LA ALEGRÍA DE LUCY

La más importante artista plástica de Pereira dejó una serie de obras de arte público en diferentes puntos de la ciudad. Sin embargo, algunas han quedado relegadas de puertas para adentro.

El 10 de octubre de 1920 nació en Pereira Lucy Tejada Sáenz, la mujer que 30 años después se convertiría en una de las artistas más importantes del país, y probablemente la más representativa pintora de nuestra ciudad.

Lucy dedicó toda su vida y su mundo al arte. Esa era su alegría.

Sus obras partían de la imaginación, conforme imaginaba daba trazos, y según su estado de ánimo, ella llenaba de color dicha obra.

Dentro de su trabajo relucen principalmente las mujeres y los niños, seres de ojos negros, muy profundos, con una estética detallista y contundente.

Un ejemplo de ello, pero en formato mosaico, es el mural La alegría de aprender, ubicado en el antiguo Club Rialto de Pereira (calle 17 con carrera séptima, esquina). Se encuentra en el tercer piso del edificio, justo a un lado de la luz que irradian las ventanas.

Antiguamente allí estaba ubicada la piscina y era el lugar de esparcimiento más frecuentado del club en sus años de funcionamiento.

El mural

El mural está dividido en tres momentos que describen un mismo sentido: las dimensiones en que los niños logran absorber el conocimiento, teniendo una sensación positiva para inmortalizar ese aprendizaje. Aprender jugando, es lo que nos dice la imaginación de Lucy, que alcanzó a ser inmortalizada en su obra.

Durante el 44 Salón de Artistas Nacionales realizado en Pereira, varias exposiciones se llevaron a cabo en las instalaciones del antiguo Club Rialto. El llamado arte contemporáneo rodeó cada uno de los fragmentos que configuran el mural, fue testigo de la música, de los visitantes, las obras y el café que de alguna forma lo hicieron salir de ese mutismo y el olvido al que está relegado desde hace muchos años.

Pero después del cierre del salón, el 14 de noviembre de 2016, todo volvió a la normalidad: una obra de puertas para adentro, clausurada al público.

Antes los diferentes locales comerciales que han existido en la edificación después del cierre del club, La alegría de aprender es tan solo un vestigio, un recuerdo de una época que ya fue, de un punto de gestación y encuentros de tanto momentos culturales y sociales de Pereira.

Ahora se encuentra solo, en un tercer piso deshabitado, con un poco de polvo, y a la espera de volver a ser observado.

¡Qué vivan los estudiantes!

Otro mural de Lucy llamado A los estudiantes caídos, desde hace más de seis décadas habita el parque de La Libertad. Evoca una metáfora de utopías: una plaza, acaso uno de nuestros puntos de encuentro más populares, que profesa la libertad como un estado natural del hombre y un mural que con la acción del silencio revela desde sus fragmentos esa petición que no cesa.

La petición es hecha por los estudiantes universitarios que alzaron su voz y que pidieron libertad de expresión para denunciar la dictadura de Rojas Pinilla, a mediados de los años cincuenta. El país aún recuerda los mártires asesinados por las tropas durante las marchas estudiantiles de 1954. Podrían ser los mismos que hoy se levantan para cuestionar la guerra, la corrupción, las arbitrariedades del poder…

Es un clamor que los ha avivado durante décadas: la lucha por el fin de las injusticias. Son estudiantes asesinados, encarcelados y desaparecidos que con la ilusión del cambio pedían, sin miedos, ser escuchados.

Con sus manos Lucy Tejada labró una obra original que ha perdurado en el tiempo, a la plenitud del sol y del agua, de los múltiples usos cotidianos a los que ha sido expuesta. Desde ser orinal pasajero hasta servir de soporte para vender productos o pasar la noche arropado tras su imagen, el mural ha pasado desapercibido en medio de las dinámicas propias que habitan el parque, uno de los más concurridos de la ciudad, y también uno de los más marginales.

El mural fue realizado en formato mosaico. Compuesto en tercios, está guiado con un lenguaje geométrico propio con el que la artista buscó representar en cada fragmento que conforma el mosaico a los estudiantes en pie de lucha, incesantes y con la convicción en el cuerpo.

Rodeado de palmas y árboles profusos, ha sido el testigo principal del paso diario de transeúntes y visitantes, también de todas las turbulencias que ocurren cuando la noche y la madrugada se apoderan del parque.

A comienzos del siglo XX, el parque acogía retretas musicales y movimientos obreros. Este mosaico ha quedado para recordarlo, como homenaje a ese pasado, a esa cultura, a esa voz de protesta.

Es, sin duda, la memoria gráfica que desde su lugar no nos deja olvidar.