cree. “Esto ha sido un salto y yo espero que más que la vida me cambie, es poder visibilizar con más fuerza todas estas luchas sociales”. Gracias al monto que recibirá, actualizará sus equipos de fotografía, labor a la que piensa dedicarse ahora con mayor ahínco. Por último, agradece el apoyo de su pareja, al profesor Rodrigo Grajales, a la Corporación El Comienzo del Arcoíris y a La Cola de Rata, donde publicó el trabajo ganador y otros proyectos previos. “Gracias a La Cola de Rata por creer en mí”, termina