A modo de despedida

No es esta carta un memorial de agravios, momentos de dicha o agradecimientos a diestra y siniestra. Es imposible por la infinitud de lo que me definió como lo que voy a dejar de ser. Mi insignificancia me hace depender hasta de la estrella más débil. El universo me tuvo cogido de las pelotas todo el tiempo y esta no es la excepción.

 

Por: Giussepe Ramírez

No sé si el mundo estará mejor después de que yo muera. Y digo mejor no porque yo deje de existir, sino porque el bien triunfe y todos estén contentos viviendo en este planeta. Realmente lo dudo. Para que el mundo sea perfecto hace falta una gran cuota de dolor. Por eso parto, porque yo no estoy dispuesto a aportar un poco de mi dolor y se me hace indigno vivir así. Además de la indignidad también me voy a tomar estos barbitúricos por confort y valentía. Suicidarse tiene ambos ingredientes y no viene al caso entrar en debates filosóficos. Quisiera poder desintegrarme para que no tengan inconvenientes con mi cuerpo inerte. Pero no puedo, y lo menos incómodo que les puedo decir es que hagan con él lo que se les venga en gana. Vélenlo, crémenlo, láncenlo al espacio como sonda; hagan los rituales que a ustedes les parezca (por mí, que no hagan nada porque no voy a poder disfrutar de la fiesta, pero ya que voy a dejar de tener voz y voto entonces adelante, al aquelarre, a la olla del sacrificio). Por favor no le paguen mucho al cura o al pastor, si es posible no le paguen a nadie, yo ya no voy a tener valor alguno, gasten el dinero en bebidas que les hagan soltar la lengua y los ponga a hablar de mí; chismoseen, armen el cotilleo más hijueputa.   

No es esta carta un memorial de agravios, momentos de dicha o agradecimientos a diestra y siniestra. Es imposible por la infinitud de lo que me definió como lo que voy a dejar de ser. Mi insignificancia me hace depender hasta de la estrella más débil. El universo me tuvo cogido de las pelotas todo el tiempo y esta no es la excepción. Pero bueno, por no dejar sin nombrar a alguien, voy a agradecerle a don Simón, el dueño de la droguería que tan amablemente me ha facilitado ponerme en los brazos de Morfeo sin mucho berembembén y a lo que vinimos, vamos; y a lo que truje, truje…Tranquilos, todavía no he empezado a tomar nada. No lo vayan a acusar. Aunque en este país esté prohibida la eutanasia, don Simón lo que hace es caridad y ahorrarle un poco de dinero a mis papás que todavía me mantienen y si no me voy perderán unos cuantos pesos más en mi manutención.

Mi último deseo es tener unos pies hermosos de mujer en mi cara para poder lamerlos y llevarla al orgasmo con un masaje podal. Pero lo que tengo a la mano es mi mano y mi miembro, entonces me entregaré al último placer de esta vida terrenal, la única. O no. Quizás después tenga vida en sus recuerdos, pero ustedes pondrán palabras en mi boca que yo no he dicho, o tendrán una vaga imagen de lo que fui y así no me interesa vivir, quedaría dependiendo de lo peor de lo peor. En fin, voy al baño.

Ya volví. Pensé en varias mujeres mientras estaba adentro: las que me desdeñaron, las que coquetearon un poco, las que me dejaron iniciado y las que me lo dieron. Tienen que estar orgullosas por hacer parte de un pensamiento tan sublime en la última hora.  Siempre quise preguntarle a alguna de las que ‘disfrutaron’ conmigo qué tal era yo como amante. Pero es más sano llevarme mi autocrítica y morir feliz. Sinceramente creo que era bueno cuando me lo proponía. Si no me apetecía, lo que ofrecía era lo más bajo en la escala sexual y hasta en la escala de valores. La mujer encima de mí, o abajo, se convertía en un monstruo carente de gracia y un receptáculo de placer. Créanme que es bastante difícil tener sexo con una criatura así. No me voy a disculpar.

Ahora algo más importante que lo anterior: la banda sonora de la muerte. Ian Curtis escuchaba el álbum ‘The idiot’ de Iggy Pop cuando se colgó en la cocina. Kurt Cobain escuchaba ‘Automatic for the people’ de R.E.M cuando se voló los sesos en el garaje. ¿Qué escucharé yo? Es difícil. Lo ideal sería el primer álbum de The Doors, o poner a sonar indefinidamente su canción ‘The end’. Pero por estos días estoy obsesionado con un trabajo en especial: ‘Indigo meadow’ de The black angels. Será este último entonces. Que asciendan los ángeles negros y me lleven a su morada.

Yo me pondré el pijama, beberé unas cervezas junto con las pastillas, pondré a sonar ‘Indigo meadow’ y me recostaré sobre mi cama. Haré lo posible para que me encuentren con una sonrisa siniestra en el rostro. Me voy a burlar de ustedes. Los ojos los cerraré porque me parece aterrador irme viendo este desastre.

Lo último que me va a apasionar es escribir esta carta. Ya nada más lo hace. A diferencia de otros suicidas yo sí dejo carta porque me gusta escribir, aunque en últimas no diga nada, aunque no les dé el santo grial de la felicidad o la infelicidad. Me iré con la luz del sol sobre mis párpados y me encontrarán con mis dientes blancos sobre la tenue oscuridad del ocaso.

@animalmoribundo