PALABRAS ADENTRO

Hago votos para que estas y las demás narradoras que aún no tengo el placer de leer sean editadas y reconocidas.

 

Escribe / Jáiber Ladino Guapacha – Ilustra / Stella Maris

A mi profe, Diana Muñoz.

Dos lecturas, a finales de 2019, determinaron una curiosidad bibliográfica durante 2020. La primera, el número 169 de la revista Arcadia. La habitual lista de títulos recomendados, cedió su lugar a los 100 títulos de obras escritas por mujeres, durante los últimos 100 años, con mayor reconocimiento académico. De otro lado, la entrevista de Álvaro Pineda-Botero a Eduardo Pachón Padilla publicada en la década de los 90. Preguntado por los mejores cuentos para un canon colombiano, Pachón escogió 12 títulos que, curiosamente, estaban todos escritos por hombres. Una inquietud comenzó a pedir espacio: “Proponer una antología de cuento escrito por mujeres”.

En marzo de 2020, Abelardo Gómez aceptó una reflexión, y los cuentos que la sustentaban, para el medio La Cola de Rata (ver la serieMujeres al pie de la letra). En julio, con la Biblioteca del Banco de la República –sede Pereira-, hablé de cuatro escritoras alrededor de Pereira. Mucho de lo dicho comenzó a convertirse en un artículo académico construido con el poeta Jhonattan Arredondo.

En su ensayo “La cuentística del Eje Cafetero”, Rigoberto Gil Montoya (Territorios, Ediciones Sin Nombre, 2010) propone un listado de 20 obras que, sin agotar listas, señala como “esenciales en nuestra cartografía”. Cuatro escritoras: Gloria Chávez (1978), Albalucía Ángel (1979), Susana Henao (1993), Ana María Jaramillo (1993). La colección de escritores pereiranos, en la modalidad de cuento, vuelve sobre Susana y Ana María, de la que agrega el título de 2007, Eclipses. Si sumamos dos libros más de Susana, Antesala del Paraíso (1993) y Procedimientos compulsivos (2010), tendríamos cinco libros de cuento escrito por mujeres en 20 años.  

Con estas indagaciones en mente compilé En sigilo por nuestros cuerpos para la colección La Chambrana, de la Biblioteca Ramón Correa Mejía. Quiero verlo como un camino de la mujer y el cuento, a zancadas, que inicia, precisamente, con la escritora como personaje. La estructura metaficcional –escribir sobre una mujer que escribe- le permite a Blanca Isaza de Jaramillo evidenciar el santo terror a la mujer literata en “La casa de Lorenzo Albán” (1926). Traer a Blanca Isaza, desde Manizales, para charlar en la chambrana pereirana, es una maravillosa oportunidad que agradezco a Jorge Mario Ochoa, su biógrafo, y de manera muy especial a su hija Aida Jaramillo. Es Blanca Isaza quien inaugura, con Cuentos de la montaña, la relación entre mujer y ficción breve en el marco geográfico del Gran Caldas.

Casi cincuenta años después aparece Alba Lucía Ángel con ¡Oh gloria inmarcesible! (1979). De esta colección de relatos he seleccionado “La doctora Lyuba”, en el que reconstruye nuestra tierra cafetera con problemas por el abandono del estado y a la vez, esa luz de esperanza que representan los médicos rurales. El cuento goza de esa vitalidad de Ángel derrochando imágenes y poesía en cada línea.

El próximo salto ya no es tan lejano. Ana María Jaramillo y su primer libro de cuentos Crímenes domésticos (1993). De él he tomado “Retratos”, una tragicomedia cinematográfica: lo absurdo de ciertas situaciones y la rapidez con que se suceden nos ponen delante de una gran pantalla mientras no paramos de reír.

En 1999 aparece el cuento de Susana Henao Montoya, “Una modelo para Alfonso Marín Hernández” publicado en la Revista Pereira Cultural de ese año. El humor sigue determinando la narración y esta mujer observadora que se inmiscuye en la privacidad del poeta tiene unas preciosas contradicciones sobre su propio comportamiento, para lograr una celebración de la poesía, del poeta y de la lectura de ambos.

En el 2008 apareció la novela de Cecilia Caicedo Versiones sobre Esteban. Si bien el eje narrativo se centra en las observaciones que Pedro Manrique hace sobre Esteban y lo que este significa como colombiano, la otra realidad es que cada capítulo puede leerse como un texto independiente. De ahí que tome la “Versión de Mercedes” para incluirla en la antología como una muestra de la narrativa de la Maestra de literatura que hemos tenido en Cecilia.

Cierro mi antología con un texto de Martha Gantier Balderrama, una poeta boliviana que pasó por la ciudad y en la que dejó varias jornadas de escritura, como el precioso ensayo sobre Las andariegas, el poema en prosa de Albalucía Ángel, y también varios relatos de los que decidimos quedarnos con “Amante” por su vuelo poético.

Cuando imagino el café berlinés desde el que Martha me envía la última revisión que ha querido darle a este texto, reconozco que la nuestra es una ciudad en la que las mujeres escritoras son aves de paso, la mayoría de las veces. Albalucía, ¿hace cuánto que no regresa? Ana María, ¿cuándo nos visitará de nuevo? Susana, ¿por qué aparece como autora quindiana si hace su vida aquí? Cecilia, ¿qué encontró para quedarse en esta Pereira -todavía una villa- al regresar de Madrid a Pasto?

Similar destino signa un grupo de cuentistas que reclama atención y con el que esperamos sumar nombres a la tradición del cuento. La profesora Diana Vela llegó del Perú hace más de diez años para vincularse a la academia UTP, después de su formación en USA. En el último número de Cuentos cortos para esperas largas uno relato contundente espera para conmovernos. Annie Montenegro viene del sur colombiano: nació en Popayán, con formación en Cali y en España, finalista en el concurso promovido por la Fundación La Cueva, ahora profesora rural en Marsella. Marciana Barros, artista plástica en cuyas alas volamos, lleva 20 años viviendo en Pereira desde que llegó de Magangué. Adriana Galvis Cardona, de Santa Rosa de Cabal, después de graduarse como licenciada en español y literatura ha recorrido la geografía del país como docente. El año pasado su cuento Alondra y el agua oscura recibió reconocimiento de la Secretaría de Educación de Boyacá en el concurso La pera de oro.

Pienso también en otras pereiranas que hacen parte de la escena editorial con la publicación de textos académicos y narrativos: Ana Lucía Cardona, ganadora de la convocatoria de ensayo en 2019. Paula Arcila, investigadora del patrimonio cultural y autora del texto Nabsecadas: un viaje al corazón de los Quimbayas. Diana Carolina Hidalgo, poeta que ha entendido la palabra como sanación y por eso la vemos alegre, convencida del poder que encierra la poesía, incentivando la lectura, al servicio de las comunidades. Cierro con Juliana Javierre, narradora que va proyectándose en la ciudad como un pilar literario por su acertado trabajo escritural.

Hago votos para que estas y las demás narradoras que aún no tengo el placer de leer sean editadas y reconocidas. Es lo que merece su pasión y disciplina en el cultivo de la ficción breve.

@JaiberLadino