En su recorrido, los profesores nos recuerdan que en la historia de Colombia la corrupción, la violencia, el clientelismo y el fraude no han sido exclusividad de uno u otro partido.
GUSTAVO COLORADO IZQPor: Gustavo Colorado G.

Finaliza la segunda década del siglo XX. El mundo todavía no se recupera de la devastación de la Primera Guerra Mundial y ya se anuncian los vientos de la segunda. La crisis económica golpea en todos los frentes, dejando a su paso quiebras y despidos.

En Colombia el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez hace agua por todos los costados. A la corrupción y la crisis económica se suman la reacción por la masacre de las bananeras y el asesinato del estudiante Bravo Pérez. Como si no bastara con eso la jerarquía católica, que es en realidad la que escoge los candidatos conservadores, no se decide por uno de los opcionados y eso conduce a que el partido llegue dividido a las elecciones de 1930. Guillermo Valencia y Vásquez Cobo participan en la contienda cada uno por su lado. El partido Liberal aprovecha ese momento y alcanza la presidencia del país en cabeza de Enrique Olaya Herrera. Se inicia así un periodo de tres lustros bautizado en la historiografía con el nombre de República Liberal. En esa tónica, la propaganda de este partido presentó los gobiernos de Olaya, López Pumarejo y Eduardo Santos como un intento de ubicar al país en las grandes líneas de la modernidad: democracia, industrialización, libertad de cultos, educación laica y libertad de expresión. Según ese modelo, los liberales representaban la parte transformadora luminosa, mientras a los conservadores les correspondía el rol de heraldos de la reacción y la oscuridad.

Pero las cosas no son tan simples. En la práctica, todo tiene sus claroscuros. A rastrear esos matices y exponerlos al análisis dedican los historiadores John Jaime Correa y Álvaro Acevedo las  seiscientas páginas de su libro Tinta Roja: prensa, política y educación en la República Liberal, publicado por la Universidad Industrial de Santander. Para conseguirlo se enfocan en los contenidos de los periódicos Vanguardia Liberal de Bucaramanga, orientado por Alejandro Galvis Galvis y El Diario de Pereira, dirigido por Emilio Correa Uribe.

En su recorrido, los profesores nos recuerdan que en la historia de Colombia la corrupción, la violencia, el clientelismo y el fraude no han sido exclusividad de uno u otro partido. Al contrario, el seguimiento a las páginas de las dos publicaciones y su contraste con los equivalentes conservadores desnuda un mundo de paradojas en el que los dos movimientos políticos se acercan o se alejan, dependiendo de los intereses en juego.

Soportado en un amplio contexto del país y de las dos regiones en que tuvieron influencia los periódicos estudiados (Santander y Caldas) el libro Tinta Roja nos aproxima a una realidad marcada por un intento de modernización basado en la escuela, la infraestructura, la industria y la lealtad al partido, en permanente choque con la realidad de pobreza y atraso en la que sobrevivía la mayor parte de la población. Asuntos como las vías, la construcción de establecimientos educativos, la formación de los maestros y la mecánica electoral eran objeto de constante abordaje por los editorialistas de Vanguardia Liberal y El Diario, en tanto sus dueños se sentían investidos de una misión : transformar la sociedad. Y eso implicaba atraer a una comunidad falta de educación a las filas de un partido, que según ellos, era el único capaz de llevar a buen puerto a un país atrasado y maltrecho por medio siglo de dominio conservador.

Quien hurga en las grietas de la historia puede a veces descifrar el pasado y sospechar el futuro. Los autores de Tinta Roja, al tiempo que desvelan la estructura del poder político en tiempos de la República Liberal, nos dan algunas claves para entender lo que vendría después: la guerra civil conocida como La violencia, cuya estela de sangre y horror hemos padecido varias generaciones. Personajes como Laureano Gómez, Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras Camargo y Jorge Eliécer Gaitán, que marcarían con su quehacer político la historia del país en los siguientes cincuenta años, aparecen una y otra vez en las páginas de Tinta Roja como símbolo y resumen de esos años cruzados, como los de ahora, por aguas turbulentas.

PDT. Les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada