Puede que el tema canse, que la reiteración aburra, pero qué hacer si las mujeres –que somos un poco más de la mitad de los seres humanos en el mundo– seguimos padeciendo sin tregua la violencia machista.

 

Por: Gloria Inés Escobar

Por más que quiera poner mis ojos en otro lado, la realidad de la violencia contra las mujeres no deja espacio para otra cosa.

Puede que el tema canse, que la reiteración aburra, pero qué hacer si las mujeres –que somos un poco más de la mitad de los seres humanos en el mundo– seguimos padeciendo sin tregua la violencia machista.

Les invito a dar una pasada rápida por algunos acontecimientos recientes que evidencian cómo el poder del hombre es ejercido para maltratar a las mujeres.

En Sudán, país situado al noreste de África, un tribunal “ha condenado a muerte a una adolescente de 19 años acusada de haber matado a su marido, quien estaba intentando violarla. Noura Hussein Hamad se casó con solo 16 años, cuando su padre la obligó a contraer matrimonio con su primo, Abdulrahman Hamad. El hombre la había forzado con anterioridad, valiéndose de la ayuda de varios familiares, que sujetaron a la joven mientras él abusaba de ella”.

En Argentina, en la provincia de Salta, una niña de 10 años quedó embarazada tras dos años de violación continua por parte de su padrastro. “El caso salió a la luz cuando la madre de la niña la llevó a un hospital público por dolores abdominales. Cuando los médicos constataron el embarazo de 21 semanas, la niña confesó que era violada por su padrastro”.

En España la tuitera @anisbaron cuenta la experiencia de su madre: “Déjame, no quiero saber nada más de ti, olvídame, esto ha terminado. Dos semanas más tarde, asesinada a manos de su expareja. Lo cuento yo porque mi madre ya no puede”.

En nuestro país el coronel Oscar Efraín Pinzón Moreno, quien se desempeñaba como comandante Departamento de Policía Huila, ha sido denunciado por acoso sexual constante contra una patrullera de la Sijín. Ana Milena Cruz Rayo asegura en su acusación formal que el oficial, tanto personalmente como con mensajes por de WhatsApp, “le vivía haciendo todo tipo de insinuaciones” que lo descalificaban totalmente.

En Pereira, en este mes de mayo, uniformados de la Sijín capturaron al médico Iván Alberto Isaza Rodríguez, quien fue señalado de haber agredido sexualmente a tres de sus pacientes cuando las atendía en una consulta de medicina general.

Lo que hay de común en todos estos casos, además de la violencia contenida, es que sus perpetradores son ¡ah sí, hombres muy machos! Son hombres muy guapos, muy valientes bajo el techo protector de la religión y de los dioses que han creado a la medida de su conveniencia; o bajo el manto de la disparidad de fuerza, edad y experiencia entre ellos y sus víctimas; o a la sombra que da el poder de las armas; o bajo el cobijo del poder jerárquico que los protege.

Sí, todos ellos son hombres muy poderosos, aunque sean enclenques, letrados o iletrados, ricos o pobres, viejos o jóvenes, y lo son porque el machismo de la sociedad los hace grandes y arrojados, los hace superiores a las mujeres, los convierte en los dueños de las vidas de éstas, en sus amos y señores.

Son muy machos solos, pero sobre todo cuando andan en manada.

Son muy machos especialmente en la casa o en la oficina o en la fábrica o en el consultorio… en los espacios cerrados donde tienen pleno control.

Son muy machos particularmente con las niñas, las empleadas, las pacientes, las subalternas, las que no tienen nada… con las más vulnerables.

Para lo que sí no resultan muy machos es para aceptar un NO y para atacar a alguien en igualdad de condiciones.

¡Ah, machos!