Me agobian las mañanas cortas. Me despierto con el dolor del día metido en los párpados. Con jaqueca seca: de esa que uno cree ya no podrá liberarse en todo el día. La espalda pesa, la mano duele, el pene se ahoga en el bóxer y el culo aplastado pide libertad.

 

Por: Mateo Ortiz Giraldo

Para R.

Carboncillos sobre papel de Luis Caballero.

I

Se calma. No me ahogo. Pero igual, el aire ingresa denso. El tiempo me rodea. Corre tras de mí. Me cuestiona. Me alcanza un aroma a muerte. Viene de dentro. De mí. Emano el olor de las horas muertas a mi lado. Las vi caer, y no hice nada. Ni pensé en arrullarlas dulcemente mientras morían…

Xiu Xiu cala dentro. Sigue el frío. Ahora estoy solo. Me niego a aceptar que sigo aquí. Mejor, me acopio al rey de la tierra. Al king of earth.

Pienso que sería hermoso morir ahora mismo. En este bus. Oyendo “King of earth, king of earth” Xiu Xiu Fag Patrol (2006).

Ser el muerto anónimo que parece dormido. Llegar a la última estación. Allá en Maltería, donde aparcan los buses. Que llegue el conductor y me diga “Niño, niño” y darse cuenta que lo miran unos ojos vacíos.

Mirará mi cara. Buscará mi billetera. No habrá nada qué robar. Sólo tengo carnets y dos cédulas. No podrá hacer nada por mí… pues ya estaré metido en los suspiros de Xiu Xiu. Metido en A promise. O quizás siga repitiéndose Dr. Troll.

Fantaseo con eso. Por lo pronto, espero.

II

Me agobian las mañanas cortas. Me despierto con el dolor del día metido en los párpados. Con jaqueca seca: de esa que uno cree ya no podrá liberarse en todo el día. La espalda pesa, la mano duele, el pene se ahoga en el bóxer y el culo aplastado pide libertad.

Pero sigo tirado en la cama. Con los dedos hundidos en recuerdos, en sonidos del mundo que hace rato empezó a rodar. No logro sentarme para servir un poco de agua. O para hacer café. Solo estoy en cama, junto a él… que es la única parte rica de esta mañana recortada: porque puedo poner al pene asfixiado sobre sus nalgadas, o escuchar su tórax abriéndose en lugar de la vecina gritándole a su gato.

Detesto las mañanas cortas. Porque el día me inicia a las 2 de la tarde y para las 6 ya está destruido. Apocalipsis del reloj: horas que se van a la basura. Pero en medio de todo, no es tan malo estar tirado en la cama dura, porque él está sufriendo lo mismo o porque sus nalgas hacen menos cruel este afterworld que me sobreviene cuando me doy cuenta que no podré poner un pie fuera de la cobija porque hace frío, porque ya para qué… porque es más provechosa su compañía, así esté dormido y la mañana corta esté a un paso de volverse tarde y mi migraña a un paso de volarme los sesos.

III

El eco de la noche grita: el perro, la mano fría y esas estúpidas canciones de amor que la radio reproduce por docenas: Pimpinela, Leonardo Favio, Alejandra Guzmán, Jeanette y Tormenta.
Se mezclan. A este punto da igual que el perro ladre o que el vecino grite o que Camilo Sesto cante, da igual que el perro grite o el vecino cante o Leo Dan ladre.

Todo da igual, pues el eco ya se comió la forma del sonido y solo quedan los vestigios de  voces y formas dislocadas de lo que eran palabras o ladridos.

Mientras tanto. Seguimos aquí tirados. Recibiendo ese huracán con descuidada naturalidad. Tú, dibujando un mamarracho de labios sobre mis labios, yo mirándote directo al centro negro de tu ojos ocultos entre cabello crespo.

Le toca el turno a Juan Gabriel de ser parte de este caos de música: desintegrarse, hacerse uno con el grito del vecino o el ladrido del perro. El eco de la noche se come el tiempo, al tiempo se lo come la noche, yo me como la noche con tu mano pegada mis labios, los reales y los dibujados.

IV

Casa vacía.

Volver al momento cero. El espacio vacío. El piso limpio. El eco profundo. Expectante. Temeroso. Llego al mismo momento, un año y medio después. Justo eso: 18 meses. Muchos días. Total. Aquí estoy. En mi “casa”. El lugar que habité. El que poblé con mis inseguridades desde la hora en punto en la que llegué.

Cuando entré por primera vez… me emocionó: era mío. Mis padres podían pagarlo. Yo iba a estar tranquilo, por fin. Empaqué todo rápido. Lo de mi antigua casa. Libros, sobre todo: 189 en total. Había 13 bolsas, de esas negras para la basura. Literatura; ensayo, narrativa. Géneros y sus respectivos violadores. También ropa, poca. Un peluche que lleva conmigo toda la vida. Una mesa de noche. Un organizador. Una biblioteca (el mueble de una). La cama y su respectivo colchón. Claro, y mierda sin clasificar. Me mudé solo.

Hoy. Ya está todo vacío, de nuevo. Me fumo un cigarro, cosa que no hago hace meses. Parte de un ritual, me digo. Las paredes están sin cuadros. Pero tienen ojos, como R dice. Son los rotos que dejaron las puntillas donde colgamos los cuadros. Me fui. Esta vez no estaba solo. R y Daniela me ayudaron. Empacamos. 403 libros. En 9 cajas de cartón. Y lo mismo de la vez pasada.

Ah, y la cama con su colchón. El colchón sucio, manchado con el semen de ambos. Marcas antiguas. Digamos, arte rupestre de nuestra relación que pronto cumplirá también un año y medio. La casa y R son cercanos. Él es mi casa, claro. Pero esta casa fue la suya. Así, tenía dos lugares donde habitar: su cuerpo y este lugar de 5X5. Qué vaina. Hoy me voy. Ya. Pero me voy con él. Con R. Junto a mí y mis cientos de libros.

Limpié. Está todo como lo hubiese querido encontrar. Puedo verme haciendo café en la cocina. Puedo verle duchándose, con el chorro de luz roja iluminándole esa sonrisa filosa que tiene. “That Saturday night I was waiting for you…” canta. Lo veo. Nos veo follándonos. Eyaculando ríos. Llorando. Él poco, yo mucho. Él dormido, yo igual… enredado en sus brazos. Puedo sentirlo aquí. En la casa vacía. En mi casacuerpo que lo lleva dentro. Bien metidos los dos.

Ojalá que la persona que viva acá no tenga que sufrir con los fantasmas. La memoria que está pegada de estos muros. Espero que no queden vestigios de nuestra ira, porque se comerá vivo al próximo habitante. Se lo tragará sin piedad. Lo sé. A nosotros ya nos ha masticado. Espero que el próximo habitante, sea terco y pueble esta casita con su propia ira. Con sus propios cuadros. Con su propio sexo.

Me voy.