Hoy estamos viviendo esa quietud después de la tormenta que provocó la protesta social y la gran pregunta que debemos hacernos es ¿y ahora qué?

 

Por / Camilo Andrés Delgado Gómez

Desde finales del año pasado, especialmente durante los últimos 20 días, comenzó una interesante, aunque inútil discusión, sobre si la nueva década iniciaba o no este año. Académicos e historiadores dieron su opinión; e incluso la RAE –como si tuviera alguna autoridad más allá de la tradición– dijo que las décadas inician en el año 1, así que la siguiente comienza en el año 2021.

Para algunos la discusión tiene relevancia ya que se cree que con una nueva década inicia también una nueva etapa de la existencia, tanto de cada individuo como de la sociedad en su conjunto. Sea cierto o no lo anterior, o si inicia o no la década, lo que sí se puede afirmar sin lugar a dudas es que para Colombia y América Latina el año pasado será recordado como el inicio de un nuevo momento histórico.

Este momento, entendido como un proceso complejo, ha sido denominado –con algo de ingenuidad, aunque no por eso sin realismo– como “una primavera latinoamericana”. Personalmente el nombre no me parece el indicado, pero sí que lo es para representar los cambios que ha vivido la región. Estas transformaciones, aunque sean más mentales que materiales, nos permiten enunciar el inicio de la nueva era.

Lo anterior, creo yo, es indiscutible para quien intenta ver la realidad con algún atisbo de objetividad. Sin embargo, viendo del mismo modo lo que ha sucedido en los últimos días, es decir, a algo menos de dos meses del inicio del paro en Colombia, parece también cierto que el paro está paralizado.

Me explico: después de lo que se vivió en Cali el 21 y en Bogotá el 22 de noviembre –que el profesor Mario Bernardo Figueroa denomino muy elocuentemente “la noche del miedodio” –, se sobrepuso en el país la gallardía de unas mayorías democráticas (es decir, pluralistas) que demostraron que es posible marchar y protestar en paz. Este proceso tuvo su culmen el 8 de diciembre con el concierto “Un Canto x Colombia”. Luego de este, casi como si hubiéramos vivido un proceso de catarsis, todo se calmó.

Hoy estamos viviendo esa quietud después de la tormenta que provocó la protesta social y la gran pregunta que debemos hacernos es ¿y ahora qué? La respuesta, simple y complicada a la vez, es retomar las protestas y seguir en paro, es decir, retomar la tormenta que con esfuerzo comenzó el 21 de noviembre del año pasado.

En otras palabras, aprovechando el deseo inconsciente de cambio que tienen los colombianos, hay que seguir presionando al gobierno y el congreso para hacer las reformas que necesitamos como país. Necesarias no solo porque este es un proceso ya maduro, sino también porque, como vimos en Bojayá, la guerra puede volver a surgir, y lo está haciendo de a poco ante nuestros ojos.

Y es que Bojayá, ese querido pueblo que ha sufrido como ninguno la guerra eterna en la que ha vivido el país, no debe ser solo el justificante de lamentaciones y de muestras de indignación en redes sociales, sino que también debe ser el motivo más grande por el cual exigir un cambio en el país hacia una nación mejor que, para serlo, debe estar en paz. Por la paz es que debemos seguir luchando, pues no podemos permitir que este país viva otros doscientos años de violencia.