Aunque el Cuento es un género que alcanzó su máximo esplendor en el siglo diecinueve, en el siglo veinte no faltaron los maestros, todos del continente americano: Monterroso, Hemingway, Borges, Cortázar, Lispector.

 

Giussepe Ramirez (col)Por: Giussepe Ramírez

Quién no quiere escribir novelas por estos días. La novela es el género de nuestro tiempo. Es común el error de inscribirse en un taller de escritura de cuentos con el argumento de que este género permitirá abordar la escritura de una novela fácilmente. Nada más alejado de la realidad. Un teórico del Cuento sentiría una especie de punzada en el corazón, o estaría inmune después de escuchar tanto ese casete.

Metáforas sobre comparaciones entre cuento y novela hay muchas. La pugilística: la novela debe ganar por puntos, el cuento por K.O. La gráfica: la novela es una curva que toma cualquier forma, el cuento es un círculo. La aeronáutica: la novela es como un avión que despega en sentido horizontal, el cuento es como un helicóptero que despega en sentido vertical. La de imagen según Cortázar: «la novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un “orden abierto”, novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación.»

Aunque el Cuento es un género que alcanzó su máximo esplendor en el siglo diecinueve, en el siglo veinte no faltaron los maestros, todos del continente americano: Monterroso, Hemingway, Borges, Cortázar, Lispector.

El cuento es precisión en estado puro. No es exagerado decir que a un buen cuento no le sobra una palabra. La novela permite divagaciones, zonas grises que no atentan con la calidad de la composición. Mucho más fácil escribir una buena novela que un buen libro de cuentos.

El cuentista tiene las riendas de todos los personajes desde el comienzo, ninguno puede escapar a su voluntad. Los personajes no se convierten en dioses como en la novela. El dios en el cuento es el autor (aunque muchas veces el cuento le venga como mandato de una fuerza exterior). En la novela los personajes pueden tomar vuelo, características que el autor no imaginaba desde el principio.

Hay que entender que el Cuento y la Novela son dos géneros que no comparten muchos rasgos. Van por caminos distintos. En la fauna literaria podemos encontrar grandes cuentistas que son malos novelistas, y viceversa. Pocos logran la maestría en los dos géneros.

En fin, si se quiere aprender a escribir novelas, no es recomendable participar en un taller de escritura de cuentos. Más provechoso sería dedicar ese tiempo a leer buenas novelas, a conocer los escritores del canon. Si se participa en un taller de escritura de cuentos es porque se quiere aprender a escribir cuentos, en últimas porque se quieren leer buenos cuentos, porque un taller de escritura siempre será un taller de lectura.

Finalmente me gustaría compartir una pequeña lista de cuentos que me han tocado profundamente. Una lista caprichosa por supuesto, donde quedará por fuera un gran número de cuentos excelentes:

  • Bartleby el escribiente – Herman Melville
  • Cualquiera de Borges
  • Cualquiera de Poe
  • Casa tomada – Julio Cortázar
  • El espejo – Haruki Murakami
  • Campamento indio – Ernest Hemingway
  • Gato bajo la lluvia – Ernest Hemingway
  • Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio – Alice Munro