Un trago doble. Una mueca. Un ¡ah! Una lágrima. Una mirada que se pierde en el vacío. Basilio se fija en Ron, luego en mí. El segundo balbucea. Sus palabras son ininteligibles. Toma aire y dice claramente “me dijo que no regresaría conmigo, porque yo no era el otro, que el otro…”. Los jadeos no le dejaron continuar.

Por: Jorman Sebastián Lugo

 

Por: Conrado de Jesús Barrera Henao

Dibujos de: Conrado de Jesús Barrera Henao

El tintineo de las copas. Un trago de vodka. Fuego recorriendo la garganta. Héctor Lavoe y su Ausencia. Entonaciones estridentes van recorriendo las mesas. Rontulio pone su mano en mi hombro. Se acerca con torpeza, repitiendo arrítmicamente “…no importa tu ausencia/yo sigo esperando…”. Repite lo mismo varias veces, pero ahora señala a Basilio con el dedo índice.

Basilio no le presta atención. Prefiere mirar a la camarera que pasa por su lado. Hay socarronería en su mirada. Rontulio empieza a contar su historia. Los ojos se tornan llorosos. La voz se resquebraja de a poco.

—   Ay hombre, es que mire ¿por qué me dejó?

—   Quizá ya no encontraba nada nuevo.

—   Cómo no va encontrar…

—   Deja de quejarte. Bebe mejor.

Por: Conrado de Jesús Barrera Henao

Dibujo de: Conrado de Jesús Barrera Henao

 

Un trago doble. Una mueca. Un ¡ah! Una lágrima. Una mirada que se pierde en el vacío. Basilio se fija en Ron, luego en mí. El segundo balbucea. Sus palabras son ininteligibles. Toma aire y dice claramente “me dijo que no regresaría conmigo, porque yo no era el otro, que el otro…”. Los jadeos no le dejaron continuar.

Basilio sale, parece fastidiado. Salgo tras él. El viento recorre mi cuerpo con brusquedad. El cielo estaba nublado. Escondo mis manos en los bolsillos. Basilio fuma. El humo le sale por la nariz, porque no abre la boca. Me mira sin pronunciar palabra.

 

—   Me preocupa Ron –le digo.

—   No te preocupes por bobadas –. Sigue expulsando el humo por la nariz.

—   Pero míralo, está perdido… como si no tuviera esperanzas…

—   Ya se le pasará. No seas dramático. Eso siempre sucede.

—   Sí, pero es la primera vez para él.

—   También lo fue para todos y, míranos, aquí estamos.

Por: Conrado de Jesús Barrera Henao

Por: Conrado de Jesús Barrera Henao

El cigarrillo se consumía con cada bocanada. Basilio no se inmutaba, seguía firme y frío: imperturbable. El aire helado de la madrugada no lo afectaba. Sin embargo, seguía sumido en sus pensamientos, como si algo lo aquejara desde dentro. Entró. Se sentó al lado de Rontulio. Él lo abrazó. Le puso las manos en la cara, como quien suplica a otro por algo en específico. Basilio le quitó las manos de un empujón. Acto seguido, se sirvió un trago doble. Me miró fijamente. Sus dedos golpeaban la mesa. Ron se seguía quejando. Basilio se desesperaba. Otro trago más. No se quejó de lo flamígero del vodka. Se paró. Fijó su mirada en Rontulio y dijo: “Yo soy el que tiene lo que te falta”.